lunes, 12 de enero de 1970

Mapa Autobiográfico de las Actas de Meditación

Última actualización: Domingo 7 de Agosto de 2014

[Post en permanente e indefinida edición; paulatinamente iremos, entre otras cosas, agregando los links necesarios en relación a la mayor cantidad de otros posts relacionables. Eso sí quiero dejar en claro que es imposible relacionar de un modo bi-unívoco, por cuanto hay hechos que se abren hacia muchos textos, como también hay textos alimentados por más de una vivencia]

 En "bordeaux" los textos incorporados últimamente...

  
1) ARCO DE TIEMPO

Introducción; 1967-2008
Como si todo se desentrampara, los recuerdos se avienen en progresivo detalle, cuando caminamos el presente y contemplamos la distancia aparente del pasado. No hay proporción ni medida capaz de ver con la misma mirada mi presente, en relación a las imágenes dispersas de las décadas pasadas. Sin más me rindo a mi testimonio. No soy más, ni mucho menos, que aquello que leerán a continuación, testimoniando una vida más de astrónomo que de astronauta.

Chile, a la pasada, 1970 a 2008
Suele estar definida la vida en la suerte del que pasa a lo largo del eje central de un camino que se extiende persistente por quebradas y valles de pequeña escala, siempre señalados por la cruzada tensión del persistente camino a la costa. Somos mar que se abre o se niega, pero siempre atrapados por la latente presencia de la extensión oceánica, que desgrana sus aguas cordilleranas preliminares en la costa amarilla del norte y la costa grisácea del sur, cuando dejamos la costra de destiempo y temporada, sesgados por el tiempo de tránsito y desgaste montañoso a lo lejos, como si solo fuera eternidad aquello que deja atrapar la blancura de una garza migratoria, pernoctando en el roble americano de cualquier avenida arbolada de la depresión intermedia consonante. Estamos solos en este país, pletórico de escala disminuida, en su extensión retenida por el paso de un aire norte-sur que nos acongoja desde nuestra estadía suspendida por su paso de pomposa y sosegada procesión. Chile es aquello que suele dejar su huella por milenios en cada roca horadada por la gota persistente del suelo febril de aquellos temporales abruptos y desencajados, en atolondrado portento de gigantismo contrahecho, por decirlo de otro modo. Así somos en nuestros pasos costumbristas y distantes, vertidos a la otra falda del otro cerro que desagua en el valle vecino, visto siempre como el vergel que no tenemos y ante el cual lo nuestro se ensombrece y se conforma. Chile se destempla y esa es su suerte y su consuelo. No hay más que aquella arrojadiza cuerda permanente entre lo que nos ata y nos libera. Indígenas o afuerinos, atrapados en nuestra situación de cruzada formación y longitudinal propuesta extemporánea. Siempre del valle al otro valle y de aquel hasta el mar. Siempre así, breves y discretos.

Santiago 1967
Doce de Enero de mil novecientos sesenta y siete comienzo a respirar por mi cuenta, entre las luces del quirófano de una clínica llamada San Pancracio, en el centro de la ciudad de Santiago, vigilado por mi abuelo, médico asistente de aquel evento, empapado de sudor. Mi padre, según me cuentan se fumó todo lo que tuvo al alcance de su mano, nervioso a más no poder. Era un hombre joven, delgado, algo rubio y evadido acaso de las minucias de la vida. Cuan erróneas se me presentan estas circunstancias, nacido por cesárea y tardíamente avenido, con algo de sufrimiento fetal. Podría ser por estas causas que mi comportamiento siempre ha sido bastante inquieto distante, y desconcentrado, decían, digo, ¡qué se yo!, si al final nada está claro en estas cosas; único hijo, previo a dos pérdidas explícitas posteriores de mi madre, Mónica Eugenia, pude ser el único sobreviviente de acaso tres o cuatro intentos serios de embarazo, ella, matrona, como decía humorísticamente mi viejo, resultaba compleja y problemática en sus partos y concepciones propiamente tales. Heredé de ambos una extraña mezcla de exagerado temperamento y distracción elocuente, cosa que a lo largo de los años se ha ido, como que no quiere la cosa, suavizando y atenuando, más por el cuerpo que, se quiera o no se quiera, envejece y adopta la pausa del gesto cansino del hombre maduro, ahora que ya comienzo a peinar un par de canas en las sienes. El resto de mi vida que recuerdo desde las referencias de mi nacimiento, de las cuales por cierto que no atino a visualizar, se atienen a una mezcla de imágenes difusas, completadas por señas verbales y fotografías dispersas entre mis familiares.

Viña del Mar 1968
De mi primera estadía en Viña del Mar, recién nacido, solo tengo señas completadas por la que fuera mi posterior vida en esa ciudad. Tras una llegada breve al cerro Polanco de Valparaíso, viví con mis padres en Seis Norte casi esquina Tres Poniente, una vez avecindados en los altos de una casa que hasta el día de hoy colinda con un taller mecánico de un tal Señor Espíndola. Por varios años, esta vivienda en segundo piso ha estado ocupada por una tienda de artículos de decoración, y hace como cuatro años entré ahí con mi viejo, quien me mostró las piezas donde vivimos, el pequeño pasillo donde mi bisabuela tomaba el sol de la tarde, la pieza donde estaba mi cuna, y las demás pequeñas dependencias de aquel departamento sencillo. De ese tiempo provienen las referencias del primer embarazo tubario de mi madre, que la tuvo al borde de la muerte. Una vecina de apellido Harcha, dentro de lo que fuera la absoluta distracción de mi padre, ingeniero civil hoy por hoy, ante los evidentes efectos de la especie de anemia aguda que consumía a mi madre, supo hacerle ver que si no se la llevaban pronto al hospital moriría. Y así, entre mis alaridos, aferrado a sus barrotes, desde la cuna que hasta el día de hoy existe, se llevaron a mi madre, supongo que al Hospital Gustavo Fricke de esa misma ciudad, donde por fortuna pudo reponerse, a cambio de un proceso de transfusión de sangre que podría haber dejado el germen de la Leucemia Linfoma que posteriormente le pasó la cuenta, cuando sumamente estresada y en forma voluntaria asumió la hospitalización de mi abuelo, ya anciano y el parto de mi prima, en el mismo hospital aludido, donde terminara sus días de trabajo y enfermedad en el mes de Junio mil novecientos noventa y ocho. No es casualidad que esa tensión hiciera que aquel cáncer la tomara de sorpresa, haciéndola padecer dos meses y medio de enfermedad fulminante.
Tales arcos de tiempo, algo avenidos al presente y cerrados en los hechos referidos, encierran gran parte de mi vida de niñez y juventud.

Santiago, Barrio Independencia, 1969
Mis recuerdos autónomos y preliminares son de Lastra once treinta y cinco, en la comuna de Independencia, donde vivimos inicialmente cuando mi vieja decidió sacar su título de Matrona, interrumpido anteriormente por una gran calumnia que le afectara en sus años de estudio, que la hicieron abandonar su carrera y casarse. Cursaba obstetricia en la Universidad de Chile y fue culpada de unos robos que nunca fueron demostrados fehacientemente. Era vulnerable de carácter, se veía frágil y puede que tales circunstancias la hayan dejado ser pasto de la calumnia. Sus padres, mis abuelos no supieron apoyarla en su debida oportunidad, lo que perfectamente podría haberle provocado el tomar decisiones extremas. Tuvo el apoyo de su abuela materna y de su hija, la tía Ludgarda. Alojó con ellas pasada la debacle. Por cierto que mi padre estuvo con ella en tales circunstancias. Ambos debieron a posteriori completar sus estudios. El caso de Mónica fue más temprano, aún era yo un pequeño cuando volvió a la Universidad. La efectiva causante de los desaguisados de la escuela de obstetricia fue sorprendida en su debido momento, comprobándosele todos los cargos y acciones que le fueran imputados a mi madre. Mi vieja fue invitada a reiniciar estudios, cosa que hizo con un retorno a Santiago de los tres, a la casa de mis abuelos, de donde tengo mis primeros recuerdos, entre los tres y cuatro años. Uno de tantos es la nevazón ocurrida entre mil novecientos sesenta y nueve y mil novecientos setenta. Dormía en el segundo piso de la casa cuando mi padre llega a mi cama con un plato con nieve de los techos del barrio Independencia; nunca más ha vuelto a ocurrir aquello. Otro recuerdo es el pésimo gusto de la leche con cereal que intentaron darme a probar, con el consiguiente rechazo instantáneo, en una pieza penumbrosa del segundo piso sobre la misma cuna ya referida anteriormente. Otro; una película algo humorística relacionada con brujos, caballeros feudales y castillos, de la cual tengo extraños recuerdos que hasta el día de hoy me siguen y sorprenden en momentos insospechados, en blanco y negro llegan a mí estas imágenes que podrían haber sido, acaso un sueño de niño, mezclado con alguna referencia televisiva que no pude determinar con exactitud. Sin perjuicio de aquello, la trama es una especie de concatenación de escenas fantásticas, donde se transfiguran bajorrelieves de un castillo, que se transformaban en personajes de carne y hueso, brujas torpes y torpes conjuros, en una suerte de maraña de sucesos fantásticos y desarrollados en un continuo de quejidos, persecuciones, maldiciones y aparecimientos de los cuales no tengo sino gestos e indescriptibles alusiones confundidas, repito, entre la duda de si lo recordado es sueño o realidad. Estudié en un Jardín Infantil llamado Santa Teresita, por ese mismo barrio, hasta que fui retirado del mismo cuando mi viejo escuchó, por la ventana exterior que la profesora estaba increpando al curso por el desaparecimiento de algún útil de estudio de mi pertenencia; “¿Quién fue el ladrón que le robó a Sergio su sacapuntas?”. Mis padres decidieron de inmediato retirarme de aquel lugar que aún existe, administrado por monjas. Tengo fotos de ese establecimiento, más parecido a un convento que a una escuela propiamente tal. Es especial, las salas eran altas y oscuras, yo debo haber estado cursando el prekinder, y así y todo nos sentaban en mesitas como si fuéramos alumnos regulares de cursos superiores. La profesora era una mujer de edad avanzada y tenía el pelo cano, una Virgen María regía el patio, donde alguna vez jugamos a robarles besos a las niñas; era un establecimiento mixto. También recuerdo el día de la fotografía personal; nos sentaban en un pupitre y nos hacían simular que estábamos estudiando, con artículos ad-hoc como ábacos y otros similares. La escena más fuerte que tengo en la memoria es de cuando jugaba a girar sobre mi propio eje vertical, con el bolsón de cuero tomado del tirante, para soltarlo y hacerlo volar por los aires, hasta que caía y se alejaba arrastrando por el suelo, para posteriormente ser retado por mi viejo que me hizo ver que no podía tratar así las cosas con las que estudiaba. Del viaje a Mendoza, Argentina, de mis padres, recuerdo su regreso, con autos de fricción, uno de carrera formula uno y otro parecido a un Impala sesenta y tres, de color verde o celeste de lata, que me gustaba mucho, y con el cual jugué por varios años hasta que, por cierto, terminé desarmando para ver lo que había dentro; como todos los “tin toys” estaba fijado con lengüetas del mismo metal, que fueron cediendo una a una. Del Jardín Infantil al cual me cambiaron tras el suceso aludido, recuerdo el patio y su ubicación, próxima a la actual municipalidad de Independencia, en lo que fuera anteriormente, y acaso durante aquellos años, un Liceo o una escuela de aspecto antiguo, que hoy por hoy creo que es ocupado por una distribuidora de aves de corral o algo parecido. En ese jardín conocí lo común a esa edad, que es más jugar que estudiar, con juegos en el patio pequeño, de una vivienda adaptada para tales fines.
  • Mil novecientos sesenta y nueve fue el año en que el hombre llegó a la Luna. Presencié ese evento en la misma casa de Lastra, sentado en una pequeña silla, mirando el televisor blanco y negro, ubicado en el hall de distribución del segundo piso de la casa, junto a mi viejo y otras dos o tres personas. Me contaban que estuve en absoluto silencio y quietud (extraño en mí) durante casi toda la transmisión, que fue bastante larga. En el mismo hall solía instalarme a ver "Combate", una liviana serie de televisión de esos años, que trataba de las aventuras de una tropa de soldados de la Segunda Guerra Mundial; disfrutaba la serie tendido en el piso, con trincheras y metralletas elaboradas por mí, con un juego de palos y piezas de madera compradas por mi viejo. 

     
Santiago 1970
El caso de mi Padre y sus estudios es más variado, se inició estudiando Química Industrial en la Universidad Técnica del Estado, acaso en las dependencias de la antigua y gloriosa escuela de Artes y Oficios; de esos años y los posteriores, donde siguió tomando ramos para titularse en ingeniería. Tengo recuerdos de haberlo acompañado a sus recintos. Una anécdota; andaba recorriendo el entorno del aula donde estaba en clases, y cuando me asomo a mirarlo por ventanas de la partes posterior, sus compañeros me dicen que grite “correcto, correcto” hacia el interior, pues lo hago, sin saber que estaba remedando al profesor. El bochorno fue importante. Otra anécdota; tenía como tres o cuatro años y mi viejo hacía la práctica profesional en la Enap, que ya se comunicaba remotamente con Punta Arenas u otras latitudes con transmisiones de datos. Se descuida mi viejo y yo me pongo a apretar botones de unos lockers que contenían no me acuerdo si cintas o tarjetas que contenían las rutinas de intercambio de los computadores aquí y allá, con datos esenciales para el funcionamiento de la Empresa misma. Llega la hora del intercambio de rutinas de programación (es mi lenguaje, no el más adecuado) y estaban cerrados los lockers; recuerdo a mi viejo corriendo por los pasillos desesperado mientras unos pericos lo palabreaban "al respecto"; después yo, sentado en una oficina escuchando lo que me decía mi pobre padre; que me quedara tranquilo, que no tocara nada y que por Dios no saliera de la oficina o me iba a sacar la cresta. Don José Sergio Meza Tirreau fue un alumno excelente. De un conocido que hice en Rengo hace un par de años, que compartió quehaceres con él en la Enap de Concón, tengo la versión de que era medio superdotado intelectualmente, siempre hablando de materias y temas matemáticos que, de alguna manera, resultaban nuevos para sus colegas. Distraído como el típico arquetipo de intelectual, se la jugó para que su hijo único tuviera de donde beber culturalmente. Me tapó, y ahora sigue tapando a sus nietos, de libros o juguetes que consideraba interesantes; no recuerdo que me comprara mucha literatura, pero sí muchos libros de divulgación científica, filosófica y técnica, además de juegos de ladrillos, tarugos y partes con las cuales armar cosas creadas. Recibió su título años después de casarse (dejó su carrera por lo mismo) para solidarizar con mi vieja en aquel lamentable evento que ya les contara, que la verdad tuvo una educación demasiado estricta de mis abuelos, que casi no la dejaban respirar. Hablamos de otra generación, de hace más de cincuenta años atrás. Mi padre, hoy por hoy es ingeniero químico, y en la actualidad se dedica, en uno de sus cambios radicales de actividad, a la literatura. No compartimos experiencias en esto, sin perjuicio de saber que escribo tanto, y tanto más publico. Es raro, pues no solo mi padre, sino que además la mayor parte de mis amigos más cercanos y más queridos actúan igual conmigo. Juegan a ignorar este quehacer que me consume por momentos, y nunca abarcan temas relacionados. Se ponen nerviosos, sonríen irónicamente, entorpecen sus conductas y desaciertan en sus comentarios. Algo que en verdad guardaré con mucha pena es este desconocimiento voluntario que todo mi grupo más próximo hace. Por momentos me siento casi despreciado por haber apostado a esta actividad, no remunerativa. Pueden haber muchas razones para esto, pero todas ellas (y he recibido varias) apuntan a lo mismo; con suerte silencio absoluto; girar la cabeza y mirar hacia otra parte, y por momentos burlas, ironía, molestia y desdén elocuente. Tengo que tener una vocación muy fuerte como para estar escribiendo por décadas sin recibir más que un par de gestos explícitos a favor en todos estos años. Debe ser que la fuerza que me impulsa no tiene que ver con la aceptación. Sí, tiene que ser eso.

  • En todo caso, hay varias cosas que asumí por influencia de mi padre. Una de ellas es la proximidad que tengo con los cementerios. De chico me llevó al General, ubicado hoy por hoy en la comuna de Recoleta; allá están sepultados varios de mis parientes, pero al que más visité de niño fue a Don Ernesto Meza, químico farmacéutico de profesión que desarrollara sus labores en la Central de Leche Chile. No alcancé a conocerlo. El tema "fúnebre" propiamente tal es todo un caso; Don José Sergio Meza dice ser discípulo (esto es en tono humorístico) de uno de sus tíos; Antonio Tirreau, funcionario de ferrocarriles, de quien se dice que todas las noches dejaba su terno negro, su corbata negra y sus tarjetas con la franja negra a la mano, "por si muriera alguien al día siguiente". El verbo "manillear" es de uso común cuando bromeo con mi viejo. "Manillear" es ir a un entierro y tomar los lugares de más notoriedad, osea, sacando el féretro de la iglesia, y ayudando a posarlo en el carrito que se usa cuando los cortejos llegan al campo santo.

     
Viña del Mar 1971
Lo siguiente es mi llegada a Viña del Mar, y la espera de mi padre, que había sido contratado por la Enap de Concón, en la especie de plazoleta con forma triangular ubicada frente al Hotel O`Higgins. A ese lugar llegaban los buses hace más de tres décadas. Vivimos por varios años en Tres Poniente quinientos cincuenta y cuatro, departamento veintiséis, entre Seis y Siete Norte, a media cuadra de la que fuera mi primera casa en esa ciudad. Fui matriculado en un Jardín Infantil bastante relacionado con profesoras del Colegio Mackay, llamado Queen Mary School, que estaba en un pequeño pasaje de la calle cinco norte entre tres y dos poniente. Era, y acaso aún es, una casa de dos pisos, con un patio que para esos años me parecía grande. Imágenes de esos años se relacionan con haber conocido a Jorge Patricio Hernández Chavarría, con quien me encontrara posteriormente en el Mackay, al cual llegara a estudiar desde primero básico, previa prueba de admisión. Fueron siete años en ese colegio hasta que por motivos de comportamiento fui invitado a cambiarme, llegando por un semestre al Saint Dominic, del cual también fui amablemente invitado a cambiarme, para reiniciar el resto de mil novecientos ochenta en el colegio Patmos, donde también tuve algunos problemas, siempre de adaptación, lo que me llevaba a tener comportamientos algo indeseados en relación a los cursos, ahora hablando con generalidad, a los cuales llegaba como factor discordante. Mil novecientos ochenta y uno, primero medio, lo cursé en el Colegio Profesor Luis Hugget Ruiz (que ignoro si aún existe), de donde también tuve problemas de comportamiento. Terminé mis años de estudio desde segundo a cuarto medio en el Colegio Pan American de Uno Norte. Ahí encontré la debida libertad que me permitió estudiar, entrenar, desarrollar mi personalidad, escribir y hacer amigos que hasta el día de hoy mantengo en su mayor parte; la mayoría personas sumamente sanas, la mayoría, no todos, porque en el otro curso había hasta traficantes de yerba. De estos años son mis triunfos en atletismo. Inicié el atletismo en mil novecientos setenta y ocho aproximadamente, una mañana de educación física en la cancha de rugby del Mackay, costado oriente, a la izquierda del arco con forma de “H” característico, cuando en unas pruebas preliminares a un campeonato escolar manifesté un descollante brazo para lanzar lo que se denomina “pelotita”, que no es más que un elemento arrojadizo de cuero de unos doscientos a trescientos gramos de peso. La cosa es que con toda facilidad arrojé tal elemento a más de cincuenta cuatro metros, cosa comparativamente extraordinaria para el resto de mis compañeros. Cuento corto, cuando llegué al Saint Dominic en el setenta y nueve, viniendo ya con la certeza de mis naturales aptitudes, conocí a quien hasta el día de hoy es mi amigo y entrenador, Ariel Aravena Troncoso, un hombre francamente excepcional en principios e ideales, los cuales acaso le han cobrado la cuenta en el desaforado trance de esta vida, donde no basta con tener virtudes, ya que es de viveza y astucia que se deben coronar las acciones de todos nosotros, para subsistir, para mantenernos en nuestros trabajos y cargos, a costa de algunas purezas que más nos orientan, pero no nos protegen, siendo compleja la apuesta de la acción y la coherencia llegado el momento de actuar y establecer las potenciales generaciones de consecuencias reales y efectivas. Ariel es parte muy importante de mi vida. Me enseñó a ser un lanzador efectivo y eficiente, en satisfactorio dominio de las técnicas de lanzamiento en el disco, la bala y la jabalina, y le dio sentido final a mi vida, algo dispersa y plagada de energías y capacidades desbocadas, y en resumen entorpecidas si de revisar los efectos reales se trata. Es profesor de educación física, y toda su vida se ha dedicado a lo mismo. Vivió unos años en Brasil, donde obtuvo reconocimiento y éxitos importantes en el ámbito del atletismo y del fútbol, como entrenador y preparador físico respectivamente, en un país ostensiblemente mejor dotado en lo físico para el deporte, como bien me lo explicaba hace unos años. Ya está de vuelta, y sigue dando la lucha por sus ideales. Yo creo que no terminará nunca de aquilatar sus logros en lo humano, pues no es común que la gente reconozca tales improntas. Creo que en lo personal él debiera estar en paz, pues su ejemplo es importante, sobrio, discreto en un país tan chaquetero como este, pero profundo.

De esos meses en el Saint Dominic proviene mi enamoramiento de una niña muy especial. Era excepcionalmente inteligente y a veces me pregunto si no elegimos los modelos que necesitamos, coherentes a nuestra propias aspiraciones. Quería hacer cosas importantes, pero quería que esas cosas importantes no involucraran demasiados ingredientes que hicieran poco probables los logros posteriores. En todo caso, del atletismo, financiado por mis padres en implementos, inscripciones a campeonatos, viajes y alojamientos, obtuve logros personales importantes, a nivel regional y nacional, cosa que me dejó en una especie de auto imagen satisfactoria, dado mi periplo por varios colegios, de los cuales solo obtenía rechazos a priori, atendiendo a mi personalidad algo diferente al común denominador más gregario que solitario. No digo que mi manera de ser sea ni mejor ni peor, pero si propensa a recibir desaires explícitos; no paso desapercibido donde llego, para bien o para mal. Hoy por hoy entiendo que no era un niño fácil de tratar, sumado a que el clima de mi hogar no era demasiado llevadero; la juventud de mis padres hacía que el devenir de los días se diera con continuadas y reiteradas peleas. Esto me marcó profundamente en mi percepción de cómo se debía uno comportar ante los demás; de aquello estoy seguro. De alguna manera todo esto que aludo debió influir en mi especial modo de manifestar mi presencia en la sala de clases. Era un manantial de ideas y percepciones que se atolondraban por salir, de modo desordenado, torpe y disfuncional (vaya que si lo era), suma y siguen la acometidas destempladas y disonantes, con la desconcentración de la mayoría de mis compañeros, colegio a colegio, con las consecuencias ya mencionadas.
  • Uno tiene que haber vivido cosas como las que voy a contarles, para entender que no es de grandilocuencias que se alimenta el porvenir. Con esto de mis reiterados cambios de colegio, terminé por sufrir (si, qué caray; sufrir) la desvinculación de mis antiguos compañeros de años (Mackay), para verme una vez más desconectado de otro colegio (Saint Dominic) y reinsertado en un tercer establecimiento (Patmos), con la evidente soledad impuesta por las circunstancias. Caminaba hacia lo que por esos meses fue mi principal divertimento, los flippers, cuando pensaba en qué hacer para tener amigos; cómo debía comportarme; qué actitudes debía asumir; y cual "abrigo invernal" debía colocarme para rehuir la sensación de "fría calle de ciudad un Domingo por la tarde" que inundaba a mi vida. Iba por Traslaviña, entre avenida Marina y Arlegui como a las ocho de la noche, cuando, con una serenidad y cotidianeidad increíbles, pero con un convencimiento profundo me dije que nada era necesario, y que tenía que ser valiente al tenerme tal cual era, le gustara a quien le gustara. Y nada fue especial externamente en todo esto; ni puestas de sol, ni aves al paso, ni un detalle especial, no; fue todo casi al pasar que se me presentó, caminando con las manos en mis bolsillos, pero bastó. Desde ese día solo he sido fiel a ese instante personal, y ninguna otra decisión posterior ha tenido tal trascendencia. Tenía trece años nada más y, sin perjuicio de tal precario avance, nunca antes ni mucho menos después apunté tan certeramente a mi propia esencia. 
  • Teniéndome de tal modo he apostado por pensar, incluso extemporánea y discordantemente si fuera necesario, ante cualquier "moda", "modo", "manera", "estilo" o gestualidad predominante, para seguir teniéndome, pues no ha sido de compañías que se se han nutrido mis plenitudes más personales, teniendo siempre mucha proximidad de suficientes y pertinentes seres queridos, pero pocos amigos cercanos, sumado al hecho elocuente de no haber tenido hermanos.
  • Un amigo de universidad, el Brujo Olivera, me dijo el día de mi matrimonio que me veía completamente en dominio de la situación, y que aparecía como "por encima" o "distante" de los hechos propiamente tales. Pero lo que mi alma comprendía, desde la percepción exterior que me ofrecía era, ni más ni menos, que la cercanía de esa suerte de esquiva y somera manifestación permanente de "lobo estepario" que todos llevamos dentro, se hacía protagonista de las circunstancias. Y bien, pues soy una persona ordinaria, común y silvestre en mis cotidianeidades, que a lo mejor desea distinguirse por una especie de esencial respeto hacia su propia condición irrepetible, como irrepetibles somos todos por igual, por mucho que no queramos asumirlo, en pos de la propia impronta que, tarde o temprano puja por hacerse evidente.
En cada colegio en que estuve dejé recuerdos y recuerdos de personas recogí, teniendo a esta fecha un número importante de ex compañeros que he ido recobrando en contactos, dadas las redes sociales que hoy por hoy existen. Sobre todo del último colegio en que estuve guardo muy buenos recuerdos. Excelentes amigos, y algunas amigas que no me dejaron indiferentes, y en algunos casos viceversa. El atletismo fue muy importante para esto último, sé muy bien quien soy físicamente, no me voy a venir a engañar; reitero, el deporte con logros efectivos ayuda una enormidad.; forma el temple, da experiencia, aparece uno como una especie de visitante de otros lugares, donde mejor se actúa, y así, todo encadenado y virtuoso, por lo menos en mi final de etapa escolar (ya estaba bueno. Fueron cinco colegios).
Del colegio Mackay, al inicio, recuerdo y rescato los recreos, en los restos de dunas que quedaban de la ocupación de ese sector de Reñaca. Había muchísimo patio donde jugar y una libertad importante. Hoy por hoy ese colegio se encuentra completamente rehecho, permaneciendo en el mismo lugar la larga escalera (nueva) por la cual bajaba a saltos de a cuatro o cinco escalones a la vez, cuando iba a los baños de alumnos. Dunas, inglés británico, golpe de estado, Gran Bretaña, Sutherland, Mackay, Robertson, los aludidos próceres de ese lugar, los pinos, las aulas confinadas en verdaderos gallineros de cubierta de asbesto-cemento sin la más mínima aislación, micros de acercamiento, la pésima comida del Club House, los almuerzos bajo los arcos de rugby posteriores con la comida en “loncheras”, jardines precarios, tierra arcillosa, lluvias y aluviones desde los terrenos posteriores al colegio, cross-country por los predios aludidos, prácticamente intocados por la urbanización, insectos, “madres de la culebra”, los cumpleaños en el aludido Club House, la guerra de galletas y canapés en el cumpleaños de Alejandro Gálvez, otro "renguino por adopción" desde su infancia (al cual no debo ver hace más de veinticinco años), los autos Matchbox, desfiles de fin de año, la casa de la supuesta quinta que aún persiste, su torre, las clases de inglés por niveles, laboratorios de idiomas y una anglofilia acaso exagerada percibo. Mal que mal somos un país hispano, donde tales gestos resultan algo forzados. Pero sin dudas que es de este colegio de donde recibí mi más poderosa formación escolar. La instrucción era excelente sin dudas, y pienso que el resto de mis años de colegio solo aderezaron esta base consistente de estudios que hasta hoy me acompaña, como una especie de tenue sensación de radieres bien fraguados sobre los cuales descansan los pies. Mis compañeros de ese tiempo, pasados los años, supongo que en parte por sus familias, pero por cierto que por su evidente inteligencia, han tenidos destinos más o menos interesantes. Nunca tuve la oportunidad en los otros cuatro colegios de percibir semejantes sentidos de humor, finos y variados, sin dejar de considerar que era un colegio solo de hombres, donde todo, por tales causas se agudizaba.
Los años me han presentado un grupo curso disperso y con muchas cuentas pendientes, que se hacen ver sin demasiada fineza ni retención. Pero sin lugar a dudas que es de este lugar de donde guardo las más importantes influencias académicas de mi niñez.

Pueblo de El Cerrillo de Rengo, 1974 a 1991
El Verano en sí, para mí es casi una persona. Comienza a ser lo que persistentemente fue desde mil novecientos setenta y cuatro, cuando llego por primera vez al Pueblo aludido, Me recibe Renato Arriaza, hijo de Don Custodio, el cuidador de la Parcela que comprara mi abuelo a un tal Manuel Munita, que conociera y visitara cuando sus hijos eran aún niños. Jugando, el tal Renato me lacea por los pies y me hace caer al suelo en las dependencias del garaje y acceso de caballos de la casa de campo, de gruesos muros de adobe; risas destempladas. Mi bautizo con un ambiente más áspero y natural estaba hecho. Y todo así, deambulaba por los amplios corredores de la parcela por horas, a la luz de un sol tranquilo, el canto de los cuculíes y la sequedad de los potreros, donde pastaban los caballos. Casi al lado, el cerrillo San Juan, lugar de visitas y paseos de las tardes solo o en compañía de mi mascota de esos años, el Inca, un perro mestizo de evidentes genes cocker spaniel, con todo esto, restos de maquinarias, basurales antiguos, desvanes oscuros e intimidantes, mascotas, hondas, guachis para cazar conejos, monturas, correones, palomares, trampas para ratones, piscina de hormigón, chiqueros, faenas de matanza de cerdos, queso de cabeza, pan amasado, arrollado, chicharrones, chancado de maíz, gallinas, gansos, naranjos, higueras, esteros, ríos, baños agrestes, zambullidas desde los sauces, rumas de corontas resecas, riego de potreros, desmalezamientos, siegas, quemas controladas, domaduras, manzanas, ciruelas, guano, letrinas, humedad y telas de araña, olor de tierra recién mojada por la lluvia inicial, cocinas a leña, cosechas, cordillera, cerros, maquinaria enfardadora, cebada, carreras por predios llenos de trébol, paseos a caballo, caídas de la montura. De esto último, de cabalgar, tengo fijado un momento potente, que fue cuando por primera vez logré sacarle galope a mi yegua, la Primavera (un regalo de navidad que me fuera informado por un sobre especial una noche de la navidad a los ocho años) en el potero del frente de la casa, al cual se accedía por un estrecho y largo callejón. Tras una tarde entera de intentarlo, finalmente se soltó el trance de ir y venir a tirones del galope del animal, sujeto a dos manos a la montura. Tras eso carreras, tardes de contemplación, y mal que mal soledad, que siempre me ha acompañado, inclusive en las multitudes la busco insistentemente. Pasé años nuevos, cumpleaños y navidades inclusive en este pueblo, algo distante de los niños del lugar, salvo por un par de excepciones, de entre las que sin dudas mi amigo Raúl Guerrero destaca importantemente. Tenía una imaginación desatada; se permitía ir y venir por los juegos de soldaditos de plástico, los autos en miniatura y otros inventos, sobre la tierra reseca de la calle asoleada. El abuelo y sus cuentas, la abuela y sus descansos después de la ardua jornada de la mañana, yo y mis experimentos que dieron cuenta de tubos de luz fluorescente, pollitos, vidrios y otros valores, de los cuales guardo recuerdo y arrepentimiento. Y siempre en esta espera especial que solo sienten quienes viven y pasan largas temporadas en lugares poco frecuentados por las multitudes llamativas de la urbe. Era una fiesta cuando llegaban visitas; como que todo cobraba sentido con ellas, ya fueran parientes o amigos lejanos. En el campo se recibe bien a la gente que llega de lejos. La función de estas visitas se orienta hacia desencadenar la perplejidad adormecida ante tanta naturalidad y agreste espesor de las cosas, dejadas estar por siglos, décadas o años donde se las deja, al abrigo del sol o a su franco azote. Recorrer las tierras, mostrar la parcela, la casa, las dependencias, dejarse alabar por quienes de verdad o la fuerza valorizan la áspera textura de la vida del campo, sobre el polvo proyectado de los caminos de tierra. ¡Qué simple, común, silvestre y retraída ha sido mi niñez y mi juventud!, ahora vista de lejos, a la espera de los logros adultos, que se dejan esperar, aparentemente. De alguna manera contemplo todas estas cosas como tesoros personales (de este link referido, dirigirse al último párrafo, que parte con "conozco el éxtasis;...") que íntimamente se adentran, siendo parte de una esencia insustituible de la cual mis hijos y quienes me aprecian han sabido o querido conocer.
Por lo demás, todos tenemos todas esas especies de cosas añejas guardadas en los bolsillos de la vida, a las cuales recurrimos permanentemente cuando todo nos nubla o nos agobia. Pero siempre, deberán reconocer, es cotidiano el sentido y la señal de tantas cosas que se suman, cuando desde nuestra niñez e inmadurez percibíamos los hechos como bultos lóbregos o brillantes, plenos de contenido latente.
Siempre fueron así mis veranos, siempre, inclusive cuando dejé, por un año (un solo año) de ir, debido a un noviazgo adolescente, del cual vaya si no me arrepiento, pues desde aquella apuesta conocí las cosas que todos terminamos por comprender como algo más que la suma de los días y el afecto.
Por cierto que aquellas incursiones subrepticias del amor y la carne propiamente tal, me dejaron huella importante. Un beso para ella.

Valparaíso, 1984
Ese año es víspera universitaria. Recorrí sus cerros con calma y asombro como si por primera vez los viera. La niebla subía y en su compañía dejé abrir mi corazón sin resguardo ni mesura. Volví a Viña del Mar esa tarde de verano, tan esperanzado como saliera, sin respuesta ni correspondencia. Valparaíso es mi hogar, como lo es Viña del Mar, Santiago y Rengo. Ni de aquí ni de allá, de todos ellos tengo partes de reflejo que me dicen de mi esplendor, mi hundimiento, mi grisácea manera y mi agreste modorra. Con todo aquello que me sigue me conformo y me presento. Sin más ni menos que la acompasada mezcla de sabores, lugares y aromas me destemplo y me resguardo en mi esencia que no sabe sino de correspondencias y rechazos, como todos, no soy ni menos ni más que muchos. Solitario me asumo y me conformo. Seremos aquello todos, cuando en soledad caminemos fatalmente hacia nuestro sueño temporalmente suspendido como una trizadura que recorre su vaso partido por milenios extendidos.

Viña del Mar, 1985
La Universidad fue diferente. Había elegido la literatura a cambio del deporte, y ya tenía mi bagaje cultural aceptable para esa edad; solía leer, en vez de revistas de diversión, enciclopedias completas, por trozos y partes dispersas. La imagen que más tengo es la de la enciclopedia Monitor, de donde conocí el mundo del cine y, dentro de él, el listado de las películas retrospectivamente más importantes de esos años (década de los setenta) hablaban de un “Gabinete del Dr. Caligari”, de un tal “Acorazado Potemkin”, del filme “Intolerancia” de Grifith, y otros, por esos tiempos reconocidos como trascendentes.
Viña del Mar es la ciudad que más quiero y mantengo en mis recuerdos diarios. Viña es mi casa. La retengo bella y plagada de una brisa persistente que oxida pero aúna sensaciones, con su mar descuidado y llevado a extremos de oleaje y suciedad en permanente debate. Ella fue el lugar donde mantuve mis relaciones más definitivas, fue donde llegué a ser niño, donde estudié, donde me enamoré, donde conocí el tedio veraniego de mis días de niño, y desde donde partí a mis vacaciones a Rengo, para después volver a encontrarme con ella tras meses de descanso agreste, reencontrándola como un lugar fresco, vivo, bullente y lleno de oportunidades. Mi escuela de arquitectura está en Viña, en el barrio de El Recreo, que fuera donde recibiera la más profunda formación académica que me pudiera haber imaginado que existiera. Por cierto que ella, mi escuela de arquitectura, era una variada puesta en escena de profesores y enseñanzas de donde rescato a Alberto Cruz, Godofredo Iommi, Manuel Casanueva y Juan Mastrantonio. Si pudiera resumir su mensaje, diría “poesía, abstracción y vacío” dotados de una impronta Heideggeriana y de una modernidad profunda y en permanente debate (esto anterior, dicho muy al pasar y así como para darme a entender). Difícil es intentar resumir mi enseñanza de la arquitectura en pocas palabras, ya que mi escuela, con todo lo apegada a sus dogmas poéticos y a alguna especie de culto de la personalidad en torno a sus fundadores, es un sitio inigualable, donde se debía saber navegar por aguas turbulentamente intolerantes a nuevas ideas si de discordancias frontales se trataba. Los fundamentos de la escuela estaban (están) claros y escritos en textos aludidos y citados a diario( “No fue el hallazgo ajeno a los descubrimientos…” primer poema de Amereida), por lo que cualquier pregunta que desencajara del aire, estilo, sentido y franco rumbo que tales fundamentos aludían, ponían a cualquier alumno en serio riesgo de ser considerado como “no apto” para estudiar en ella. Siempre percibí que este lugar donde estudié, y que amo como se puede amar lo que forma parte de uno mismo, era un sitio gobernado por el grupo de académicos como algo de ellos en propiedad, ante los cuales los alumnos debían considerarse privilegiados de guardar silencio y obediencia.
Pero, aparte de esto, lo que se intenta mostrar en este lugar es profundo y permanente. Tal paradoja de rechazo e impronta persistente es lo que siempre me ha impactado. Ya tuve en su momento suspensiones de notas por expresar ideas disonantes. Y tales señales fueron someras y al paso, pero efectivas, casi maliciosas, cuando uno, lo único que quiere es terminar para salir al mundo, dotado del título correspondiente, para qué vamos a engañarnos, sin el cual sería bastante más difícil encontrar un lugar para trabajar y desarrollarse, ya sea por la vía independiente o la otra que por mi parte he asumido. En Chile la apuesta universitaria es inmensa y sobrevalorada.

Mi pensamiento está profundamente ligado al modo de pensar de Alberto, Godofredo, Manuel y Juan, no puedo negarlo, sin perjuicio de que Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Santo Tomás de Aquino y Descartes hicieran su parte en el debido momento. Pero hay un comentario de justicia que debo hacer, en el taller de Purcell, Sánchez y Uribe fui introducido a una apuesta teórica interesante, relacionada con desentrañar una “Ley de la Mirada”, donde pude desencadenar(me) toda la impronta de Descartes y Spinoza que venía absorbiendo a tragos largos. Fue importantísimo para mí el poder explayarme en tales abstracciones, que me detonaron tendencias y disciplinas en el pensamiento que me acompañarán para siempre.
Escuela de Arquitectura, Música de las Matemáticas, poesía como matriz del mundo, el vacío del espacio como logro profundo cuando encarna su sentido de habitabilidad y esplendor, saber decir la forma en breves trazos de palabras certeras, dibujar lo visto y ver lo pensado, ser en el estudio, viajes, travesías, obras a la luz de la luna y el viento, temporales derrumbes, riesgos, navegación por fiordos, otros países, arenales, valles, cumbres, desiertos, roqueríos, croquis, observaciones, notas de fin de año cual fiesta de sufrimiento, agonía, decepción o triunfo, veranos silentes, Rengo, El Cerrillo, la parcela de mis abuelos, el cerro, los caballos, las novias distantes en aquellos veranos, han sido cosas tan fuertes como en los inicios fueran tales imágenes aludidas de niño, cuando solo restan y quedan recuerdos dispersos y apocados en su número y memoria.

Del amor no me atrevería a hablar demasiado, ya que, como dicen, “un caballero no tiene memoria”, sin perjuicio de recordar cada siesta en libre disposición y concordancia, con la compañía plena de aquella carne trémula y febril que reflejaba mi presencia, como recíprocamente lo mismo hacía por mi parte. Es tanto todo esto, y se acumuló por años largos y progresivos en caricias y apuestas, al punto de temer alguna vez por nuestro futuro, cuando íbamos más allá de la cuenta en nuestras, digámoslo así, prácticas amatorias (qué léxico más odioso, pero disculparán que deje para otros años los detalles de la intensidad y el fulgor concentrado en los lugares más convergentes y conocidos por todos. Les dejo como testimonio sus propias experiencias, que me imagino ya deben tener si pasaron la barrera de los diez y siete años).
Posteriormente vino aquella más adulta relación que me tuvo por años a la espera de una verdadera apuesta de compromiso y juego por la otra parte. Nunca llegó, no obstante haber tenido momentos deliciosos de sueños, imaginación y romanticismo por torrentes. Teníamos dieciocho años ya, y sabíamos algunas cosas de nuestras pasadas relaciones. Nada fue genuino. Todo se materializó en expectativas que por cierto no pude satisfacer, era un joven demasiado soñador e idealista como para estar pensando en los bienes y las pancartas sociales que la contraparte esperaba desplegar, a vista y oídos de las más insignificantes personas de este mundo. Fue una lucha persistente, inclusive ante la opinión generalizada de los míos, y los suyos, cómo no, que sentían que nada había para cosechar donde ha brotado el pasto de la ajena discordancia y la ambición. Por cierto que me entiendo y entenderá ella, que no es por tiempo que he olvidado lo disminuida que se vio la fugaz ilusión, que terminó por apagarse pasados más de cuatro años desde aquel año nuevo donde todo surgió desde la nada, en un momento y para planear en picada imperceptible por más de mil días inolvidables, ante los cuales supe renunciar llegado el momento oportuno, sin dejar de sopesar la enorme pérdida de cercanía, cuerpo, lozanía, furor y competencia que podíamos desarrollar en conjunto, cuando nadie nos miraba, por costumbre en el living de mi casa, y en otros lugares también.


Viña del Mar, 1990
Tenía mi primera e incipiente oficina profesional con mis primeros socios, cuando de un accidente automovilístico saltan hacia la calzada mi abuela materna con mi prima Catalina de dos años, en la esquina de dos Poniente con cuatro Norte. Por teléfono celular me avisa mi propia madre, en su traumatismo encéfalo craneano, que el choque había sido lo suficientemente intenso como para que se llevaran a las tres ocupantes (ella incluida) al hospital (por supuesto el Gustavo Fricke), de Viña del Mar. Corriendo por la Galería Fontana de Viña del Mar mi socio mayor tropieza en una tapa de alcantarillado al llegar a Arlegui, cayendo, literalmente, de hocico delante de la tienda donde trabajaba la que actualmente es mi amada esposa. El resto termina su ciclo un día de Abril de mil novecientos noventa y cuatro “navegando” en la punta del muelle Vergara, a mediodía cuando toda mi familia y mis amigos me acompañaron en esa jornada de luz, sol, música, comida, flores, cariño, playa y mar rizada que terminó, por cierto en una noche de simple y franco sueño extenuado. No le crean a los que digan que tuvieron el cuero necesario como para, después de tal fiesta y tensión, seguir arrojando miel al cántaro del amor la misma noche siguiente. Esa noche huimos a un motel discreto, pero la verdadera noche nupcial, a todo éxtasis y furor resplandeciente fue en la mismísima suite presidencial del Hyatt, con sus ventanales cordilleranos sus cortinas verticales, sus espejos dorados, sus salones, sus salas de reuniones, su servicio y simpatía sorprendente. Nada más que agregar, ¿que querían?.


San José de Maipo, 1995
Cansados de intentar desarrollar al libre ejercicio a secas de la arquitectura, conocí la administración pública en el Cajón del Maipo, entre nevazones y descensos sofocantes de veranos de microbús atochado de paseantes, mientras encarnaba la simbiosis cotidiana del valle y el cortafuegos, pasando de la escala territorial a la minucia cotidiana del matiz y mesura de los casos de una comuna pequeña, encajada en arrolladores cerros explotados de veta y cordillera, surgiendo de milenios a la vista, de quien no quiera dejarse llevar por la rutina. Así miraba las cosas, a más no poder dejar que me arrollara la simpleza de las cosas de esas gentes distraídas y entregadas a ser, como siempre digo, el quincho de asaderas y escapadas del Gran Santiago fagocitante.
Nada tenía que seguir haciendo en aquel lugar abandonado por la desidia de todos. Decidí retirarme de aquello. Malos alcaldes, peores concejales.


Rengo, 1996 a 2008
Felizmente casado llego a esta ciudad pueblo; a este pueblo ciudad dejado de su propia mano, adonde nada logra más esplendor que un muro reseco de adobes derruido por el agua, el aluvión el terremoto y la conformidad. Es como si todo se dejara estar hasta conformarse en una suerte de encaje de la nueva ofrenda que, allegada a Rengo se destiñe en su momento de consolidada forma de permanencia y aclimatación. Construimos nuestra casa desde las cenizas de una herencia materna y del trabajo arquitectónico avenido a la destreza de la realidad virtual y los planos oportunos. Varias escuelas se han ampliado de mi mano y mi propuesta ahí y en San Vicente de Tagua Tagua, y otras duermen por su financiamiento. Por cierto que no ha sido la arquitectura mi más pletórico estallido de esplendor y lucha, ya que no vine a este mundo a combatir como la mosca que choca contra el vidrio solitario de una ventana olvidada. Y dejado de aquellos empecinamientos ha brotado una que otra fortuna de espacio y restauración, ante las cuales me inclino y me solazo. Hoy por hoy, Octubre de dos mil ocho restauramos una vieja escuela de mil novecientos cuarenta y seis, encontrando en tal práctica un placer y un goce que me ha sorprendido. De alguna manera no es lo que elegimos lo valedero, sino aquello que nos encuentra distraídos y nos marea en su abrazo de amor y reflejo. Yo soy aquel edificio añoso que restaurado se levanta como un gesto al destino y su futuro. Yo sería esa escuela si no tuviera otros anhelos más dispersos y portuarios.

  • En Rengo han crecido mis dos hijos, en la distancia del campo con respecto a la ciudad pequeña que me ocupa, y por cierto que distantes de tantas otras cosas propias de las luces y sombras de las urbes. Puede que alguna vez se quejen de esto, de la vida de campo, pero nuestra apuesta ha sido la de jugçarnosla por la familia propiamente tal; no por la bullanga y la multitud fútil que, llegado el momento, te deja enfrentado a la misma soledad con la que no se viste el éxito, tan atractivo para las polillas.

Rengo, Santiago, Viña del Mar 2005 a 2012
El 6 de Agosto de 2005 inicio mi blog en http://smcarq.bitacoras.com, hasta el año 2007 cuando, aburrido del pésimo servicio que entregaban transfiero paulatinamente los textos de un lado al otro, en el nuevo sitio llamado http://smcarq.blogspot.com, que es donde se encuentran leyendo estas líneas.

Renuncié a tener mi propio dominio y todas esas cosas debido a que estos son pagados y expiran cada par de años. Si muero intempestivamente vencido el plazo se termina el sitio, cosa que es absolutamente contradictorio a mis deseos más importantes en relación a mi trabajo.
Conciente estoy de que nadie de mis amigos ni familiares tendrá el interés y la dedicación que creo se merece mi trabajo, así que he tomado las medidas necesarias, del modo anteriormente descrito, para evitar toda segura extinción de mi aporte escrito al resto de las generaciones por venir.

Ya estando próximo a cumplirse el sexto año de ininterrumpida labor, he superado con creces las mil páginas de un libro convencional con los casi 700 posteos a punto de cumplirse. La tónica general de todo este proceso de publicación ha sido el silencio, matizado por el paso de algunos cometas de cuyo brillo y esplendor no me haré cargo por el momento, dado que ha pasado muy poco tiempo desde que algunos han dejado de circular por el planeta de mis anhelos.
1998; Plano Original
Plan Regulador Intercomunal Rio Claro
Urbanismo 1998-2010; Plan Regulador Intercomunal Río Claro
Llevo varios años trabajando en la Municipalidad de Rengo. Desde el año 2001 que me concentro en temas de urbanismo, sin perjucio de que en 1998 concluí un estudio que me permitió promover una  idea original mía, consistente en considerar la cuenca del Río Claro de Rengo, y volver a mirar al territorio desde sus drenajes, cosa muy efectiva desde el punto ambiental, perceptual, histórico, etc.
Vaya mi reconocimiento a mi colega la arquitecta Silvia Tasville, quien a la cabeza de la Unidad de Desarrollo Urbano de la Secretaría Regional  Ministerial de Vivienda y Urbanismo de la Sexta Región desde un inicio valorizó esta visión territorial. Fue la misma Seremi V&U aludida quien asumió la elaboración de este plan.
En su debida oportunidad me invitaron a encargarme de liderar este estudio, pero lamentablemente por motivos económicos no me fue posible aceptar esta invitación.
Un reconocimiento también al colega Ricardo Leñam y la cartógrafa Verónica Navarrete, quienes en definitiva se encargaron de elaborar la propuesta definitiva, sobre la cual trabajaron perfeccionándola y viendo los temas medio ambientales inherentes a su aprobación los geógrafos Andrea Gutierrez y Juan Fajardo, dentro de la misma Seremi V&U.

Finalmente el Plan Regulador Intercomunal Río Claro (que fue como lo llamé en 1998) es un hecho de validez legal; el territorio propuesto y algo más fue, así, regulado y zonificado, fijando sus zonas urbanas para evitar la expansión indiscriminada, protegiendo las riberas de ríos y esteros, estableciendo zonas de protección por remoción en masa, y definiendo zonas de expansión urbana determinadas entre otras zonificaciones.
La publicación de este instrumento fue concretada el 24 de diciembre de 2010.
Profesionalmente es el logro más importante de mi vida; mi idea es un hecho legal que rige los destinos sistémicos de 5 comunas y de más de 100.000 habitantes de la Región de O´Higgins, Provincia de Cachapoal.
2010; Plano Original
Plan Regulador Intercomunal Rio Claro

Urbanismo; Agosto de 2009 a Septiembre de 2011; Catastro Público Comunal de Rengo
Debo reconocer una tendencia persistente a través de los años; me gusta ocuparme de pocas cosas, pero lo mejor posible.De alguna manera en el aludido catastro que comento se debiera distinguir un cariño del cual no puedo dejar de hacerme cargo, no obstante lo frío del nombre; "catastro". He depositado en este trabajo, íntimamente relacionado con mi cargo de Encargado de Urbanismo y medio Ambiente, muchísimas horas de trabajo absolutamente voluntario.
Desde que llegué a Rengo ha sido mi persistente inquietud el recopilar información, pues sin ella no se puede avanzar sino repitiendo los errores del pasado. En la actualidad son varios gigabytes los que llevo acumulados en historia, estadística, registros fotográficos y varios otrs temas de importancia, todo lo cual, de alguna manera terminará vertido en lo que he denominado como "
Catastro Público Comunal de Rengo", que decidí realizarlo en el sistema de información geográfica más accesible universalmente; el software gratuito Google Earth.

ültimamente he estado diciendo que las tres obras/objeto más importantes de mi vida son este Blog, el Plan Regulador Intercomunal Río Claro y el Catastro Público Comunal de Rengo, cosa que me ha tenido los últimos días ( 15 al 17 de Septiembre de 2011) muy contento y satisfecho. Esto me lo creo de verdad.


El tiempo y la distancia entregan precisión y asertividad para las decisiones importantes;
Con la claridad que entregan los años de escribir y escribir cientos de textos dispares y variopintos, he podido darme cuenta que varios libros dormían en ellos. La cosa era escoger con asertividad la idea matriz que fuera capaz de reunirlos por partes.

LIBROS DIGITALES (5 publicados)
(1) "Tuitósophy"
(2) "Diccionario de Estereotipos Chilenos"
(3) "Tuitósophy vol.2"

(4) "La Gioconda. Objetivamente hablando"
(5) "Simetrales Pictóricas"

Actualmente estoy trabajando en las siguientes obras recopilatorias:


Próximamente; (6) "Arte Pictórico". (7) Mi Percepción Monopanteísta del Mundo 20 años Después". (8) "La Capilla Sixtina Didáctica". (9) "Brasilia / "Más acá" de Kubitschek, Costa y Niemeyer". (10) "Milésimas" 1995 [2ª Edición]". (11) "Actas de Meditación vol.1".
Alguna vez;
"Reflexiones Alrededor de una Ética en la Artes".

En relación al próximo libro Nº7, puedo comentarles que por ahí por 1990 terminé un extenso volumen escrito a máquina denominado "Bajo el Trino de la Conciencia", que no era más que una recopilación de textos dispersos que apuntaban a lo que intuía era  mi visión de las cosas. En ese libro está el germen de todo lo que he venido haciendo por todos estos años. Por eso me refiero a "Mi Percepción Monopanteísta del Mundo 20 años Después". Esta vez será una recopilación de textos a partir de mi Blog, donde los escritos se acumulan por más de 700. Seguramnete serán elegidos aquellos que están etiquetados como "Filosofía", como "Monopanteísmo" y similares.

En relación al "Monopanteísmo les hablaré en otra ocasión, pero esta palabra proviene, en principio de las lecturas que llevé a cabo sobre Baruch Spinoza, René Descartes y Tomás de Aquino. Preferentemente, sin dejar de intentar tene rmi propio camino al respecto, cosa que siempre ha sido mi afán principal.

16 de Marzo de 2013
20 al 24 de Febrero de 2013

Efectivamente, nos arrancamos, con mí esposa a Argentina. Simple, fácil y bonito; esta es la tercera vez que voy (Ella no conocía esta increíble ciudad). La primera vez que fui estaba "decayendo" ya el micro centro (1983) . La segunda fue un paso fugaz por una Travesía a Argentina en la PUCV (1990). Esta vez (2013) pude constatar que, como las personas, las casas, las familias, los barrios, esta ciudad ha cambiado sus polos de interés (ha pasado demasiada agua debajo del puente; el esplendor peronista de esta inmensa (pero inmensa) ciudad, estuvo en la primera mitad del siglo XX). 

Pero el Tamaño persiste pues, de alguna manera (o de varias), la impronta de un clima increíblemente beneficioso, la portentosa quietud tectónica de esta descomunal desembocadura, la toma de la orilla del río/mar de la Plata/Atlántico por más de un kilómetro desde el antiguo Fuerte de Buenos Aires (hoy Casa Rosada) hasta el camino del borde más allá de la Reserva Ecológica de la Costanera, la garantía de la ausencia de un aire salino que deja a los buques y a los metales en general en una protección amable con todos los beneficios del mar, pero sin ninguna de sus amenazas, la humedad y presencia omnipotente del agua que establece periferias y suburbios boscosos, verdes, con grandes pastizales cuando ahora, en Chile, a las mismas latitudes todo es color oro reseco y muchas otras cosas más, consolidan un lugar demasiado bien elegido para fundar una ciudad.

Alguna vez oí que la gente de esta capital tan importante era soberbia; nunca he podido comprobar este ubicuo cahuín; hemos recido puras gentilezas, en cada gesto, por mucho que nos dijeran que nos iban a hacer esto y lo otro, que tuviéramos cuidado, cada quien siempre nos acogió como si fuéramos parientes citadinos recién llegados a provincia.

Esta es una ciudad privilegiada; su nombre lo dice todo; cada día que voy más me gusta este lugar y, aunque les llame la atención, lo que más me encanta de Buenos Aires es su simple veredón de baldosas, los simples carritos bar y la magnífica grada canteada de la Costanera; es como si en esa simpleza de plataforma se diera lo mejor de todo el mundo que es Buenos Aires; si lo imaginé me lo aclaran, pero el bonaerense sabe disfrutar de la simpleza de sacar una silla, apoyar sus pies en las bancas de hormigón y ver pasar, bajo la sombra de las acacias, a las personas, los deportistas, las parejas, los niños y los trotadores que, simplemente, se despliegan por este sector magníficamente estable, sereno, discreto, extenso y abrigado. Ni el Teatro Colón con todo su oro (que no oropel) ni el maravilloso Ateneo Grand Splendid con su último clamor literario en su soporte más heroico, ni el permanente Café Tortoni de Borges, ni el Balcón de la Casa Rosada, ni el simple y hogareño despacho de “Kristina”, ni la verticalidad extensa de Corrientes han logrado cautivarme tanto como la democrática, segura y acogedora Costanera, donde me siento en casa. La Costanera es mi lugar en Buenos Aires, y allá iré cada vez a comer las bondiolas o los panes con fibe de chorizo que se me despliegan como la fiesta que muchos bonaerenses lloran, anhelando un “Fervor de Buenos Aires” que ha dejado de existir como tantos esperan que regrese. Amo a esta ciudad y creo que volveré una y otra vez.

En Buenos Aires no me cuesta "un mango" ser feliz.
 
 
07 de Agosto de 2014
 
Vivo tiempos de un equilibrio consistente. Indago en determinados aspectos de mí personalidad de los cuales existe bastante bibliografía pero, no obstante, soy un tipo, cosas más cosas menos, bastante normal, viviendo una vida normal, dentro de una realidad bastante así también. Acercándome a los 50 años siento que un aire de precaria consolidación de mis sentimientos y mis pensamientos se fragua lentamente. Casi no escribo textos largos, sólo me entrego a la retahíla de concatenados o dispersos aforismos para los que me he entrenado por, prácticamente, una vida entera (cosas de mi personalidad). Si reviso mis primeras libretas, posteriores a mis primeros poemas imitativos de Nicanor Parra, me encontraré con mis primeros aforismos, de los cuales aún incluyo algunos en mis selecciones de estos años. Ya son miles, y sigo perfeccionado este arte de la frase breve siguiendo las reglas del juego de determinadas redes sociales dentro de las cuales publico y me retroalimento. La obra en permanente perfeccionamiento se llama "Milésimas", ya ha tenido dos versiones, y en el año 2015 viene la tercera, espero que con algún intento de clasificación que la primera versión tuvo y que dejé de practicar en la segunda.

Algo especial me ha traído hasta aquí en esta ocasión, y es lo siguiente; siento que hoy he podido establecer una especie de engarce filosófico de lo que la Teoría de Conjuntos Transfinitos de Cantor establece en su ámbito místico, en relación a cómo percibo la infinitud del momento limitado pero eterno que es la vida, con respecto a algo bastante más inmenso y también eterno que es lo que he llamado La Transfinita Eternidad Absoluta.

Puede haber eternidad en un lapso finito de "espacio-tiempo", en la medida en que no viajas dentro de él, lo que no quita que tal lapso eternamente finito se inserte dentro de contextos inconmensurablemente superiores, pero hijos de una misma clasificación de "interminabilidad" e "inagotabilidad". Cuando leía
el valiosísimo artículo de W. J. Dauben, publicado en Scientific American en la década de los 80,  pasaba por encima de las asociaciones místicas que, se describían, vivió este genial y desdichado matemático con su inmensa teoría. Hoy, humildemente, siento que, desde miles de años luz de inferior talento y capacidad intelectual, me he acercado a vislumbrar cómo, acaso, Georg Cantor sintió lo que sintió al respecto de sus hallazgos matemáticos, vistos desde una perspectiva exclusivamente humanista.

Pensar que las matemáticas sólo se amarran con el mundo desde la realidad objetiva es algo tan limitado como pensar que existe un solo infinito.

13 de Octubre de 2015

En efecto, y esto ha ocurrido desde hace un par de años, creo no haber aclarado que la especialidad que elegí en mi profesión es la del urbanismo, sin perjuicio de las "obras" que ya tengo en tal campo de acción. Vivo tiempos de estabilidad y una ya importante madurez obvia dados mis 48 años. Hasta aquí todo bien.

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2) PERSONAJES FAVORITOS

Mi Tío Germán
Para ser franco con mis afectos, quiero dejar en claro que no necesariamente se los debe medir en estos textos por la cantidad de menciones. De hecho de mi madre he hablado muy poco en mi vida, y no es porque la quiera menos, acaso todo lo contrario, pues cuando hay tanto corazón involucrado, resulta difícil expresarlo, así que estimado Germán, no te envanezcas con todo esto.
Germán Claudio es hermano de mi santa madre (Q.E.P.D), y aludo a él en forma tan especial porque comparte, junto a mi viejo, la responsabilidad de mi condenada afinidad con “la mejor” música que se haya creado; la de Juan Sebastián Bach. Germán es músico de profesión, oficio, vocación, afición y apuesta; ha vivido de ella de las formas más versátiles, variadas y diversas que se puedan pensar. De chico me llevaba, por ejemplo, al Alero de los De Ramón, donde participaba de un grupo que trabajaba ahí (de esa vez recuerdo haber saludado al patriarca de esa familia, un folclorista reconocido en Chile, sobre todo por su trabajo relacionado con su tierra, la provincia de Colchagua), también me llevó a La Ermita, en pleno centro de Santiago, cuando debía participar de actuaciones para turistas. Con los años, su excesiva inteligencia y capacidad de trabajo (debe ser medio superdotado también este gallo) lo han llevado a ocupar cargos, responsabilidades y roles de autor, y maestría dentro del ámbito de la música folclórica chilena. Es director de una orquesta folclórica de su creación, compone música (me molesta el apelativo, pero debo emplearlo) “culta”, y ha grabado no solo de esa fuente varios discos compactos. Sus creaciones propiamente tales deben estar, supongo, inéditas, sin perjuicio de tener participación en mucha música editada y publicada en Chile por su oficio de arreglador, que lo ha llevado (para farandulizar algo el asunto) a diversos festivales de Chile, incluyendo el del Huaso de Olmué y el de la Canción de Viña del Mar, es asesor musical del Ballet Folclórico Nacional de Chile, donde ha participado en la creación, recopilación, adecuación y arreglos de importantes piezas musicales de raíz folclórica, y sigo su carrera muy de cerca, debido al inmenso amor que mi madre y mi tía Ludgarda le profesaban incondicionalmente.

En su juventud propiamente tal, me imagino que por las ediciones de música clásica que se hacían por medio de instrumentos andinos, él aprendió a tocar varias piezas, dentro de las cuales la Badinerie ocupaba un lugar especial. Deben andar por ahí las grabaciones en cinta magnetofónica que mi padre la hizo en el antiguo baño de la parcela de El Cerrillo en la década del setenta. Manifestó su admiración incondicional por Bach desde que yo era chico, cosa que me influyó mucho, acaso demasiado, al inicio por imitación para seguir esta obra inmensa del más grande músico que haya existido nunca. A lo anterior se suma la afición incansable de don José Sergio Meza de escuchar música “clásica”, dentro de las cuales estaban Beethoven, Chopin, Liszt, Dufay, Paganini, Dowland, Vivaldi, Richard Strauss, De Falla, Barber, Glass, Mozart, Tchaikovsky, y por cierto que Bach (menos mal que le dio por la Ópera cuando ya me había casado, ya que me cuesta tolerarla, y solo soporto algunas arias). Escribo este texto escuchando tangos, milongas y obras selectas de Piazzolla, cosa que no me extraña en lo más mínimo, ya que mi viejo, dentro de todo su amplio espectro de preferencias musicales (demasiado amplio a mi entender, ya que le gusta hasta la Zarzuela, ¡já!) dedicó extensas horas a este tipo de música.

Con Germán tenemos un singular modo de tratarnos, que es por medio de mutuas descalificaciones absolutamente desproporcionadas y fuera de todo límite aceptable por personas no preparadas para tales performances, ya sea por escrito o verbalmente. Famosas son en mi perfil Facebook sus intervenciones, donde me trata de descerebrado, incapaz, oligofrénico, corrupto, delincuente, degenerado, y otros cariñosos apelativos, a los cuales respondo en mi perfil, o en el de él, tratándolo de folclorista borrachín, ignorante, depravado y otros adjetivos que constituyen una suerte de inverso juego de representarnos nuestro mutuo afecto, enraizado en toda una vida de coexistencia ocupando nichos familiares demasiado similares, ya que yo soy, por parte de él, el nieto mayor, siendo Germán el menor de los hijos, sin perjuicio de que en la actualidad (broma) ya es un ser absolutamente acabado y desahuciado por la libidinosa, dispersa e irresponsable vida que ha llevado, lo que me ha obligado a irlo a retirar en compañía de su pareja, (insisto, estoy bromeando para ilustrar) de los más lúgubres burdeles instalados a orillas de riadas infectas y malolientes de la capital de Chile. Germán (continuando con la broma) está viejo, y deteriorado mentalmente a extremos que ya no es capaz de recordar donde está parado, siendo auxiliado para estos efectos por sus dos hijos. (Jajajajajajajaaaaa, no le diré que existe este texto, y si se enoja, mala suerte no más).

Este texto está tan vivo como quien lo escribe. Por ahora les dejo lo avanzado, y no se extrañen que si al volver a leerlo semanas después, lo encuentren algo cambiado. Un abrazo.
Sergio.

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3) HECHOS TRASCENDENTES

1) Palabras de Despedida
con motivo del fallecimiento del Dr. Sergio Eduardo Concha Valdés
Leídas en el Templo Ecuménico
del Crematorio del Cementerio General de Santiago de Chile.



Santiago de Chile, mediodía del Viernes 13 de Agosto de 2010





“Abuelo: cuesta ponderar debidamente las palabras de esta despedida cuando es tanto lo que tenemos por decirte…



Fuiste un hombre de bien, presente y preocupado, la vida te acompañó por noventa y siete años, a través de los cuales, como todos, apostaste a seguir un camino de tranquilidad en permanente incremento, siempre pensando en el futuro y en todos nosotros a la vez. Nos daba la impresión que actuabas, aparentemente, sin un fin preciso, o al menos para nosotros distinguible, pero eso fue solamente una ilusión. Tenías sumamente claro lo que hacías y por qué lo querías, y el tiempo nos mostro sus resultados…

Fuiste hijo, hermano, esposo, padre, abuelo y bisabuelo; un hombre de pocos arrumacos, pero de gestos profundos y asertivos; presente ante nosotros, algo severo por momentos, pero poseedor de una dulzura capaz de aflorar en esa maravillosa cotidianeidad que supiste construirnos como familia; como la familia que ahora está aquí para despedirte, ahora que, según tu, ya no estás.


Estas palabras que como nieto me ha correspondido ofrecerte, quieren ser un testimonio de gratitud, de alegría y de reconocimiento.


Tú nos diste tu esencia, en cuerpo y en alma, abriendo tus brazos como un valle que despliega sus bienes para todos. Tú fuiste una acogida; siempre estabas ahí, haciendo de tu presencia un lugar mucho más allá de todas tus cosas que conformaban una compleja, pero efectiva personalidad.


Bien sabemos que siempre estuviste ahí también para apoyarnos, como hijos, nietos hermanos y sobrinos, pero hay algo que no podemos dejar de agradecerte especialmente:


Tu proyecto de vida familiar te llevó a decidir que era necesario trasladarte a vivir en el campo, y elegiste un pequeño pueblo que conocías desde que tus hijos eran niños. Ese pueblo se llama El Cerrillo de Rengo, está a menos de dos horas de viaje de este lugar donde te despedimos, y ahí, junto a la abuela, y especialmente con ella y por ella detonaste nuestra dicha (porque hablar de alegría sería insuficiente).


Ahí diste rienda suelta a tu esmero cotidiano; ese esmero que atendía los detalles y las cosas que constituían nuestro hogar en la Tierra. En “Rengo” despertamos de ese letargo urbano que a veces nos agota, conocimos los cerros agrestes, la cordillera, las nubes, los atardeceres, la bruma, el viento, la brisa, las estrellas, la luna, los queltehues, los bosques de boldo, los caminos irregulares, el silencio, el descanso, los juegos, la contemplación, la familia, “el arribo”, “el regreso”, “las onces”, el pan amasado, el “corredor”, los caballos, el galope tendido por potreros inundados, la cosecha, la cebada, el maíz, el tiempo suspendido en las cosas confinadas a su lugar permanente


Sergio Eduardo Concha Valdés, doctor; médico, padre, abuelo, tu nos diste arraigo que, como una ilusión, pensamos estaba en ese pueblo, el mismo que, al pasar de los años, emigró a nuestra alma y a nuestro recuerdo, como la metáfora que ahora sabemos traspasar a nuestros hijos. Pues no necesariamente allá, ni en esa casa, ni en la galería, ni en el horno de barro, ni chancando el maíz, ni regando ese jardín seguiremos tu ejemplo cotidianamente fundador.

 Abuelo, viejito; infinitas gracias por tu obra como hombre…


Tu obra fuimos nosotros.

Descansa en paz, y hasta siempre.

2) Exposición de Andrés Zagal "La Luz en la Piedra, la Sombra en el Árbol"

Este hecho trascendente logra tal percepción para mí pues, por primera vez logro realizar una obra en coautoría, en atención al interesante trabajo previo de un pintor y amigo.

El libro referido se llama "
Simetrales Pictóricas" y se trata de unos comentarios y análisis esquemáticos, realizados en relación a una serie de fotografías que Zagal tomó en Colina y Lampa, ambas comunas del área metropolitana de Santiago.

La exposición pictórica referida logramos hacerla coincidir en su hora y fecha de inauguración en el Centro Cultural de Colina con la publicación On Line del libro el 22 de Marzo de 2012.El libro viene a ser el quinto de una serie de obras que finalmente opté por publicar digitalmente, convencido de que el esfuerzo creativo debo centrarlo en producir más obras, y no desgastarme en publicar en papel una sola, o un par de ellas.
Las palabras que me tocó leer en la inauguración fueron las siguientes:

"Conozco a Andrés Zagal desde hace 27 años, y siempre he percibido en él las mismas características que lo hacen ser un artista asertivo;…


 …Capacidad de estar permanentemente interrogándose por las cosas que son de su atención e interés, capacidad de observación efectiva, vocación por la forma, mesurada (que no desatada) capacidad de abstracción y decisión para el trabajo.

Hace 4 meses aproximadamente Andrés publica en la web una serie de fotografías a las que denominó “cielo femenino y colosos, pastos y tormenta en la cordillera”. Tales imágenes, que son una parte menor complementaria de esta muestra, manifestaron de una manera poderosa un sentido, un camino o una huella que ha sido sumamente persistente en el último tiempo en su trabajo, sin perjuicio de que el color camina su rumbo independiente, a la par de estas luces y sombras que compiten por predominar.

La batalla del color por aparecer ante el hombre como la plena autonomía sumatoria o como la gama subordinada a una luminosidad, parece tener en Andrés rumbos paralelos.

Para hacernos una idea clara de lo que específicamente hablo, pensemos en los holandeses Johannes Vermeer y en Rembrandt; en el primero el color es parcialmente concluso y no se sostiene sino por su propia comparecencia, siendo la fidelidad al modelo – sea cual fuere aquel - la clave para la reunión de toda la suma a modo de síntesis perceptual; el drama de la luz, en Vermeer, erige una figura en su propio esplendor cotidiano. En el caso de Rembrandt, la luz es un factor subordinado a una atmósfera general reinante, que siempre camina y se dirige hacia la manifestación de la escena ejemplar, histórica, reconocible.

Cuando Andrés, en el contexto anterior, elige el título de esta exposición, llamándolo “La Luz en la piedra, La Sombra en el árbol” predominantemente elige señalar que en su trabajo hay una disputa encaminada a su resolución, y esta sería el poder encontrar su propia y metafórica “teoría del campo unificado”, en lo que respecta a las dos manera de ver del hombre, que en los holandeses anteriores ejemplifiqué, por cuanto a la luz se asoma la pormenorización expuesta, y a la sombra se reúnen y se atan las cosas del mundo.

Andrés busca, entonces, erigir a la figura, pero sin perder la vocación de la luminosidad como eje rector de contextos, formas, sentidos y señales. Por eso los campos generales, y por eso la minucia de la pincelada plagada de un color pormenorizado, o por lo menos así es como en lo personal percibo su propuesta. Cada quien dirá lo suyo. Estas palabras son solamente mi versión.

Seguiremos expectantes en el futuro, en relación a su trabajo.

Felicitaciones, una vez más, a Andrés Zagal."

_____________________

Fechas de intervenciones:
1) 13 de Octubre de 2008 (con 6.947 palabras)
2) 14 de Octubre de 2008 (con 7.242 palabras)
3) 15 de Octubre de 2008 (con 7.545 palabras)
4) 16 de Octubre de 2008 (con 8.369 palabras)
5) 03 de Noviembre de 2008 (con 8.860 palabras)
6) 23 de Agosto de 2010 (con 9.437 palabras)
7) 11 de Septiembre de 2011 (con 9.933 palabras)
8) 16 de Septiembre de 2011 (con 9.933 palabras)
9) 01 de Abril de 2012
10) 25 de Abril de 2012

13 comentarios:

Lilian dijo...

Estimado Sergio,
Escribo este comentario timidamente [siento como que estuviera pisando en un territorio solo para familia y/o amigos personales]. Pero ya que estoy aqui :-) ...te cuento que he disfrutado muchisimo leyendo tu Mapa Biografico. Tal vez se deba en parte a la nostalgia que siento al oirte mencionar lugares y situaciones que anhoro que tambien estuvieron presentes en mi propia ninez. Yo tambien creci en el mismo barrio que tu -Barrio Independencia- en una casa de habitaciones altas; mi padre tambien me llevaba al Cementerio General [que me fascina hasta el dia de hoy]; puedo visualizar las calles que mencionas en Vina del Mar claramente; no me perdia la serie Combate aunque la encontraba muy aterrante y por lo mismo me atraia; el aterrizaje en la Luna fue impactante, en fin. He sentido un monton de emociones diversas leyendo tu Mapa y tambien viendo la relacion que has hecho de estos episodios con tus textos anteriores, que buena idea!!

No se si sabras que algunos de los enlaces que has proporcionado como parte del texto no funcionan ya que al hacer click sobre ellos llevan a Facebook, a menos que tu lo hayas dispuesto especificamente de esa forma.

Admiro la disciplina que tienes para escribir, es evidente que lo haces por amor "al oficio", bravo!

Un abrazo

Sergio Meza C. dijo...

Qué bueno que la idea está gustando.
Leíste entero el texto!!!; es largo; mis sinceros agradecimientos.
Hoy agregué algo al final, que alude a un nuevo capítulo llamado "Mis Personajes Favoritos", tiene relación con la música, espero te guste también.

Nos estamos comunicando.

Independencia; me temo que comienza su desaparecimeitno como lo conocemos; altas torres de departamentos (para Chile) comienzan a aparecer por el sector´poblado de miles y miles de perunaos y bolivianos. Es que el barrio está demasiado bien ubicado; pegado al centro-centro de santiago. ¡Qué gran barrio es este!, aparte de si hay partes que están dentro o fuera de la comuna del mismo nombre.

Lilian dijo...

Sergio,
Tengo que admitir que no lei entero tu texto; la verdad es que no lei ni una palabra de el, pero sonaba mucho mejor decir esas lindas palabras ...
:D

Broma aparte, he sido bendecida con una capacidad -al parecer mas acentuada de lo comun- de leer y comprender rapidamente; tu texto fue un bocadillo para mi y ahora estoy a la espera del plato fuerte jaja

Lo que esta pasando en Independencia es muy triste. Me parece que Santiago se esta convirtiendo a pasos agigantados en una ciudad generica sin relacion ni raices a la tierra desde donde se erige, sin personalidad propia, con "islas tipicas" utilizadas para el turismo como el Barrio Brasil, por ejemplo. Bueno, mejor paro aca.

Por otro lado, si quieres compartir mas cosas en tu Mapa acerca del Barrio Independencia, por aca estariamos felices.

Sergio Meza C. dijo...

La verdad es que no lamento lo que está pasando con Independencia. Desde siempre este sector ha sido la trastienda de Santiago. De hecho ha sido así desde antes que existiera el invento territorial llamado Chile.
La cercanía de Independencia en relación con el Centro-centro-centro de santiago, y de Chile es tan grande, que me extraña mucho que estas cosas no hayan ocurrido antes; la vida de Independencia-Recoleta-La Vega (grande y chica)-La Ex-Chimba- El Mercado Central (llamémosla como queramos)cobra por lugares y rincones aspectos miserables; lo común es ver borrachos, vagabundos, enfermos terminales en soledad, locos zaparrastrosos durmiendo o sacando la mona entre restos de verduras semi-descompuestas. Esto ha sido así desde que tengo memoria; la casa de mis amados abuelos (ambos vivos de 91 y 95 años respectivamente) está a dos cuadras de la entrada a La Vega más tradicional. Caminar por estos sectores es de cuidado en las noches, y ha sido así por más de 40 años. Tengo algunos familiares que me más de alguna vez me comentaron que no entendía cómo mi abuelo se había ido a vivir por esos lados, dado lo que te cuento; yo vivía aún en Lastra, debo haber tenido como tres o cuatro años cuando le robaron el Fiat 600 a mi abuelo de la puerta de su casa; siempre ha sido peligroso este barrio, así que no me parece malo que se renueve, debo ser franco, para lograr algo que nunca ha ocurrido por esos lados. De noche siempre (o sea, desde que tengo memoria) la Av. Independencia ha sido más tétrica y solitaria, y silenciosa y carente de vida que las ruinas de Cartago, o que Wall Street en los días Domingo, como bien nos contara Herman Melville en su cuento "Bartleby".

NO me parecemalo ni mucho menos, en lo más personal de mis opiniones, que este barrio tenga la latencia de vida que por momentos no tiene. El sector, visto como un patrimonio de mi propia vida debiera quedarse como está, pero eso no beneficia a sus habitantes, que siempre han convivido con las miserias que te cuento; debo reconocerte que ir a la Vega los Domingos (que también abren) llega a dar ganas de reflujar en grado extremo (siendo suave para expresarme) por el hedor y el aspecto permanente de soleras y charcas negruzcas mezcladas con basura, y desperdicio.

Así todo, con la llegada de las colonias peruanas y bolivianas me temo que se está llegando a un tope de precariedad en el habitar que pone en muy, pero muy conveniente posición a las Empresas constructoras, ante predios derruidos, con casas que hace más de 50 años tuvieron su esplendor y que ahora se caen a pedazos, subdivididas con lampazos y tabiques incendiarios, cableados fuera de toda norma, donde los pobres avecindados duermen miserablemente, haciendo de la calle su estar, y del borde de la calzada su quincho donde asan sus carnes a vista y paciencia de los transeúntes.

Tengo la esperanza que a lo menos un 5 por ciento de todo esto sobreviva a la Renovación Urbana. El barrio es inmenso; llega más allá del Hipódromo que está en Plaza Chacabuco. NO podemos esperar que las cosas sobrevivan idénticas. Si podemos esperar que queden vestigios señeros de las vidas pasadas.

El progreso debe ir hermanado del patrimonio. No olvidemos que el despoblamiento del centro de santiago es un fenómeno de décadas y décadas atrás. Tal repoblamiento tiene un precio, que se tiene que pagar, siempre y cuando no pase una aplanadora sobre nuestros recuerdos.

Sería mi comentario preliminar al tema de ese barrio tan especialmente digno en su precariedad afincada, tras las fachadas de molduras desprendidas

Lilian dijo...

Bueno, tu lo has dicho, “el progreso debe ir hermanado del patrimonio” y este barrio con tanto valor geo-cultural desde la perspectiva histórica de Chile al parecer está siendo entregado a las manos destructoras de “constructoras” de edificios que son clones de “palomeras”. El barrio Independencia que desde sus origenes cuando era La Chimba ha tenido ciertos aires de misterio u oscuridad; sector que ha sido testigo de tanta historia chilena: los ires y venires de Don Manuel Rodríguez cuando se escondía en diversas parcelas del sector, o de las tertulias de los caballeros de Santiago que pasaban al “otro lado” del río Mapocho para visitar las fondas donde habían señoritas que cantaban y bailaban resfalosa y donde podían tomar vino sin preocuparse del qué dirán de la pequeña ciudad que era Santiago en sus comienzos. Primero fueron parcelas, después casas de estilo colonial, neocolonial y neogóticas, como la gran [en tamaño] casa dónde yo me crié, que era de estilo neocolonial; probablemente edificada en la mitad del siglo XIX. La mayoría de esas casas fueron construídas para familias sencillas, de clase trabajadora sin embargo de una belleza incomparable a lo que actualmente habita esta misma clase trabajadora.

Yo me pregunto y te pregunto a ti, al ser tu un arquitecto, por qué no desarrollan planes de conservación del patrimonio cómo por ejemplo los que se han llevado a cabo en Perú? Sin ir más lejos, la ciudad de Tacna que cuando yo vivía en Chile era sucia, maloliente, con edificios tapados por años de negligencia, se ha convertido en una ciudad que respetó su patrimonio y en forma muy eficaz ha restaurado todo su centro. En su mayoría son edificios neocoloniales, simples, pero se ven relucientes y lo más importante, muestran a una ciudad con identidad propia, con orgullo y admiración de su propia tradición, además de producir todos los otros beneficios materiales que se derivan de ello como por ejemplo un incremento en el turismo.

Tengo entendido que es mucho más caro restaurar que derribar y construír todo nuevo, pero Chile no es el mismo país pobre de los años sesenta; el problema actual es de prioridades dónde el valor urbano-ambiental-histórico es demasiado facilmente reemplazado por la satisfacción inmediata de los edificios de departamentos tipo "palomeras". Quién sabe!? A lo mejor algún día en el futuro lejano, alguien también estará solicitando la preservación de aquellos … pero lo dudo.

Buen tema.
Saludos

Sergio Meza C. dijo...

La tensión entre patrimonio y "progreso" es eterna y no tiene solución.
En mi caso no me considero un "talibán" del patrimonio, pero vibro con el tema como no puedes imaginarte, y no es que lo haya elegido así; mi tendencia a la añoranza y al rescate de aquello que es parte de nuestra memoria puede ser infinita. Por otra parte entiendo que estamos en un territorio de terremotos, donde la gente, aunque no se de cuenta, porta en su memoria la idea (esto es una hipótesis) de que las cosas se pueden echar abajo ya que en el fondo después igual viene un sismo y da cuenta de lo que queda en pie.
Si no tuviéramos terremotos en Chile creo que tendríamos ciudades como las que aludes en tus recuerdos de viajes, como Cuzco, Cartagena de Indias o cosas así. El solo hecho de pensar en que persista una vivienda, por miserable que sea, del siglo XVII me estremece, con todos sus rastros de construcción, parches y restos de su uso.
Pasados 200 años, todo es interesante; todo, absolutamente todo, y por lo mismo mi visión del presente es patrimonial. Estre mismo blog lo es, y este mismo texto qyue comentamos, pero por cierto que de vocación patrimonial.

Creo haberme dado a entender.

Agregando algo, hay quienes se dedicana defender el patrimonio con un encono y una agresividad tan grande, que a veces pienso que logran lo contrario de lo que predican.

Yo creo que hay que ir con esto, como el bambú, que resiste; se dobla pero resiste.

Y hay patrimonio que no son "de reliquia"; por ejemplo el ascensor Polanco del cerro del mismo nombre, donde lo patrimonial es, sobre todo, el invento espacial, más que la charlata o el ladrillo, o las tuercas del ascensor. Hay casos donde no, pero se entiende.

La misma Av. Bisquertt de rengo; ella sobrevive a todo, no es cosa de defender una casa de ahí para proteger la Avenida, es una suma de altura de árboles (que lo más bien que se vienen abajo y la Av. sigue hermosa), altura de casa, que se viene a abjo y persiste la belleza, ancho de la calle, no es exacto, pero espacioso es el efecto, y asi...

Lilian dijo...

Correcciones a mi comentario anterior: No pude borrarlo y reemplazarlo por otro(?). Fue construida probablemente a fines del siglo XIX o principios del XX[no a mediados] y el estilo no es neocolonial.

Tu hipotesis de los terremotos tiene bastante sentido; al mismo tiempo en Peru tambien los hay pero Lima, Arequipa, Cuzco y ahora Tacna tienen sectores enteros que datan de tiempos coloniales.

Sin desmerecer los esfuerzos muy admirables de arquitectos y urbanistas chilenos que se han dedicado a la preservacion del patrimonio arquitectonico, quienes probablemente se deben sentir nadando contra la corriente a menudo -probablemente tu sabes mucho de esto- yo tiendo a pensar que la observacion que hizo Claude Levi-Strauss cuando visito Brasil en 1935 es mas bien la actitud en el Chile de estos momentos, el dijo: "Ciudades del Nuevo Mundo... pasan directamente del esplendor a la decrepitud, mas nunca son antiguas. Jamas convidan a un paseo fuera del tiempo. Para las ciudades europeas el paso del tiempo significa promocion; para las americanas el paso de los anhos es una decadencia. Son perpetuamente jovenes y nunca sanas." Es una afirmacion exagerada, pero sirve para ilustrar lo que quiero expresar.

Ser fuerte pero flexible como el bambu... me gusta :)

Lilian dijo...

Hola!!
Estas palabras tuyas son emotivas y significativas: Caminaba hacia lo que por esos meses fue mi principal divertimento, los flippers, cuando pensaba en qué hacer para tener amigos; cómo debía comportarme; qué actitudes debía asumir; y cual "abrigo invernal" debía colocarme para rehuir la sensación de "fría calle de ciudad un Domingo por la tarde"...

Digo que es significativo porque creo que demuestra muy bien la transicion por la que pasamos todos desde la niñez hacia el mundo adulto. Es en ese periodo cuando comenzamos a estrategizar para proteger nuestras vulnerabilidades con el posible riesgo de que si nos ponemos encima demasiados "abrigos invernales", se convierta en un habito permanente que oculte bellas caracteristicas que seria mejor estuvieran expuestas.

Es muy lindo lo que compartes :)

Sergio Meza C. dijo...

Publiqué este mismo fragmento que citas (el que hoy por hoy figura en color "bordeaux") en Facebook, y tuve gratificantes comentarios de mis "cercanos".

Seguiré en esto.

Si he logrado expresarme adecuadamente es porque llevo décadas intentándolo. Me alegro que se trasunte.

Espero puedas aumentar tus posteos en tu propio blog.

Saludos (te respondí lo de Codegua).

:-)

Lilian dijo...

Merci Monsieur... con respecto a Codegua. Y tuve la osadia de dejar otra pregunta mas especifica al respecto. El mundo cibernetico tambien puede ser una herramienta concreta y de ayuda mutua, no? ;)
Warm Regards--

Sergio Meza C. dijo...

Lo que pasa es que no he logrado tener datos nuevos de "La leonera".
Hace un par de años oí que estaba algo dejada de cuidado, pero fue hace más de 5 años.

Puede que ahora estñe muy bien.

En todo caso el casino de Mostazal aún no lo terminan, pero está es-pec-ta-cu-lar.

Paciencia, ya te aviso

:-)

DIRECTORES DE FINANZAS VI REGION dijo...

Querido y estimado amigo y colega: Hoy he viajado contigo en el tiempo y he medido cada palabra tuya escrita en este blog; y para ser sincera ha quedado plasmada en mi retina tus pasares por diversos y distintos lares. Con este hermoso paseo comprendí aún más tu forma de ser y de actuar, y es por ello que te pido con todo el cariño que te tengo, que te mantengas tal cual eres. El tiempo reconocerá en ti el ser que muchos han querido ocultar, creo que por tu grandeza en esencia, das temor a muchos que ni siquiera logran entenderte. Un abrazo cariñoso para ti, sigue adelante, dale con todo sin temores, verguenzas, sinsabores, atropellos y todos los calificativos que tu entiendes que quisiera colocar en esta publicación. Paulina.

Anónimo dijo...

La verdad me gustó mucho, harto a decir verdad

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