domingo, 24 de agosto de 2008

La mañana en que cabalgué en un potrero inundado

Era un lugar adormecido en su pastura espontánea, en una especie de fragor de un verde escuálido, dentro de lo que fuera antaño una hacienda de proporciones, por donde escurría el agua por un canal desde la pre-cordillera, hacia una plantación de olivos en los faldeos de los cerros adyacentes. Estaban regando cuando, desde afuera, mi abuelo me llamó a atrapar con el lazo, acompañando a su mediero, a la potranca que debíamos llevar de vuelta hacia las casas de la Parcela Troncos Viejos.

Pues fuera de este modo, que empapado y pletórico del más glorioso lodo que pueda recordar por varios y más que varios, eternos minutos, días y años, cabalgué desenfrenadamente hacia el estío de un sol incipiente, en la mañana que derrotaba cualquier intento de un tropel atolondrado de caballos descendidos de una cordillera florida, y acaso reseca en el Verano de uno de mis mejores años de niñez.

Nunca hubiera dejado a mi hijo correr como yo corrí esa mañana detrás de las bestias, pues una caída era señal de precipicio y de riesgo inminente, más no puedo dejar de ver los cascos de mi animal enterrándose en el barro de unas aguas turbias y belicosas sobre las cuales flotaban jirones de maleza desprendida y empecinadamente reseca, por sobre las cuales las pezuñas no resbalaban, y de tirones certeros lograba cambiar de rumbo a mi yegua y, desde ella, a la pareja que blandía su lazo en pos del animal. En virtud de tales señas lográbamos establecer los vaivenes multitudinarios de docenas de animales destemplados y señalados por las marcadas quemazones de piel y epidermis, dentro de las cuales solo un par pertenecía a mi querido viejo. Pagaba talaje en esos lugares del fundo Tipaume, ya fragmentado por una Reforma Agraria certera.

Fueron instantes para mí, de sentirme útil y eficaz en la rienda y la cabalgadura, de ir y venir con un sol fragante de trinos y resplandores, dentro de mi alma serena de niño, ocasionalmente destemplado en su función de estertor y escaramuza.

Allegados al borde de los terrenos, cercados en alambres de púas, y con el animal atrapado, me entero que ya lo había vendido mientras tanto, sin volver con nada más que la satisfacción de mi abuelo de haber desplegado un animal enfrente de su futuro propietario, en pactos que como en el campo se hacían, con la palabra empeñada y el traspaso delegado a otros momentos.

Más no llegara sino contento de ver que recorriera kilómetros de lodazal en mi caballo, para ser en pos de una potencia que resultara desconocida, si no hubiera dejado galopar a todo rebenque mi animal aquella mañana de Verano, cuando volviera embarrado y orgulloso hacia las casa aludidas, contando a quien quisiera escucharme, que sentí una incipiente y definitiva hombría de arriar ganado a contrapelo en pos de la tierra y su contienda, sin la menor señal de temor ni amedrentamiento, cuando saltaba surcos y esquivaba los flujos de agua ferviente, sin ánimo de estar ni venir, sino con una labor acaso jugada en mi alma y mi pasión.

Nunca, se los juro, amé más el campo que aquel día.

9 comentarios:

Lilian dijo...

Sr. Meza,
Este texto suyo se merece un Bravo de pie sostenido!! La energia que trasciende y la descripcion del momento es estimulante; la vida esta llena de estos magnificos placeres que tu pudiste explicar tan bien en estas palabras. Me convence este texto cien por ciento. Sera tambien porque en parte suple un gran vacio que siempre he sentido con respecto a esta parte de la cultura chilena por la cual solo siento nostalgia y que nunca he tenido la oportunidad ni de visitar como turista. No te puedes imaginar lo que disfrute con este texto... Muchas gracias!

Sergio Meza C. dijo...

Creo haber sido muy objetivo con lo que siento en relación a ese recuerdo.

Gracias por tu comentario.

Sergio Meza C. dijo...

"Estaban regando cuando, desde afuera, mi abuelo me llamó a atrapar con el lazo".

Esta frase alude a lo que en el campo chileno se denomina "lacear" o arrojar una cuerda comunmente de cuero trenzado de aproximadamente 15 a 20 metros de longitud aproximadamente, utilizado para atrapar ganado ya sea de a pie o a caballo.

Sergio Meza C. dijo...

Se autoriza la re-publicación de este texto, citando la fuente.

Anónimo dijo...

Buscando datos sobre el fundo Tipaume me encuentro con este blog fuera de lo común (al menos por el manejo del idioma; y hay bastante más, por encima de ese menos).
No creo que interese este dato histórico-familiar, pero para jutificar mi intervención, la digo: en 1845 la "estancia Tipaume" pertenecía a don José Fermín Villalón;(una ¿nieta? Villalón Rojas se casó, por 1880?en Rancagua, c. un sr. Del Campo Yávar, hermano de Sofía del C. de Montt); probablemente este Villalón no era de familia antigua en la zona. Posiblemente estas tierras hayan sido antes de Madariaga, o Lobo.

Sergio Meza C. dijo...

Vaya, pues gracias por la información.
Precisamente ayer hojié un libro referido a la Toponimia de la provincia de Cachapoal, donde definían a qué se refiere la palabra Tipaume.

Me puedes llamar al celular 95219142 el Lunes 12 de Julio de 2010, y podré citarte el texto si gustas (seas quien fueres) o en su defecto escríbeme un email a smc_arq@yahoo.com.

Si me acuerdo solo lo citaré en este mismo post, bajo estas palabras

Sergio Meza C. dijo...

[Toponimia; "Tipaume", Rengo, Chile] Libro "Toponimia Mapuche de la Provincia Cachapoal VI Región" / Autor: Manuel Jesús LLanca Barra (Ejecutor del Proyecto):

Pág. 79,"Tipahume", nombre de la voz Mapuche tripawe, cuyo significado es "lugar de salida". La localidad de Tipahume en el pasado fue Hacienda, pero actualmente está convertido en parcelas. Tripahume se ubica al oriente de la carretera 5 Sur, llegando a la zona precordillerana. Pertenece a la comuna de Rengo"

©Manuel Jesús Llanca Barra
Inscripción Nº 186.942
Derechos reservados

[Primera edición Diciembre de 2009]

IMpreso en Rancagua, Chile por: PRIMEROS PASOS EDICIONES
primerospasosediciones@gmail.com

Anónimo dijo...

Que interesante saber que hay personas que aun le interesa estos pueblos, yo vivo solo a 2 minutos de este sector constantemente viajo a trabajar o de paseo por el lugar e incluso hasta antes del terrible homicidio visitaba La casa de la familia de Salbatore pionbino,con frecuencia, de este lugar e oído muchas historia que condicen con que el pueblo estaba en las faldas del cerro tipaume y que llevo a tener tantos habitantes como no creería también contaba con una maternidad y con centros recreacionales para los trabajadores que también contemplaba un teatro, algo impensable hoy en dia ya que en este lugar viven muy pocas personas, lo que llena de hermetismo el lugar.
Me gustaría saber mas cualquier información se agradece
Canela_1421@hotmail.com

Anónimo dijo...

Conocí a Don Salvatore. También me conmocionó mucho el asesinato de él, su hija y Sra. esposa.
Inolvidable una tarde de conversación con él en El Llano mientras uno de mis hijos - Felioe - rondaba por los alrededores.
Me regalo un cuadro de una virgen negra, que perdi en el incendio de las viejas construcciones del costado oriente de la Plaza de Armas de Rengo donde tenía una oficina. Todavía tengo otro cuadro pintado por él de un paisaje chileno.
Sergio Meza Concha.

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