No puedo dar entendimiento ni creencia a una serie de expuestas y rigurosas afirmaciones que se encuadran cuales celdas en un colmenar perfecto.La "Ethica Ordine Geometrico Demonstrata" es un edificio que transpira vocación de perfección; todo en ella es una exposición de calce y sinergia; hablar de los principios de acción de los hombres como si se estuviera aludiendo a la geometría es una acción de contraposición de dos mundos que se tocan por distantes; la Ética es algebraica en su manera de componerse, eso lo tengo claro; cuando todos hablamos de los principios de correcta acción e interpretación del pensamiento y la acción, siendo unos canallas podemos encadenar coherencias, de las cuales nos sorprendemos.
Tales convoyes de carga son autónomos, pero mi espíritu se niega a aceptar semejante práctica manifiesta.
La ética de Spinoza es falsa por su forma; no hay conexión con el alma del autor; ellas es fría e inconsistente espiritualmente; no puedo hablar del bien con la frialdad de un cirujano extrayendo un tumor.
Spinoza, genial Spinoza; genial y contradictorio artista; no eres filósofo; eres literato, y desde tus textos “demostrados según el orden geométrico” das pie a acciones de arte semejantes a caminar por el mundo cual Ciudadano Kane por su propio reflejo infinito delatado, tras el cual se esconde el vacío y el fracaso.
No entiendo la obra; nunca la he entendido; no veo adonde va, lo que construye ni lo que aporta.
No entiendo nada; mi auto, en el asiento de atrás guarda tirado ese libro por meses; camino con él por años; lo abro, lo miro, lo cierro, lo leo, lo analizo y solo concibo el vacío más gélido y superficial.
No me voy a achicar en esto; tras más de 20 años de estar releyendo esta obra la encuentro un soberano fracaso; rotundo y monumental. Es como esas personas que te engatusan con sus argumentos, pero al distanciarte ves que el sentido de sus días desdicen sus razonamientos.
Cuando estaba por salir de la Universidad escribí una serie de estudios “filosófico-arquitectónicos” (por llamarlos de alguna manera), estaban ellos bañados de la rigurosidad de Spinoza, pero no son aporte al mundo por su severidad y ajuste al verbo y al dicho conciso y de común entendimiento.
Con tal camino de décadas de revisar esta Obra, no puedo sino desecharla con veneración, como si del cielo bajara un ángel femenino, y al no estar a su altura no me sintiera capaz de amarlo.
¿Cuál lealtad es la que condice con mis palabras?; ¿a cual rigor me allego con estas palabras?; no lo sé, y por ahora me importa un comino.
Tengan todos ustedes muy buenas tardes.















































