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martes, 22 de julio de 2008

Indiferencia

Deja que vaya la vida
cual tren que no tuerce su vía

Mata la suerte y la huella
deja latente su estrella

Duerme que el alma rastrera
mata y fragmenta la hoguera

lunes, 21 de julio de 2008

Mansedumbre

La sombra reposa de la mirada esquiva
la calma se empodera de la criba
que remece y establece la deriva

Cual si ella se rindiera a su portento
se despoja y se abandona al firmamento
cual sino que se deja en el lamento

Para ir
a por la huella
en sota vento

viernes, 18 de julio de 2008

Furia

Portento y contratiempo destemplado,
asciende cual volcán que se desdice en su contorno,
cual anciano de reposo muy calmado.

Sin perjuicio de una especie de contienda
sin la cual la mansedumbre se refrenda.

Sabemos de una especie de repulsa,
manera de pasar sin dar señales,
el cuerpo se desvive en el falsío,
poder que se detenta en pos del brío

viernes, 11 de julio de 2008

Perplejidad

Como si tal derecho aconteciera,
tras un mismo delirio que subyace y no condice,
se dice aparte quien su ascenso hacia la duda ya maldice.

De quietud y desidia aparente,
cual especie de señal extraña e inasible,
pero de destiempo y pausa silente.

Camina y no conduce
ni dice su disyuntiva,
tal que espera y no deshonra su cordura,
sin tiempo ni destiempo a tronadura,
para suerte y contratiempo a la deriva.

miércoles, 9 de julio de 2008

Destierro

Muere quien se deja llevar por el nulo camino del lugar arrepentido.
El destino del destierro sabe de sombra y lejanía, cuando se nutre la llegada ante el pórtico de ajena templanza y serranía.
Distante el hombre de su sitio, adonde dejara su huella y su propio arbitrio, pleno de ausencia busca la huella del retorno, aunque por mucho acierto y fortuna se haga adorno. Tal pasión de lamento, se torna agreste mediación del paraje y su porfía, detentado el destino del envío, no sabe quien, que de suerte y despojo se decía, para bien del otro que de tierras y señales fenecía

lunes, 7 de julio de 2008

Placer

En la dosis mora la sentencia del veneno y del remedio, cual veredicto de la forma en su propia cantidad detentada y corregida.
Si de dolor sabemos, de placer no adolecemos, ya que el uno y el otro solo saben del matiz suave y sutil de la caricia que detona el sensitivo y manifiesto poder de la evocación y la entrega, a contramano del clavo depresivo, que hunde la carne y la somete al castigo.
Placer como decoro en su cauce desprendido, cual ciénaga de trazo y suave regazo, que detenta el abrazo y la forma del sargazo, con su bandada de ramajes flotantes en suave deriva o fijación, a la par del oleaje que se lleva en su ritmo y cadencia cual brebaje.
El placer es recompensa y tacto, en suma de toque y certero estoque, para el engaño o la suerte que de belleza te recoge.

Clímax

La amalgama a semejante recompensa, sabe de engaños y fortuna a su tendencia, cuando de imagen y de ambiente se rodea, para la amable y permanente complacencia.
Ni muerte ni victoria, ni persistente ni fatal fanal de gloria. Asciende el alma a su cielo si de toque y felizmente su recelo, mal que sube y que renace tal anhelo, de su muerte y su caída desde el celo.
Desentiéndese de su alma y de su velo, cuando el cuerpo reconoce su deshielo. Todo a quien feliz y tal su desempeño, cuando turba y de tu vida te desdeño.

jueves, 3 de julio de 2008

Dolor

Él es padecimiento de la surgida y manifiesta ultranza de la carne y del cuerpo en su estallido de sensación repentina y detonante. Cual trazo de la flecha que penetra la fibra del tronco, adonde se enclava como si el viento penetrara la nube grácil, así el dolor es mueca intransferible de intenso estado de corporeidad arremetida en fragor sensible de causa y efecto del daño o del parto que abruptamente emerge desde la esencia propia de quien lo manifiesta. El dolor es el candor de una trémula pertinencia indisoluble en su esencia poderosa.
Provoca la causa y el efecto de una misma desventura, cual atravesado corte cardinal que establece la presencia de aquel que sufre su presencia hecha estallido de esencia traída a la conciencia como suerte de conjuro y trauma.
Con todo, dicho el tracto acometido, y dejada la humana sensación de sufrimiento, este, en su debilidad puede ser acaso el matiz de un placer extraño y construido.
Luego, no hay dolor sino que en la expresión de la fuerza concentrada del grito abstracto de carne y cuerpo entretejido.
Tal suerte y tal destino, en suma y cauce, corregido.

viernes, 27 de junio de 2008

Trance

El pensamiento escapa como si fuera la hoja dispersa de la bruma apoderada, y así se deja ir cual deriva que se entrega en su vaivén de estambre detenido en la cosecha febril del avecilla enconada en su disputa y su extracción. Severamente se abandona, la mente, como el navío en su timón desencajado y en distendido afán desencontrado, pero en suma no hay conciencia si de ella dependiera la retórica y el brío, no, claro que no, claro que es de distraídas formas que el vacío se aparece, fecundo y potente desde una distancia recogida en los ámbitos de apertura y confesada lucha, cual contenta y manifiesta turba febril que se suma al tránsito diluido del rango y la ley que se antecede a su manifestación de apurada y fértil tronadura. ¿Cómo así?, me digo, ¿cómo se deviene el vendaval de su propia respuesta, que decae en la estallida manera de entreverse la discordia?, por decir la suerte y no decir la melodía, para ser en la fuerte y repentina reja de pórtico y arcada desplegada. Abstractamente, claro, dejamos la cordura de un lado del camino, en su propia costumbre de guiar con la seguridad de la ausencia de sentido, que guía su propia mesura de fuertes y arrebolados entremeses de sonidos y leyendas difusas, con su estancada maledicencia en pos de la blanca, nívea y argentina deformación del mundo para su propio arbitrio y la extemporánea subjetividad que requiere de maleza, como la flor se arranca en su destreza de belleza y estremecedora debilidad. Piense cómo extrae la flor su hermosura, cuando del jardín se enseñorea, en su egocéntrico clamor de limpieza artificial contra la que todo torso y las columnas de los hombres se parten, en pos de una especie de blancura y aroma poderosos en sí, mas, no podemos decir que tal fuerza centrípeta dejaría al jardinero presa y esclavo de la belleza, ya dijimos que nutre su fragilidad de la destrucción de la flor agreste, que en su pasado supo de rencores vegetales de poder y parasitaria fortuna, en derredor de todo maldito y sereno clamor de fragilidad, engañosa como lo dicho, que ya de poder se sabe el árbol mecido por el viento, que no tuerce su ascenso por dejar torcer su momento. Tal absoluto dicho les regalo, al decir lo que no digo y dejar entornado todo a suma de estremecedora sutileza disfrazada de torpeza. La vida es eso; parapeto de lo dicho en lo silente. Termino así. Que Dios los bendiga y los abrace como suele hacerlo con quien se entrega a su palabra florecida.
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