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martes, 7 de febrero de 2012

Homenaje a Antoni Tàpies [1923-2012]; selección de obras representativas del aporte que aprecio

[©SmcArq] En estos días estaré agregando comentarios por obra o en general. Pero para hablar de este inmenso artista, es necesario reunir un cuerpo representativo de su versatilidad tan elocuente, pero tan unida por un hilo de Ariadna perfectamente reconocible, centrado en atributos que, creo, solo son posibles de expresar en términos netamente poéticos.

Vamos a ver qué sale.

Lo que más me ha llamado siempre la atención en Tâpies es que, en el fondo, su pintura no es abstracta ni figurativa; ya expondré más adelante por qué afirmo esto, sin perjuicio de haber hablado antes de que hay poder de abstracción en sus propuetas. Pero en general, lo suyo ni es abstracción ni es figuración; tal medianía implacable es lo que más me ha conmovido en su obra.

Aparentemente su pintura es casi una estafa para quienes quieren encontrar la complejidad de la representación; pero en Tàpies la representación no existe, y si algún símbolo es reconocible es porque ha sido sacado de su pleno contexto, para darle otro, de similar potencia, pero de nuevo sentido.

Cruces que no crucifican, rayados que no logran sino expresar un grito puro, traspadaso a lo visual.


Metafóricamente la pintura de Tàpies es alquímica.

La letra a no es "a" y la letra t no es la letra "t",
ya que ambas representan una "letridad" ausente,
dispuesta para marcar su intensidad gráfica
a partir de su fuerza de acometida sobre la materia.

La letra no es "esa"letra, sino que es "cualquier letra"
aludiendo a una cosa poderosas del rayar alguna superficie con ella.
La letra es su propio pretexto "improntado" sobre su soporte.

Entendamos bien esto; no es necesario saber
por qué
se puso una letra "a" y una letra "t";

Lo que se necesita saber está contenido

en la disposición de estas letras
relacionadas con los demás elementos de la obra.

La obra no figura a estas letras; la obra las reformula

en su poder de trazo y acometida.
El brochazo vertical contrasta
en su delgadez y linealidad
con respecto a las costras allegadas a la superficie;


A los pies del soporte el brochazo se desgrana en grafismos


Son 4 las partes de esta obra; costras, brochazo, grafismos, soporte rosado


Resulta difícil comprender
que lisa y llanamente eso es todo lo que el artista quería decir
dejando en los demás la vivencia de tal factibilidad .


 Tàpies desencadena hechos factiblemente cuasi-espontáneos
elevados a la categoría de Obra de Arte.


Tàpies extrae de la realidad su manera de registrarse.


Tàpies aprendió los códigos de lo realmente espontaneo
para hacerlos su propia representación transfigurada.
Lo impresionante en Tàpies es siempre
la capacidad de bordear lo bàsicamente soportante
de manera tal de hacer de esta postura limítrofe
un esplendor particular.


Tàpies sabe tornar un soporte complejo
en una propuesta simple y vibrante.

La reunión de partes puede volverse una disputa inasible
de manera tal de poder reconocer una especie de "energía" atrapada
en el brochazo impertinente
factible de ser encontrado en la molestia callejera
de una ofensa escrita
pero en el caso de sus obra es siempre una trascendencia
a partir de la descontextualización de tal poderosa energía anónima.


Tàpies fue siempre un aprendiz de lo cotidianamente inédito y espontaneo.


Tàpies siempre fue un cazador de espontaneidades.
Disputa evidente de soporte y acometida particular.


La "muralidad" de esta propuesta es evidente.

Cuando afirmo que Tàpies no es ni abstracto ni figurativo
pretendo aludir a esta especie de independencia absoluta
de la figura en su "transfiguración poética".


Cuando Tàpies toma algún elemento reconocible
suele hacerlo para modificar plenamente su significado y su esplendor.


El poder descontextualizador de las obras de Tàpies es completo.


Las partes reconocibles que el maestro escoge
forman parte de otras realidades sobre el soporte
o como parte del soporte.


Suele ocurrir que aquello que Tàpies escoge
para formar parte de sus obras
se transfigura en la esencia de su propio esplendor.
















viernes, 29 de julio de 2011

[Antoni Tàpies] "7 de novembre", 1971 © Fundació Antoni Tàpies, Barcelona/VEGAP © de la fotografía: Martí Gasull


[©SmcArq]
Miren esta obra de 1971
Se combina la escritura,
la agresión a la tela
por medio de un brochazo
con la simulación de una enumeración a pinceladas toscas,
mezclando el amarillo con el rojo,

Leamos según lo que sabemos.

A lo anterior se suma un fondo crudo,
tosco,
terroso,
y en la base una mancha clara que permite contrarrestar
todo el drama caligráfico y pictórico de la parte superior.

El formato y el espacio al pie de la acometida superior
hace pensar en un afiche.

Vaya uno a saber,
pero el manejo de la superficie
y de la energía plasmada
es sumamente potente,
y contenido.

Tal potencia contenida

es la que permite hablar de elegancia
en semejante y aparente
soltura de trazo.

jueves, 28 de julio de 2011

[Antoni Tàpies] "Composición con Ropa y Cuerda" o la elegancia de una retroalimentación magistral entre el formato y el mundo

[©SmcArq]

¡Esta obra me supera!;

Ahora bien; lo que sí puedo hacer es decir por qué no sé qué decir de esta obra de arte:

Es sumamente compleja, y esa complejidad proviene de la percepción de un ordenamiento y una coherencia que se capta de inmediato.

Es una obra cargada de colores y elementos de los cuales no es posible de buenas a primeras captar su efectivo rol en la acometida, sin perjuicio de que se percibe que el sentido unificador existe.

Es una obra de muchísimos significados difíciles de relacionar unos con otros.

Es una obra donde se captan simbolismos dispersos.

Es una obra sumamente abstracta, por mucho que exista la figuración de grafismos, y roles de los materiales equiparables a la realidad.

De alguna misteriosa manera se ve de buenas a primeras que lo que se hace es "hacer como hace el resto de los mortales en su vida diaria" cuando deja a las cosas abandonarse a su suerte.

La intensidad de los gestos se capta y es una que se percibe en múltiples partes que metafóricamente destellan aquí y allá.

Desde siempre entendí que Tàpies se inspiró principalmente en las huellas del mundo que vive en sus territorios y sobre sus cosas, para hacer como aquel, pero con la impronta de una propuesta estética nueva y sumamente original, por mucho que perciba que muchos antecesores modernos se anotan como influencias.

Tàpies es originalísimo pues logra abstractamente unir el caos y la energía del actuar del mundo sobre murallas, senderos, mesas, artículos, ropajes, abandonos, acometidas casuales, agresividad grafitera, etc. a una sapiencia y destreza estética refinadísima.

Esta obra de arte es sumamente refinada, pulcra, limpia de detalles ociosos, por mucho que tantas manchas, arrugas y supuestos jirones la pueblen.



Esa es la potencia de este genial artista, por mucho que se crea que muchos otros han logrado esto y más.

Ahora bien; no sé lo que Tàpies dice aquí, pero lo que sí se es que dice algo intenso, y con una vocación de belleza elocuente.

Y no digo que la provocación sorda que tengo sea el fin de esta obra. Claro que no.

Es el ciframiento del sentido el que se interpone, entre la directa compensación del goce, con la intentona analítica de relacionarlo en pos de reconocer la informalidad inspiradora.

Es informal la simulación y ni siquiera es simulación, pues ya dijimos que esta obra no es figurativa; es ambiguamente abstracta; tanto que en la medida en que se hace abstracta más se reconocen sus partes surgidas del arte callejero, del impulso ofensivo de los baños públicos, de lo obsceno, de lo subrepticio.

Desde este punto de vista es que siempre percibo al arte de Tàpies como fundacional, ya que es esta estética la que retroalimentada por la elegancia d estas obras vuelve al mundo, así como para hacer de él un lugar donde tal ciudadana estética y costumbre se dignifique, para que las ciudades logren dar el lugar que se necesita a lo espontáneo como ordenador de la vida.

Pero yendo al punto específico que en otros análisis me ha ocupado, no veo cual es el orden neto. Lo que sí veo es la fidelidad a una espontaneidad ajena; es como si Tàpies hubiera aprendido a hacer como hacen las multitudes en las superficies, y hubiera elevado a los altares de la apreciación artística más solemne tales maneras.

Las cosas descritas como manchas, chorreos y rayones se ordenan como el paso de las multitudes va dejando marcada en la ciudad sus despreocupaciones. Es todo tan extraño y tan reconocible a la vez; es todo tan culturalmente reconocible y tan distante del mundo al mismo tiempo.

Profunda obra, casi inatrapable

Y sigo insistiendo que me supera.



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