miércoles, 29 de junio de 2011

[El Greco] Las Lágrimas de San Pedro, o la dualidad reiterativa y sobrepuesta

[©SmcArq] Esta obra se lee, se comprende y se admira desde la empatía.

El detalle de las llaves es un aspecto que simplemente se señala para quienes sepan entrever en tal atuendo la calidad trascendente que en este cuadro no se produce ni se reproduce elocuentemente salvo por la mirada vidriosa y las manos de este varón. Una doble coloración tiñe sus ropas; sus manos ruegan, su mirada se traslada a otra esfera del corazón y la contemplación. Los trazos blanquecinos entregan fuerza y grosor a la textura haciendo al evento una experiencia virilmente expresada en su generalidad. San Pedro es dos personas (aventuramos), sus ropas son dos, las manos y el rostro son dos, dos maneras de ver; desde la lectura de señales simbólicas y desde la empatía; ambos aspectos casi contrapuestos. No deja de llamarme una vez más la atención el tema de las llaves, como si Doménikos Theotokópoulos no hubiera querido darse más recursos que casi escribir en la tela que se trataba del portero de los cielos colgando las llaves en las muñecas del protagonista. De alguna manera la delicadeza de la mirada transpuesta (no se encuentra el hombre "aquí") no se toca ni se condice con esas - reitero - simples llaves dispuestas. Dos llaves, dos telas, manos y rostro aunados, el cuerpo apunta en forma triangular hacia arriba, a la vez que la mirada lo recalca. La dualidad de esta obra es redundante para decir algo (místico) de lo cual no quiero hacerme cargo en esta acometida, sin perjuicio de la cara, levemente disminuida en proporciones en relación al cuerpo, a los brazos; esto, según sé, es característico de este pintor, casi como "su estilo" (que es casi no decir nada).
Otra dualidad surge desde el fondo; por una parte la obscuridad predominante y por otra, en un rasgo tan levemente oblicuo como de igual modo se dispone el cuerpo, la union entre las dos telas y el vector que se produce entre manos y rostro, se despliega un fondo distante donde una persona, algo deforme se insinúa, con el fondo de un techo; la persona y la techumbre. El secreto de esta obra está en las dualidades, sobre las cuales todo quiere encontrar su orden y su sentido.
No por nada, ya lo dijimos, Pedro está "allá" y no acá, con todo lo que ese "allá" puede involucrar ,desde las lecturas sobrepuestas y dobles que hasta el cansancio hemos expuesto, sin olvidar que, y con esto termino, como ya dijimos, el trazo de textura grueso enmarca a la delicadeza lograda en los gestos, como si no fuera suficiente con tantas dobles lecturas que podemos realizar. Tal capacidad de ensamblar estas acometidas en la ley descrita hacen de esta obra algo poderoso, según mi muy personal modo de ver las cosas, siempre olvidando quien es quien y la historia desencadenada fuera de la tela acerca de esta, de su autor, y de Pedro.

¿Es artificial todo lo expuesto en este escrito, o fluye como ya se ha descrito?

2 comentarios:

Sergio Meza C. dijo...

En los próximos días estaré viendo otras obras de don Doménikos, a ver si aparece algo tan neto en cada una de ellas, sin dejar de tener en consideración que esta preponderante enumeración dual de este caso en particular puede ser solo parte de mi plena y particular imaginación...

Sergio Meza C. dijo...

Debo hacer un comentario que me parece de justicia: este "San Pedro" del cuadro está emocionado, cosa de la cual he hecho, de alguna manera, abstracción, para bien o para mal.

Sobre esta simple, evidente y manifiesta omisión quisiera hacer una especie de mea culpa, por cuanto esta "pena" no sé cómo colocarla dentro de lo pictórico; ella, la pena, es un sentimiento, que se lee del gesto y de la postura del cuerpo, pero tal lectura no es parte de la estructura del cuadro; es como que la emotividad está siendo soportada por todo aquello que efectivamente declaré como estructural, y que en este caso específico apunta a las dualidades. Hay una especie de enajenación que no me acomoda, y de la cual quisiera hacerme cargo más adelante, si me pareciera que corresponde hacerlo.

A lo mejor el gesto de emotividad al que aludo también me parece ambiguo (dual), por cuanto de él no es posible saber si es pena o dicha la que se trasunta, y con respecto al título, no puedo sino manifestarme, por principio, escéptico, pues este puede apuntar a cualquier sitio. Nadie sabe qué estaba pensando el autor de la obra cuando así la tituló.

Lo único que consta es la pintura, lo demás es un misterio.

Saludos.

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