lunes, 1 de diciembre de 2008

Ícaro

Introducción
Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005.
"Dédalo, en la mitología griega, el arquitecto e inventor que diseñó para el rey Minos de Creta el laberinto en el que fue aprisionado el Minotauro, un monstruo comedor de hombres que era mitad hombre y mitad toro. El laberinto fue tan hábilmente diseñado que nadie podía escapar de ese espacio intrincado o del Minotauro. Dédalo reveló el secreto del laberinto sólo a Ariadna, hija de Minos, y ella ayudó a su amante, el héroe ateniense Teseo, a matar al monstruo y escapar. Encolerizado por la fuga, Minos encarceló a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. Aunque los prisioneros no podían encontrar la salida, Dédalo fabricó alas de cera para que ambos pudieran salir volando del laberinto. Ícaro, sin embargo, voló demasiado cerca del sol; sus alas se derritieron y cayó al mar. Dédalo voló hasta Sicilia, donde fue recibido por el rey Cócalo. Minos persiguió después a Dédalo pero las hijas de Cócalo lo mataron."


Ícaro

Hecho el vuelo, consolidado el desacierto, muerto el causante y expuesto el error, quedan los cielos vacíos, los restos caídos y el llanto derramado, bajo un sol implacable, que no sabe de excesos ni de certeras acometidas, ya que nunca ha sido su destello, la completa manifestación de un trino que, cual arco y su flecha dispuesta, tensa un alma, apunta un destino y sugiere un sentido; que detona la marcha, condice su impulso e implica su arribo.
Luego, no fue una isla, ni tampoco un laberinto, ni fueron alas, ni fue su sol que arrastró una caída que no sucedió, sobre un suelo que no se interpuso, en el cual acaso logró desplegarse, un drama que no tuvo certidumbre ni acontecimiento, pues no era Ícaro el caído, ni Dédalo el precavido; no era el sol el destino, ni era el cielo su camino. Nadie voló, nadie murió, nadie lo supo, nadie se enteró, a no ser que alguien tan solitario como aquel fulgor aludido, hiciera carne imaginaria, a la abstracta huella del mundo, que en su trazo todo lo ata, y todo lo vuelve fecundo.

3 comentarios:

Lilian dijo...

Bella nostalgia...

Sergio Meza C. dijo...

Tengo muy claro adonde apunto con este cuento. Tiene que ver con el sentido de las proposiciones mitológicas, que en un tiempo me tuvieron ocupado. Es demasiado simple pensar que el pensamiento mitológico es "primitivo".

Lo que pasa es que, dado el estado de las cosas, en un momento dado de la historia, la visión mitológicoa de lo trascendente era una respuesta certera; lo que ahora entendemos de la mitología no es más que los restos de una plenitud cultural ya ida hace milenios.

En esos años habían tantos intelectuales capaces de pensar tantas abstracciones trascendentes como muchos de nostoros podemos hacerlo; lo que pasa es que este era el lenguaje en ese tiempo, pero hay una lectura profunda de lo mitológico que a muchos se nos escapa.

Sophia Circe dijo...

El alcance de las explicaciones mitológicas a la realidad trascendente es tan profundo, como muy bien refieres, y se alcanzó tal grado de comunión con el universo que cuando nace el cristianismo adopta los valores que emanan de las fuentes mitológicas, que no hay que olvidar que eran paganas, politeístas, y así la figura de Cristo se sincretiza con Hércules y así lo vemos representado en el arte paleocristiano, los primeros doctores de la Iglesia fundamentan su cátedra en el platonismo, en los valores de unos grandes filósofos que entendían la Creación y al hombre en clave de mitología. No son cuentos, aunque también, su lectura es muy profunda, sabia y a la vez sencilla, quizá por eso hoy día nos resulte complicado asimilar algo tan elemental.
Saludos

Para ir a la Página Principal de este Blog hacer click AQUÍ

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...