martes, 12 de febrero de 2008

Disquisiciones en Relación al Contenido Literario

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 25 de Octubre de 2006]

El contenido de un texto es aquello que al captarlo hace pensar que lo escrito tiene, en definitiva, un fondo hacia el cual apuntan las cosas dispuestas en el total presentado.
Luego, puede ser que el contenido de un texto sea intrínseco o extrínseco.
El contenido de un texto será intrínseco si alude en sus partes a lo mismo a lo que el contenido apunta. Será extrínseco un contenido si su fondo se encuentra en otro ámbito que el apuntado, de manera tal que cuando se lea se tenga la sensación de que lo leído no es lo concluido a sentido contrario, inverso, paralelo etc, etc, etc.
Ahora bien, cuando un texto carece de un contenido extrínseco o intrínseco evidente, aparece el problema, ya que se entra en el campo de las relatividades que nos llevan a escuchar sandeces como que “la idea era esa; vaciar de contenido el texto; luego el contenido es la ausencia del mismo”.
Cuando pasa esto último, puede que se esté ante la incapacidad del escritor disfrazada de fundamento, pues el contenido, esté adentro o afuera del texto en sí, es el centro del asunto del que escribe.
Entonces lo más importante de un escrito es el contenido, que mientras más denso y profuso sea en relación inversamente proporcional a la cantidad de palabras, mejor será en definitiva.
El sentido de un escrito debe siempre apuntar a su contenido, o mejor dicho, nunca un texto debe dejar de apuntar a su contenido.

De lo anterior se concluye que el sentido de un texto debe estar basado en el contenido que el escrito mismo construye.

Ejemplo (propio) de contenido intrínseco:

Deja ser a la propia pausa, para que ella deshaga todo desencuentro, en el ritmo pausado de la faena diaria del vivir contemplativo”.
[aquí se encuentra el contenido en lo que la Palabra dice]

Ejemplo (también propio) de contenido extrínseco:

Pasaba por mi propio brío, cuando este me alentó a desplazarme hacia la interna grandeza apaciguada”.
[aquí se encuentra el contenido en lo que la Palabra no dice, luego el contenido es otro, en otro lugar de mi ser o de mi propia condición. Esto anterior se establece desde el punto de vista ético, por cuanto semejante grandeza aludida de propio motivo y auto bombo no es sino errática y por lo mismo, la lectura avanza en su conclusión hacia el contenido de la fatuidad, cosa que evidentemente el texto no expresa en sí]

Valga el apronte para preguntarme si es pertinente desde una posición distante, afirmar que en la literatura es un imperativo el contenido como cauce que lleva al sentido.

En Vicente Huidobro tenemos los poemas árticos (pasa que tengo el libro). Estos poemas son como un cuadro de Malevich; no presentan intensión de contenido y por otra parte solo muestran realidades inventadas tales como (ejemplo propio) “la pajarera que corona la aurora”.
Puede ser que sus ganas al escribir (las de Vicente) se fueran hacia símbolos que tenían llegada en cajas de significado bien definido (digo yo), pero no es posible distinguir en su Obra la coherencia necesaria para establecer los nexos entre el fárrago de imágenes que se desató a inventar (“crear” según él).

Pregunta: ¿Es necesario que un texto sea construido intrínseca o extrínsecamente apuntando al contenido?, y desde este punto de vista ¿Es mejor un texto cuando su contenido es más múltiple en inversa relación a la extensión del mismo?.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

interesante...........

Dro dijo...

La eterna discusión. De tanto leerla y escucharla, ya me olvidé cual era mi posición al respecto.
:P

Sergio Meza C. dijo...

Yo creo que el problema no está en que una discusión sea eterna, ni está en lo que leas o escuches.

Por lo menos para mí una eterna discusión llega a su fin cuando me hago mi propia opinión; ahí resuelvo mi problema, y que los demás sigan dando botes en las opiniones ajenas.

No me gustaría decir que de tanto escuchar y/o leer ya no se ni lo que pienso. Lo que dices no es baladí. A la mayoría le pasa esto; les llega el momento en que simplemente las propias opiniones se vuelven un álgebra vacía, a partir de ensamblar partes de otras cosas que no terminan de convencerlo.

Saludos.
_________________

PS: En todo caso esto de lo que hablamos pasa por lo mismo que pasa una muralla de ladrillos; su buena confección radica en estar en manos de un albañil con experiencia, práctica y fluidez, de esa que produce verdaderas coreografías de bloques de ladrillo danzando desde sus manos hacia la mezcla.

La elocuencia del albañil provoca murallas importantes, si no solo tenemos muros ciegos quebradizos, entrecortados y agrietados

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