viernes, 29 de abril de 2011

"El Columpio", de Jean-Honoré Fragonard

[©SmcArq] ¿Cómo todo es uno en este cuadro?; pues a mi entender la respuesta podría tener una verbalización (de tantas) a partir de la acomodada forma de cada elemento, ya sea natural, desde las personas o simplemente artificial. El misterio de esta obra está en el logro del movimiento suspendido en la medida en que todo aquí está determinado en función del ascenso de la mujer seducida por el hombre penumbroso pero concentrado hacia ella; el ramaje se proyecta, la luz se hace columna oblicua, los troncos se inclinan, cupido observa, el encargado sonriente y cómplice de mecer a la dama luce casi desaparecido, en esta especie de estallido momentáneo de fragor connatural, manifestado en la romántica complicidad de las formas, determinadas hasta ahí donde dejarían de ser verosímiles para cuajar en otra cosa, que acaso bordearía el surrealismo explícito*. Por otro lado el color participa, obviamente, en esta fiesta de coherencias; él es afín, relacionado, casi de la misma familia cada matiz, tanto sea el rosado como el verde, como el amarillo verdusco.


No he querido investigar la época de esta obra hasta aquí, para no afirmar históricamente nada. Pero estamos ante una manifestación de exacerbación controlada, ya sea por el tiempo en que fuera realizada o por la intimidad de la escena, de alguna manera subordinada hacia la mujer, que es centro, eje y pivote de cada aspecto distinguible, al punto de ella poder ser otra cosa, desde tal esplendor expresado; ¿qué alcanza a ser ella en semejante circunstancia?; ¿cual atributo se desprende de este esplendor de péndulo, luz, sonrisas, deformación subjetiva de lo natural y espaciamiento configurado por el bosque y la arquitectura esbozada?...



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* Estoy convencido de que el surrealismo termina de asentar sus bases históricas más profundas en el período romántico europeo, así que, atendiendo al tratamiento desbocadamente subjetivo de las formas, esta obra debiera ser eso; una obra romántica, por mucho abarrocamiento que aún se alcance a distinguir en la ligazón de actitudes con naturaleza y detalles.

2 comentarios:

Redacción - Jugar con Fuego dijo...

Un artículo relacionado :)
http://www.jugarconfuego.es/swing_fragonard.html

Sergio Meza C. dijo...

Gracias por el dato; muy buen post el que me refieres. Alude ál paralelismo retroalimentado de la pintura con la música, sin perjuicio de que, a mi parecer, lo que se comenta a partir del cuadro desborda lo que el cuadro presenta, cosa que es una opción que suelo evitar. Mi principio es "quedarse dentro de la obra hasta el final, dejando afuera, o debidamente delimitado todo contenido deducible y no plasmado dentro de ella"

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