martes, 13 de abril de 2010

“Antecedentes y pormenores de un acto especulativo en relación a cómo se formaría una obra pictórica magistral, si tuviera, yo, el talento necesario como para pintar lo que soy capaz de describir textualmente a modo de Síntesis Final de un Siglo que aún no termina de entregarnos sus Pulsaciones de Esplendor Paradojal”

- O “Manifiesto Personal del Siglo XX”
- O “Hábil y deshonrada manera de Impactar a quienes no serán nunca capaces de desentrañar semejante armazón plástica con fines meramente replicantes”


[©SmcArq] Al leer la vida de algunos artistas de la vanguardia de los inicios del siglo XX se me vino a la cabeza, siendo las 13:05 horas, la necesidad infecunda de crear, para parecerme a ellos, y entonces concibo, apropiadamente, interesantes artilugios festivos y disonantes, donde la generatriz principal estriba en una especie de arrebatado sistema de piezas opacas que generan aparente movimiento retráctil hacia pensamientos hechos imagen de abstracta factura de vidas, latidos, pensamientos, fárragos de tormentas apocalípticas y batallas de trincheras cuales enfrentamientos alegóricos de ángeles y contrarios, trabados en su especie de misión trascendental, todo esto encajado en un rectángulo severo, de dimensiones ”tres es a cuatro” de marco de madera negro, capaz de dar cabida a la potencia de un ser moribundo surgiendo de un estallido brillante, amarillo intenso y destemplado, pudiendo, él, iluminar a toda la obra, sin desencajar en sus particularidades esenciales que hacen de este ensamble total, que llamaría “las oleadas de influencias acaecidas”, un vector de cadencia oportuna y grácil, donde lo tosco y lo finamente delineado encuentran su lugar, su tiempo, su espacio y su entendimiento, ya que todo esto que les describo atormentadamente no es sino belleza desatada y absolutamente ininteligible, portadora de una perplejidad sin atributos primordiales, cual caldo de cultivo de un estado de ánimo versátil pero fielmente asentado sobre “aquello que vimos y que reconocemos como propio” cuando no entendemos pero si sentimos tal arrobamiento de plenitudes inconmensurables que nos inundan cual serpiente reptando por el estanque transparente de una orilla cualquiera donde abunda la vida, una en pos de la otra, para devorarse recíprocamente y detentar el futuro en esta contienda que me lleva una vez más a la alegoría angelical de trincheras ya aludida, y todo así se enlaza y sueña su presencia, como si surgiera de nuestras entrañas una y otra vez, y todo esto es un vértigo perpetuo del cual no queremos salir sino pletóricos de un mareo de espíritu y cuerpo inolvidable.

Sucedería en una semana de trabajo febril. Así de franco es todo eso, y se vería reflejada en un producto asimilable a un manto etéreo y pormenorizado, inasible en sus formas, pero capaz de emanar una especie de vaho plástico abarrocado, catastrable en parte e indefinible por otra parte, figurable pero de un modo huidizo, casi como si fueran encandilamientos subconcientes, si es que algo así pudiera suceder, dicho de un modo metafórico…

Y lo haría por imitar infantilmente a todos estos dadaístas, cubistas, expresionistas e impresionistas y surrealistas que he conocido por enciclopedias, libros, cursos, estudios, trabajo, vida y ensoñación…

¿Es que acaso ven a esta obra que no existirá sino como futuras intensiones de verbo hecho carne de latidos incapaces de abrazar el ensueño cometido?...

¿Qué es esto que predigo; ¿potencia o impotencia?; fui capaz o fui incapaz en mi sincera y transparente exposición?...

¿Hay alguna obra humana que no surge de la vencida y superada imitación?

¿Quiénes o cuales sucesos del siglo ya ido convergen en este ejercicio infantilmente acometido?

En suma; ¿Quién soy o quien quiero ser en este texto?. ¿Jorge Luis Borges o Carlos Argentino Daneri?

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