[©SmcArq] Andrés Zagal es un artista chileno, que no publica sus obras en la red, salvo para sus amigos.El cuadro que les presento es una pintura abstracta.
Me la hizo llegar, denominando a la imagen como “Cuadro Grande Nº13”, así que presumo que o no la ha titulado, o titularla le parece intrascendente.
Aunque no lo quiera o no lo haya premeditado, los humanos que somos percibimos en él la profundidad que entrega y contiene. Tiene tres partes; arriba, abajo y lo que queda encima de aquellas dos partes del contexto, o fondo. Sin embargo la pintura es abstracta. Por cierto que un cuadro abstracto no necesita “quitar” la profundidad para serlo aún más, así que entenderemos que tal imagen de realidad que porta, puede y no puede ser transportada del mundo que bien conocemos. Hay en esta pintura una especie de (y aventuraremos aquí un intento de nombrar lo que percibo) “amanchamiento” agresivo y repentino, trazado en la huella de un ímpetu del cual la obra queda impregnada en extremo. No dice ni apunta, no señala, solo, y esto es capital, presenta aquello que queda en el límite de una incipiente adivinación atenuada. Los colores van y quedan, sobrevuelan, remarcan la profundidad, esbozan difuminadamente unas “presencias” que sobrevienen a la vista como protagonistas de un contexto donde todo está, contrariamente a lo que determina la impronta y la textura de la obra, sumamente puesto en su sitio permanente. Nada vibra por su orden; todo vibra “en sí”. De hecho no es el orden el dinámico, y casi diremos que el ordenamiento de las cosas que se presentan son completamente convencionales. Es como si el trazo vibrara aparte de su destino ensimismado, como parte constituyente de una señal compleja y aventurada según el tráfago de pulsaciones virtuales que deja una acometida, por decirlo de algún modo, atormentada, pero predecible.
Temperamentalmente hablando tenemos aquí una suerte de no-dibujo extremo que ni esboza ni alumbra; ni dice, ni hace, solo rasga y somete el color a la potencia de la huella que ni se funde ni se hace una con nada. Entonces, ¿Cuál vendría siendo la evidente unidad de todo esto?; ¿cómo se logra aquí la elocuente sensación de completa coherencia?.
Pues yo creo que tal arriostramiento de sus partes, queda establecido por la fiel seña de ser cada elemento como el siguiente es, o sea, con su propia fuerza y potencia, con agresividad y con confianza, con determinación, con instinto de decir algo que no termina siendo sino el vector de recorrido de un ojo contemplativo que detona en estallidos de frenesí y cromatismo, de cuyo registro el cuadro se hace portador recíproco.
La clave de entrada a esta trampa de furor cromático-vectorial es la ilusión de espacio tridimensional que nos encierra en una especie de ver para sentir que se conoce lo que no se logra reconocer, sin figura, pues la desfiguración siquiera es parte de esta aventura de golpes lineales y superficiales, que dejan encima al trazo sobre el lecho de color desafiante, que cuando se lo dice se escapa por entre las pestañas de una mirada jugada en atrapar lo inatrapable.
La huella es fugaz, la figura se esfuma, el trazo se proyecta de uno en otro.
Tal abstracción en suma logra esta pintura, cuando te enseña una clave desde la cual quedas despistado, pues al entrar a la comprensión real te engañas, y nada reconoces, y cuando abstraes un orden este se esfuma y se desata.
Con todo, la encuentro excelente. Debo reconocer que ni ante un cuadro de Pollock podría sentirme tan desorientado como me siento tras esta acometida textual, donde siento que dije lo que debía decir, y me siento como al inicio; entrampado en la belleza única de esta obra, casi sin palabras, por mucho que las escriba e intente ensamblarlas.
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Para contactarse con el artista comentado en este Post, dirigir sus emails a
Andrés Zagal Montealegre ; azagalmontealegre@gmail.com





















