Llegué a su cumbre hace más de veinte años. Su frente denota el derrame que se condice hacia su cono deyectado, ya que se entra en su anterior fachada como el bosque de boldos se hincha desde su lomo de restos fecundos en decenas de milenios desgastados. Rige las vidas de un pueblo, y se percibe y delinea tan de lejos, como se perdería un trasatlántico en el mar a la distancia. Un lomo horizontal se conforma desde su cumbre severa y estrecha de lascas filosas hacia el oriente, y en él se desencadenan ajardinadas plantas rastreras y grupos de matorrales confinados en su altura, capaces de soportar inviernos y nevazones severas. El agua no existe salvo, creo, como la brisa que tales especies capturan desde el aéreo suministro avenido de las nubes y la evaporación de tierras más abajo. Tal modestia vegetal, confinada entre naturales senderos descubiertos entre piedras, contrasta con el entorno, absoluto en amplitud y dominio, pues es cumbre y atalaya de decenas de valles encadenados en su curvatura, que pierden el ojo en la bruma del tan lejano mar que penetra en las mañanas y en su voluta dispersa, cual nubada deshecha desde el tramo que camina. Y se desencadenan las cuencas del río Claro, el Cachapoal, el estero Rigolemu, y la confluencia de aquellos en el Rapel determinado aguas abajo de Peumo, con el atravieso de la cuenca mayor de Rancagua que se entrampa desde el angosto paso de Paine y camina hasta la angostura de Rigolemu. Las horas arriba son rastro de atisbo incansable en el precipicio mismo de la cumbre de su cerro en el frontis que abraza al pueblo de El Cerrillo, cientos de metros debajo de tal murallón implacable, y en sí el colorido terroso de sus plantas es breve y bulboso, pardos sus brillos y deslumbres de hojas acuosas y filosos despuntes de protegidos atisbos vegetales lucen su acogida de proximidad desde las cuales un arbusto superior solitario da la sombra del descanso y la siesta donde duermen los visitantes, tras cuyo trance descienden los mismos por su brazo sur que se allega al manantial de agua mineral que de vitalidad embotella su comercio y mayoreo.
Concibo al cerro como padre del agua exquisita que penetra en el suelo y anega los campos próximos, cuando décadas atrás era termal visita de tinas y baños minerales.Volveré a subirlo a ver si la memoria y el tiempo persisten en su contraste de hierba raída en caminos de lascas y arbustos que se cruzan hasta que la cumbre acontece tras resbalar por el pedregal que tropieza su llegada en la estrecha y puntiaguda manera de derramar la frente del hombre en las cuencas y hoyas suspendidas en la curva de una tierra sometida por la turbia vista que cofunde al nubarrón y la niebla repentina.



