El pensamiento escapa como si fuera la hoja dispersa de la bruma apoderada, y así se deja ir cual deriva que se entrega en su vaivén de estambre detenido en la cosecha febril del avecilla enconada en su disputa y su extracción. Severamente se abandona, la mente, como el navío en su timón desencajado y en distendido afán desencontrado, pero en suma no hay conciencia si de ella dependiera la retórica y el brío, no, claro que no, claro que es de distraídas formas que el vacío se aparece, fecundo y potente desde una distancia recogida en los ámbitos de apertura y confesada lucha, cual contenta y manifiesta turba febril que se suma al tránsito diluido del rango y la ley que se antecede a su manifestación de apurada y fértil tronadura. ¿Cómo así?, me digo, ¿cómo se deviene el vendaval de su propia respuesta, que decae en la estallida manera de entreverse la discordia?, por decir la suerte y no decir la melodía, para ser en la fuerte y repentina reja de pórtico y arcada desplegada. Abstractamente, claro, dejamos la cordura de un lado del camino, en su propia costumbre de guiar con la seguridad de la ausencia de sentido, que guía su propia mesura de fuertes y arrebolados entremeses de sonidos y leyendas difusas, con su estancada maledicencia en pos de la blanca, nívea y argentina deformación del mundo para su propio arbitrio y la extemporánea subjetividad que requiere de maleza, como la flor se arranca en su destreza de belleza y estremecedora debilidad. Piense cómo extrae la flor su hermosura, cuando del jardín se enseñorea, en su egocéntrico clamor de limpieza artificial contra la que todo torso y las columnas de los hombres se parten, en pos de una especie de blancura y aroma poderosos en sí, mas, no podemos decir que tal fuerza centrípeta dejaría al jardinero presa y esclavo de la belleza, ya dijimos que nutre su fragilidad de la destrucción de la flor agreste, que en su pasado supo de rencores vegetales de poder y parasitaria fortuna, en derredor de todo maldito y sereno clamor de fragilidad, engañosa como lo dicho, que ya de poder se sabe el árbol mecido por el viento, que no tuerce su ascenso por dejar torcer su momento. Tal absoluto dicho les regalo, al decir lo que no digo y dejar entornado todo a suma de estremecedora sutileza disfrazada de torpeza. La vida es eso; parapeto de lo dicho en lo silente. Termino así. Que Dios los bendiga y los abrace como suele hacerlo con quien se entrega a su palabra florecida.
[Libre Experimentación Artística desde la Escritura] + [Pensamiento Creativo] + [Filosofía]
viernes, 27 de junio de 2008
Trance
El pensamiento escapa como si fuera la hoja dispersa de la bruma apoderada, y así se deja ir cual deriva que se entrega en su vaivén de estambre detenido en la cosecha febril del avecilla enconada en su disputa y su extracción. Severamente se abandona, la mente, como el navío en su timón desencajado y en distendido afán desencontrado, pero en suma no hay conciencia si de ella dependiera la retórica y el brío, no, claro que no, claro que es de distraídas formas que el vacío se aparece, fecundo y potente desde una distancia recogida en los ámbitos de apertura y confesada lucha, cual contenta y manifiesta turba febril que se suma al tránsito diluido del rango y la ley que se antecede a su manifestación de apurada y fértil tronadura. ¿Cómo así?, me digo, ¿cómo se deviene el vendaval de su propia respuesta, que decae en la estallida manera de entreverse la discordia?, por decir la suerte y no decir la melodía, para ser en la fuerte y repentina reja de pórtico y arcada desplegada. Abstractamente, claro, dejamos la cordura de un lado del camino, en su propia costumbre de guiar con la seguridad de la ausencia de sentido, que guía su propia mesura de fuertes y arrebolados entremeses de sonidos y leyendas difusas, con su estancada maledicencia en pos de la blanca, nívea y argentina deformación del mundo para su propio arbitrio y la extemporánea subjetividad que requiere de maleza, como la flor se arranca en su destreza de belleza y estremecedora debilidad. Piense cómo extrae la flor su hermosura, cuando del jardín se enseñorea, en su egocéntrico clamor de limpieza artificial contra la que todo torso y las columnas de los hombres se parten, en pos de una especie de blancura y aroma poderosos en sí, mas, no podemos decir que tal fuerza centrípeta dejaría al jardinero presa y esclavo de la belleza, ya dijimos que nutre su fragilidad de la destrucción de la flor agreste, que en su pasado supo de rencores vegetales de poder y parasitaria fortuna, en derredor de todo maldito y sereno clamor de fragilidad, engañosa como lo dicho, que ya de poder se sabe el árbol mecido por el viento, que no tuerce su ascenso por dejar torcer su momento. Tal absoluto dicho les regalo, al decir lo que no digo y dejar entornado todo a suma de estremecedora sutileza disfrazada de torpeza. La vida es eso; parapeto de lo dicho en lo silente. Termino así. Que Dios los bendiga y los abrace como suele hacerlo con quien se entrega a su palabra florecida.
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Sergio Meza C.
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6:05 p.m.
miércoles, 25 de junio de 2008
Alabanza del Escorpión de Arquero colombiano René Higuita
Ni programada ni pensada surge, tal gesto corporal, como la espontánea mueca de la cara, cuando se aviene un golpe y lo rechaza. De tal modo se curvan sus piernas cual espolón de alacrán, para dejar rebotar en sus plantas el balón.Una creación innegable, o al menos una puesta en escena irrepetible. René Higuita fue un creador. Artista en suma, además de deportista, semejante atrevimiento es alabado ahora por todos, inclusive por aquellos que anteponen el deber al poder del acto que se enmarca en su esplendor y por lo mismo se sustenta.
(link)La atajada en el arco de René Higuita, que la historia ha llamado El Escorpión(link), es una obra de arte, escultórica y coreográfica, puesta al centro de su especie de escenario y encuadre, que convierte al arco en un soporte, como en las unas está el pedestal y en las otras la tarima.
Tal poder de tal acción, capaz de convertir lo uno en lo otro, dándole a la contienda, la calidad que no buscaba ni ofrecía, hasta ese iluminado día.
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6:03 p.m.
lunes, 23 de junio de 2008
Meditación frente a la pintura "El Entierro del Conde de Orgaz" de Doménikos Theotokópoulos (El Greco)
Del latido y su ladrido, renace el fondo entretejido, cual sinergia, de santos y dolencias permitido, por la suerte y el delirio acometido, no por bestias ni perpetuo transferido, como tal que de la nube ha descendido. Linealmente y horizonte ya ha surgido, como trasto de la vida corregido, y sin más que su milagro ha defendido, lo yaciente se fecunda ya dormido.Y
Todo aquello que de la nada se detenta en un resplandor que de telas silentes y flamígeras disponen una misma y única verdad, como tal si verifica un regazo de flores de factura grácil y doliente se desprende ante el arreglo de vida, obra, milagro, portento, paraíso, terreno y débil martirio por forma y ademán desentendido.
Pues
Unimos en la mirada el ritmo de aquello que desprende hacia los mundos veraces y tangibles, como si fuera lo celestial en una ley que ordena al mundo, cual poder del mando hecho palabra en espirales de ascendencias poderosas e irreales, del tramo de la duda hecha acción, que en transformada potencia se vuelve virtud, por obra y la gracia de una fe correspondida.
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4:29 p.m.
viernes, 20 de junio de 2008
Meditación frente a la pintura "El Jardín de las Delicias" de Hieronymus Bosch (El Bosco)
[...como en otras ocasiones, redactado de modo sumamente arcaico]El Jardín del Edén
Dijo, entrecortadamente, un pulso de potente acometida, en la cierta y frágilmente compañía, sin soledad de hecho y por derecho, y espléndidamente fértil, brota el paraíso en su pertrecho, extraída en verdor de carne y ardor, repartida pertinente en su fragor. Nada por si detenta su esencia, cual partida y ciega obediencia, sin precio ni formada pertinencia, por los siglos de expulsada remanencia.
Entre Caín, y el tiempo que comprende a mi premura, solamente se suspende la persona, de su hermano, cual delgada comisura.
El Jardín de las Delicias
Cual sino que detentamos, la manera, que de signos y costumbres extrajera, más que somos por la suerte, ni designio permitiera, dejara el modo y su trazo a la galera, la suerte de la vida y su cojera. Bestiario que ante tal modo, se sube y se detenta, por la masa y la dispersa vestimenta, extensa por fortuna y por reyerta, de lo oscuro se maleara y cornamenta. Cual presta y delicada mansedumbre, contempla la dispersa podredumbre, que suele y perpetúa su costumbre, ante el ojo que decae por su herrumbre.
El Infierno
Vi, caminos y tortuosos derroteros entretejidos, así, por la maleza de especies enquistadas en su pasado de apuesta y pendencia mancornada, mas cuanto de aquello se deshace, en su propia estirpe arrepentida, de por siempre y por costumbre pervertida, acaso, por anhelo y contrapelo abandonado, y repulso desempeño perpetrado. Sortilegio exacerbado, de piernas y facciones brotadas por tortuosas malformaciones particulares, a la saga de la esperanza, defendida en la profunda esencia de la condena, y tras cual la que detenta, su por si de quien esconde ante su abismo, de infinita caída persistente, hacia aquella luz que no es sino recuerdo, de la chispa de la vida hecha esperanza, ya fruncida por su espera en lontananza.
Tal aire no es sino la clavada esencia del recuerdo, de todo aquello ausente por obra y desgracia del mal obrar, que no constituye mas que el verdadero infierno, de una mueca de aquello muy pedido, sin saber que realmente ya se ha ido.
Dijo, entrecortadamente, un pulso de potente acometida, en la cierta y frágilmente compañía, sin soledad de hecho y por derecho, y espléndidamente fértil, brota el paraíso en su pertrecho, extraída en verdor de carne y ardor, repartida pertinente en su fragor. Nada por si detenta su esencia, cual partida y ciega obediencia, sin precio ni formada pertinencia, por los siglos de expulsada remanencia.
Entre Caín, y el tiempo que comprende a mi premura, solamente se suspende la persona, de su hermano, cual delgada comisura.
El Jardín de las Delicias
Cual sino que detentamos, la manera, que de signos y costumbres extrajera, más que somos por la suerte, ni designio permitiera, dejara el modo y su trazo a la galera, la suerte de la vida y su cojera. Bestiario que ante tal modo, se sube y se detenta, por la masa y la dispersa vestimenta, extensa por fortuna y por reyerta, de lo oscuro se maleara y cornamenta. Cual presta y delicada mansedumbre, contempla la dispersa podredumbre, que suele y perpetúa su costumbre, ante el ojo que decae por su herrumbre.
El Infierno
Vi, caminos y tortuosos derroteros entretejidos, así, por la maleza de especies enquistadas en su pasado de apuesta y pendencia mancornada, mas cuanto de aquello se deshace, en su propia estirpe arrepentida, de por siempre y por costumbre pervertida, acaso, por anhelo y contrapelo abandonado, y repulso desempeño perpetrado. Sortilegio exacerbado, de piernas y facciones brotadas por tortuosas malformaciones particulares, a la saga de la esperanza, defendida en la profunda esencia de la condena, y tras cual la que detenta, su por si de quien esconde ante su abismo, de infinita caída persistente, hacia aquella luz que no es sino recuerdo, de la chispa de la vida hecha esperanza, ya fruncida por su espera en lontananza.
Tal aire no es sino la clavada esencia del recuerdo, de todo aquello ausente por obra y desgracia del mal obrar, que no constituye mas que el verdadero infierno, de una mueca de aquello muy pedido, sin saber que realmente ya se ha ido.

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Sergio Meza C.
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3:56 p.m.
martes, 17 de junio de 2008
La igualdad en el mundo no es aparente
1
Pensemos en lo siguiente; la escena de la cabeza de caballo en la cama del director de cine en El padrino, cuando los sicarios de Don Vito deciden, con la fineza de una motosierra, darle una señal clara e inofensiva para el cuerpo del aludido pro-hombre, pero de alcances eficientes y eficaces para los fines del mariquita ahijado del mandante (“¿qué puedo hacer padrino?; snif”; “¡Comportarte como un hombre!” le arroja a la cara Marlon Brando, zamarreándolo en otra escena genial).
2
Y pensemos en lo siguiente; en la escena final de Cinema Paradiso, Toto, ya adulto (también director de cine exitoso, qué cosas no, ¡y también a partir de eventos iluminados desde la mismísima Sicilia!), rueda el rollo que Alfredo le dejara a partir de los restos de escenas, censuradas por el cura, cuando aún el protagonista era un niño.
3
Comparemos; el horror del primero en relación con la conmoción emotiva del segundo son idénticas en alcances y efectividad, pero a la inversa, claro, ya que ambos acontecimientos ocurren en universos distintos, bajo contextos opuestos y con sentidos antagónicos. Recuerden la comparación que hago de Paul Cézanne con Piero della Francesca y me comprenderán.
Cuando vi por primera vez la escena de Cinema Paradiso lloré, y cuando ví por vez primera la escena de la cabeza del caballo ensangrentado, metido a hurtadillas en la cama del Director, se me erizaron los pelos de la piel.
Cuanta semejanza en ambos logros; cuanto alcance y cuanta profundidad en el efecto logrado. El que uno sea del horror más brutal y el que el otro sea de amor filial inconmensurable es un detalle del desarrollo de ambos filmes. Tan magistral lo uno como lo otro.
Pero noten otro alcance; es casi al inicio del filme que se detona el horror, y en Cinema Paradiso es al final que acontece lo contrario.
A tal punto “difieren hasta coincidir” ambos eventos.
4
Sin perjuicio de lo anterior, a Don Vito lo sustenta el ímpetu adormecido de un hombre que viene de regreso de una vida de desolación. A Alfredo lo sustenta su buena manera de ser, sin el daño que puede evitar un hombre que solo en Semana Santa descansaba, carente de lujos, de todo éxito y de toda realización.
Teniendo tanto El Padrino, y teniendo tan poco Alfredo, se registran como antípodas idénticas de logros absolutos, de la mano de sus correspondientes padres cinematográficos, claro está.
Pensemos en lo siguiente; la escena de la cabeza de caballo en la cama del director de cine en El padrino, cuando los sicarios de Don Vito deciden, con la fineza de una motosierra, darle una señal clara e inofensiva para el cuerpo del aludido pro-hombre, pero de alcances eficientes y eficaces para los fines del mariquita ahijado del mandante (“¿qué puedo hacer padrino?; snif”; “¡Comportarte como un hombre!” le arroja a la cara Marlon Brando, zamarreándolo en otra escena genial).2
Y pensemos en lo siguiente; en la escena final de Cinema Paradiso, Toto, ya adulto (también director de cine exitoso, qué cosas no, ¡y también a partir de eventos iluminados desde la mismísima Sicilia!), rueda el rollo que Alfredo le dejara a partir de los restos de escenas, censuradas por el cura, cuando aún el protagonista era un niño.3
Comparemos; el horror del primero en relación con la conmoción emotiva del segundo son idénticas en alcances y efectividad, pero a la inversa, claro, ya que ambos acontecimientos ocurren en universos distintos, bajo contextos opuestos y con sentidos antagónicos. Recuerden la comparación que hago de Paul Cézanne con Piero della Francesca y me comprenderán.
Cuando vi por primera vez la escena de Cinema Paradiso lloré, y cuando ví por vez primera la escena de la cabeza del caballo ensangrentado, metido a hurtadillas en la cama del Director, se me erizaron los pelos de la piel.
Cuanta semejanza en ambos logros; cuanto alcance y cuanta profundidad en el efecto logrado. El que uno sea del horror más brutal y el que el otro sea de amor filial inconmensurable es un detalle del desarrollo de ambos filmes. Tan magistral lo uno como lo otro.
Pero noten otro alcance; es casi al inicio del filme que se detona el horror, y en Cinema Paradiso es al final que acontece lo contrario.
A tal punto “difieren hasta coincidir” ambos eventos.
4
Sin perjuicio de lo anterior, a Don Vito lo sustenta el ímpetu adormecido de un hombre que viene de regreso de una vida de desolación. A Alfredo lo sustenta su buena manera de ser, sin el daño que puede evitar un hombre que solo en Semana Santa descansaba, carente de lujos, de todo éxito y de toda realización.
Teniendo tanto El Padrino, y teniendo tan poco Alfredo, se registran como antípodas idénticas de logros absolutos, de la mano de sus correspondientes padres cinematográficos, claro está.
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9:26 a.m.
martes, 10 de junio de 2008
Hipnosis XI
[La epifanía del Arcángel Gabriel,...
...redactada en un tono sumamente arcaico]
Ni estallido ni alarde inaugural, por su propia y vehemente catedral, cual si quien se diera apóstrofe en insigne acometida, para ser como si aquello en pos del brillo se decida, deslumbrara a su cuerpo en fortuna, sometida.
Ordenado si en su fuerza descendiera, pareciera que en blancura se nutriera, para estarse en su sino y su ceguera, que de pulso y de sentido construyera.
Y de trazo y de regazo te alumbrara, cuando a valles y cajones conformara, sin su toque ni su impronta te llamara, ya que el aire y su destino reclamara.
Por la forma y la quietud se desenfrena, por su mano que es fecunda y pasajera, cual eterna en tu flama se durmiera, con sus alas que son blanca fe sincera.
...redactada en un tono sumamente arcaico]
Ni estallido ni alarde inaugural, por su propia y vehemente catedral, cual si quien se diera apóstrofe en insigne acometida, para ser como si aquello en pos del brillo se decida, deslumbrara a su cuerpo en fortuna, sometida.Ordenado si en su fuerza descendiera, pareciera que en blancura se nutriera, para estarse en su sino y su ceguera, que de pulso y de sentido construyera.
Y de trazo y de regazo te alumbrara, cuando a valles y cajones conformara, sin su toque ni su impronta te llamara, ya que el aire y su destino reclamara.
Por la forma y la quietud se desenfrena, por su mano que es fecunda y pasajera, cual eterna en tu flama se durmiera, con sus alas que son blanca fe sincera.
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Sergio Meza C.
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5:11 p.m.
Hipnosis X
[Ficción: imaginario y enajenado texto, de un psicópata asesino en serie]
Valparaíso, 31 de Marzo de 1994, Cerro Artillería
Querido diario, por medio de la presente tengo a bien informarte, sin perjuicio de cualquier defecto en la escritura que pudiera darse, que de un tiempo a esta parte no considero oportuno establecer nexos pertinentes entre lo que podría llamarse la correcta y bien entendida manera y ademán de representar mis oportunos y frecuentes asesinatos y posteriores descuartizamientos, que por lo general te describo con lujo de detalles, por cuanto mis sentimientos adheridos a tales acciones, para algunos consideradas nauseabundas, me aquejan sin cesar tan sincopadamente, que me atrevería a decir que amenazo locura de trastorno superlativo y contraproducente, en mi autorizada y autodidacta manera de verlo, desde la pertinaz y estupefacta cordura que se antepone en mis ojos cual nube gris de lluviosa trascendencia intemperante y contumaz, para dejar mis manos y extremidades correspondientes con las restricciones que esa , aquella más bien, condenada fuerza de voluntad impone como si fuera la conciencia la que pudiera decidir el pulso de mis extrañas e inmateriales tendencias a generar la desolación que anhelo como si fuera un atardecer el que irrumpiera en mi alma predispuesta. Sin más. Las caricias me fueron negadas cuando niño. Odio a quienes son plenos en su hogar, a contra canto de mis propios designios. Déjame pedazo de estiércol. Toda rutina es febril pero encubierta. Padezco un amor irrefrenable hacia la venganza profunda. Se expande el río de lamentos. Te dejo ausente. Espera mi retorno. Mi puñal es el de Bruto; Caín es mi maestro; ¿Es que acaso soy el guardián y protector de mis víctimas?. Entrego mis defectos al destino. La culpa es connatural a mi herencia. Yo solo cumplo mi deber, sean cuales fueren sus consecuencias. No es mi trabajo, es mi pasión que, como todas, no brinda solamente alegría pues, y esto es profundo, la condición del hombre es pervertidamente obediente a sus pasiones profundas, de las cuales se hace cargo en su ejercicio. Debo hacer bien las cosas. A por ti que me refrendas. No quiero retribución por mis actos. Toda locura es temporal y matizada de estigmas de conciencia, cual porcelana craquelada. La vil realidad maquilla las trizaduras que me aquejan. A veces mi frío es interno y por momentos aflora impredeciblemente. Nadie ausculta mis heridas, nadie acusa recibo de mis ansias. Nadie me perdona, pues nadie me conoce. Soy nadie; soy, prácticamente nada. Debo invertir las causas de mis propios efectos. Soledad. Muerte. Motriz pendiente cuesta abajo. Mantén la templanza exterior. No pierdas la calma. La vida es lo único que tenemos. Mi muerte me aterroriza. No, la verdad es que me atrae, y la busco en la mueca final de mis sacrificados. Así con todo, espera por nuevas noticias, mi querido diario, que mañana será un día de aquellos.
Valparaíso, 31 de Marzo de 1994, Cerro Artillería
Querido diario, por medio de la presente tengo a bien informarte, sin perjuicio de cualquier defecto en la escritura que pudiera darse, que de un tiempo a esta parte no considero oportuno establecer nexos pertinentes entre lo que podría llamarse la correcta y bien entendida manera y ademán de representar mis oportunos y frecuentes asesinatos y posteriores descuartizamientos, que por lo general te describo con lujo de detalles, por cuanto mis sentimientos adheridos a tales acciones, para algunos consideradas nauseabundas, me aquejan sin cesar tan sincopadamente, que me atrevería a decir que amenazo locura de trastorno superlativo y contraproducente, en mi autorizada y autodidacta manera de verlo, desde la pertinaz y estupefacta cordura que se antepone en mis ojos cual nube gris de lluviosa trascendencia intemperante y contumaz, para dejar mis manos y extremidades correspondientes con las restricciones que esa , aquella más bien, condenada fuerza de voluntad impone como si fuera la conciencia la que pudiera decidir el pulso de mis extrañas e inmateriales tendencias a generar la desolación que anhelo como si fuera un atardecer el que irrumpiera en mi alma predispuesta. Sin más. Las caricias me fueron negadas cuando niño. Odio a quienes son plenos en su hogar, a contra canto de mis propios designios. Déjame pedazo de estiércol. Toda rutina es febril pero encubierta. Padezco un amor irrefrenable hacia la venganza profunda. Se expande el río de lamentos. Te dejo ausente. Espera mi retorno. Mi puñal es el de Bruto; Caín es mi maestro; ¿Es que acaso soy el guardián y protector de mis víctimas?. Entrego mis defectos al destino. La culpa es connatural a mi herencia. Yo solo cumplo mi deber, sean cuales fueren sus consecuencias. No es mi trabajo, es mi pasión que, como todas, no brinda solamente alegría pues, y esto es profundo, la condición del hombre es pervertidamente obediente a sus pasiones profundas, de las cuales se hace cargo en su ejercicio. Debo hacer bien las cosas. A por ti que me refrendas. No quiero retribución por mis actos. Toda locura es temporal y matizada de estigmas de conciencia, cual porcelana craquelada. La vil realidad maquilla las trizaduras que me aquejan. A veces mi frío es interno y por momentos aflora impredeciblemente. Nadie ausculta mis heridas, nadie acusa recibo de mis ansias. Nadie me perdona, pues nadie me conoce. Soy nadie; soy, prácticamente nada. Debo invertir las causas de mis propios efectos. Soledad. Muerte. Motriz pendiente cuesta abajo. Mantén la templanza exterior. No pierdas la calma. La vida es lo único que tenemos. Mi muerte me aterroriza. No, la verdad es que me atrae, y la busco en la mueca final de mis sacrificados. Así con todo, espera por nuevas noticias, mi querido diario, que mañana será un día de aquellos.
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5:01 p.m.
Hipnosis IX
[Tal letargo entremezclado en somnolencia de signo y detonación semántica, cual ejercicio de fragmentar, para que de aquello se nutra el surgimiento]
Mareado y voluble de la cual no te dejaremos ver la que si me trastornadamente estancada y profusa, mentada, pero benefactora dote y veraz andanada en vez de tu madejaderamente falaz pero triste (de esas tristezas leves que denotan su inverso arrimo). Cuando acaso dejas pero traes a contramano un estertor de trino y silencio entremezclando paz y dejándote pero haz tu de lo factorizando mi melancólica vergüenza de tu mi no ver lo que tras por lo de que no se deja estar pero se soslaya, acaso, cual anciano dejando salir su estancia lóbrega y extensa de conocimiento moribundo y del cual absolutamente nadie sabrá ni la más remota huella de la gloria que fue y se diluyó, para dormirse en la absoluta y perentoria injusticia universal.
Tal olvido, no es tan pero lo que tu tras me doy por ti que lo de tu que no mas de por tras mi ver, tu estar. Cual palada anversa de escupo y lágrima regada del agua de la fuente de la hipocresía.
Mareado y voluble de la cual no te dejaremos ver la que si me trastornadamente estancada y profusa, mentada, pero benefactora dote y veraz andanada en vez de tu madejaderamente falaz pero triste (de esas tristezas leves que denotan su inverso arrimo). Cuando acaso dejas pero traes a contramano un estertor de trino y silencio entremezclando paz y dejándote pero haz tu de lo factorizando mi melancólica vergüenza de tu mi no ver lo que tras por lo de que no se deja estar pero se soslaya, acaso, cual anciano dejando salir su estancia lóbrega y extensa de conocimiento moribundo y del cual absolutamente nadie sabrá ni la más remota huella de la gloria que fue y se diluyó, para dormirse en la absoluta y perentoria injusticia universal.Tal olvido, no es tan pero lo que tu tras me doy por ti que lo de tu que no mas de por tras mi ver, tu estar. Cual palada anversa de escupo y lágrima regada del agua de la fuente de la hipocresía.
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10:30 a.m.
jueves, 5 de junio de 2008
Hipnosis VIII
Cosa de nuevas fuentes y relativas maneras de señalar las cortas y agrestes derivas y resacas ardientes, de la manera estriada que suelen mostrar los troncos potentes de la selva madre de sinuosos desvaríos y enseñanzas. Como si nada y todo confiriera de estrande y malmirada bastión de augurio y retorno… así de ser y ver que todo navega y deriva entre gaviotas dispersas de marea y brisa entremezclada, cual valle convexo de arrojo hacia el cielo y su herida celeste de resplandor e inspiración, más que humana, animalmente resplandeciente, tras la que se ensaña, por decirlo potente y displicentemente, la entrega furiosa de una especie de caricia, engañosa y estridentemente sorda, vas y dejas la suerte de la fortuna maldiciente de portal y poesía abandonada, solo y suelto al campo, y en derredor estarse de retorno al mismo bosque que te trajo ante la trucosa y costantibuenodistante enconamiento y estrianentendimientosulfurado. Por tu faz y todo aquello desmembrado.
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6:12 p.m.
martes, 3 de junio de 2008
Forma

La buena Forma es la que se condice con su esencia, y no aquella que la desdice o la encubre, cual velo púdico que sepa quien cual dicho o manifiesta presencia contradice.
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4:39 p.m.
Formas únicas de continuidad en el espacio, de Umberto Boccioni
La escultura que comento es excepcionalmente potente y evidente en su exposición de flameo, encandilamiento y retención, en suma, de la estela espacial que deja un cuerpo de un ser bípedo caminando. Es obvio que se alude a un ser humano, sin perjuicio de que no es el ser humano el protagonista, sino la impronta de su movimiento y desplazamiento a través del trayecto que recorre.
La suma de supuestos ropajes, ademanes, torsiones, actitud y móvil que impulsa a este ser que se desplaza, arroja los destellos bronceados, quietos e inmóviles que a contraposición se transportan en el recorrido de la vista por la totalidad de la forma.
Piensen en lo que digo; noten que la mirada no se queda quieta comúnmente en estas formas, entendidas, inconcientemente, como la suma de “otro”, ajeno a la parte, que se desdice en la quietud tendiente a desmembrar la propuesta, transfigurada en movilidad de quien contempla, por sobre la absoluta y escultórica rigidez engañosa del hombre (y así lo percibo) que camina, y en su caminar desplaza el aire que circunda, dejando al ojo encandilado en las congeladas formas abstractas de la leve y contenida explosión del aire atrapado en el campo recogido por el bronce que se deja desmembrar.
Y entonces refulge la potencia abstracta de las Formas únicas de continuidad en el espacio, del supuesto modelo acogido en su potencia muscular, decidido cuando traza su recta vehemente hacia un lugar desconocido pero ostensiblemente factible de ser conjeturado en el futuro ideológicamente tensado en su plenitud de hombre solitario, desprovisto de riqueza más que de su propia decisión, que se desdobla en las formas ya aludidas, plenas y dignas en sí. Cómo decirlo, es su época la que clama por su astuta y decidida, desnuda de ingenuidad y potente en su ademán, apuesta de poder y templanza. ¿Quién se atrevería a detener el paso constructivo del gesto tal que revienta y broncea la encandilada forma del flameo abrupto y elegante en su paso hacia la gloria plena del campo atrapado en su dinámica de explosión y contenido?. ¿Cuál es el rasgo más claro sino su propio y heroico grito hecho actitud de tranco trazado en el giro y pivoteo leve y retenido del muslo condensado en su labor de hombre vertido hacia la tierra labrada por la culpa y la riqueza del otro que lo explota, y en su agravio configura el trazo y la distancia recorrida del hombre, del labriego o del obrero que en su fuerza configura la forma única de continuidad espacial beligerante, o en su aspecto, desafiante?.
___________________________
[Pendiente, una serie de obras de arte que relaciono con la comentada]
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Sergio Meza C.
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