viernes, 29 de febrero de 2008

La Dicha Trucha del Dicho que Trocha y Trecho Trincha

No conozco mucho a quienes se deshacen en extremos rimbombantes, en una especie de absoluta negligencia ante lo que establecidamente se ha hecho de lugar y mundo.
Derribando echamos abajo lo sano y lo insano. Tal actitud me repugna en lo personal. No soy conservador, pero por cierto que en la destapada manera de afirmar que lo que se viene es mejor porque aún no se establece, hay una especie de ambición de grupo y de persona, para encandilar a quienes desgastan sus adormilada manera de ver al mundo, sin capacidades de impresión ante lo que siempre ha estado ahí para abrazarnos.
Rever no implica presentar nuevos artilugios, ya que es cosa de tiempo para matar aquellas propuestas, con el ojo que nada ve sino la novedad en lo nuevo y la “añejura” en lo eterno.

jueves, 28 de febrero de 2008

2001; Odisea del Espacio

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Octubre de 2005]

Stanley Kubrick; Director [1968]

Amanece el mundo ante el hombre en un paradigma poliédrico propio, cuyas proporciones obedecen a una voluntad evidente.
El Monolito será capaz de sacar fuera de sí a los monos, quienes en una convergencia de un ritual inaugural, conocen la conciencia en un primer instante de retroalimentación potencial, cual motor inerte en su primera combustión.
Sin embargo se viste de violencia su salto al futuro, simplemente traído a presencia en un hueso garrote, cuyo vuelo al espacio termina convertido en un viaje final de astronautas agredidos por un ordenador enajenado, yendo al encuentro de la especie humana con su propia verdad original, encubierta tras el vacío de las esferas del espacio, suspendidas en el silencio.

martes, 26 de febrero de 2008

El Topo

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 7 de Marzo de 2006]

Alejandro Jodorowsky; Director [1969]
El Topo podría ser calificada como un western mejicano, desde cuya plataforma zarpa el barco de un discurso delirantemente lúcido, como lúcidos eran los cuadros de Frida Khalo, o el Guernica de Pablo Picasso, o el Entierro del Conde de Orgaz de El Greco, o El Jardín de Las Delicias de Hieronymus Bosch . Para que los extremos se toquen y la locura sea exacta y la objetividad alcance su ceguera.

La Película más potente que he visto; pero no sé si la mejor.

Pensemos comparativamente en la Belleza física humana; ¿cual mujer es más atractiva? (ocupo este ejemplo pues es el que domino); ¿la que tiene mejores caderas?, ¿la que tiene un busto hermoso?, ¿la de mejores piernas? ¿o la que desaparece en el equilibrio de sus formas, de manera tal de poder penetrar en su interior físico e intelectual, para conocer sus ocultos encantos, fruto de su sabiduría y su inteligencia?.

Un Western Mejicano con el formato de un vía crucis, donde cada detención es marcada por una sentencia cifrada verbal, nacida de labios de alguno de los protagonistas, incluido el Director (que también lo es); primera detención del peregrino-espectador; dice Don Alejandro “El topo es un animal que cava galerías en la tierra, buscando el sol; a veces su camino lo lleva a la superficie. Cuando ve el sol, queda ciego”, …y quedamos prendados del título y de su sentencia.

Podría ser que el nombre de la Película y la alusión al topo, fuera nada más que un desvío pertinente para el autor, de manera tal que la substancia del Filme quedara intacta ante el potencial interpretativo del espectador,.
¿El topo es el hombre, el destino, la vida, la substancia del ser, la concatenación de los hechos presentados como un tren circense de hechos particulares y potentemente cifrados en la fuerza de sus elementos?; ¿es el topo el topo y nada más que el topo?, y desde él mismo, ¿es todo, lo que se desarrolla en el Filme, como una suerte de agujero de queso buscando en cada momento la razón de las cosas vistas desde quien avanza en la materia del alma (por no decir Dios o tribulaciones o cualquier otra Palabra ancla)?.
¡Vaya mosaico de escenas!; dispares pero extrañamente concatenadas en la medida en que nunca deja, la Película, de ser un western mejicano dedicado a los más profundos (o superficiales) hechos representables a través de la cifra cinematográfica de un poderoso Director que viene al espectador ya investido de su talento innegable.
¿Quien es uno para comentar semejantes edificios de potencia cifrada?, pero ante la negación de la elocuencia, que solo un matemático podría percibir desde su inquebrantable sentido lógico de las cosas, es mejor rendirse, pues cada gesto y ademán es Palabra volcada a tocar sepa alguien qué fibra de qué aspecto de cual sentido de cual mundo en qué contexto, disfrazado de Película de género.
Los diálogos (sentenciosos) apuntan a un rumbo dispar. Los personajes son lo que no son, la luz del desierto es dada para oscurecer, así como el topo cava para encandilarse, y cuando lo hace termina su desenfadada paradoja existencial.
El Filme es imposible de dejar de reconocer en su fuerza, imposible también, de comparar de modo efectivo (digo yo).
Literario en parte, es solo por medio de la lectura de sus imágenes que se puede vislumbrar algo de su concatenación; desnudos, gritos, aullidos, ruidos exógenos, bailes entre desenfadados e impredecibles actores, impiden ver si representan el discurso de una filosofía oculta, o si desmantelan la coherencia de los, efectivamente, seres vivos y no ideas al respecto de sepa Dios cuales mensajes o intensiones que no puedo entender.
Fellini en su Strada da sentido al clima que se nubla y se nieva, en la medida en que desvela el ocaso del ser humano ante sus miserias y desfallecimientos, pero ¿qué diantres expresa Jodorowsky en El Topo cuando cifra infinitamente sus fotogramas (todos y cada uno de ellos), al punto de resultar una osadía para el espectador el entrar a entregar contenidos exactos a una obra de arte plenamente oculta en sus logros y expresiones?.

Aventuro…

El Topo es Jodorowsky,

El Filme es un túnel,

El espectador es la luz
que ciega todo intento de desvelo ante un mundo
que al parecer es completamente imposible de aprehender.

Reparen en esto (a modo de ejemplo); una suerte de pistolero místico ya no elude los balazos, pues de este modo alcanza el dominio perfecto y sus heridas se deslucen en su cuerpo; dejando pasar las balas “por los vacíos que hay en mi carne”; “la muerte no existe”, y no opondrá resistencia a su contendor.
En el duelo que este místico lleva a cabo con el protagonista (un pistolero vestido de negro que no es otro que el mismo Jodorowsky actuando) vemos a quienes asisten a este místico, a saber un par de tipos; un manco, que lleva en sus espaldas a un rengo, haciendo un solo personaje de ambos. Solo este personaje dual arroja una posibilidad ilimitada de entrar a interpretar su sentido, de un modo desalentador, ya que ¡cuántos caminos podríamos tomar para ver o contemplar su desempeño actoral!; ¿quién actúa?; ¿el de arriba o el de abajo?; ¿el que es llevado o el que lleva?. Y qué soporta; donde apunta, a quien alude; ¿alude a alguien?; ¿es una simple y pura creación capaz de abrazar toda propuesta?; ¿es la vida de las hormigas, donde el individuo es el hormiguero?, o ¿es el mundo, donde todos sus seres son la parte del ser terrestre?; ¿es el grano cuántico, o es la parte universal?. Como ven nada alcanza plenitud desde la interpretación.

Todo interesante; todo deslumbrante; todo cifrado; todo sentencioso; todo extraño; todo desencajantemente enfocado al misterio en sí.

Este viaje no tiene principio ni fin, en la búsqueda de cuatro maestros que dominan las artes del duelo con revólveres, más, podrían ser ferrocarriles chocando ante 4 árboles de diferente tamaño y especie, dentro de una vasija de aguas descompuestas, ¿qué mas da cuando se tiene tan clara la oscuridad a representar?

¿Qué no podría ser entonces?, y sobreviene la eterna duda ante un discurso infinito. Uno, que busca la certera palabra desde una vida sin reveses. Y surge este tipo de creaciones, provistas de todo, ante una regla que consiste en solo cavar para deslumbrarse. Y así solamente sobreviene la Duda sobre la Duda.

Dudar es el fin para este comentario, a no ser que sea demasiado ciego, como para no ver en la oscuridad la luz anhelada de quien avanza por algo que podría ser espacio, o tiempo, o amalgama de pasión y muerte o deseo expresado en cifras abiertas como heridas sangrantes.

Y así al infinito de palabras, cayendo como aerolito impotente, quemado en la contemplación de un aire disolvente.

Finalmente, por el reparto final dilucidamos que el protagonista es el topo según el Director, cosa que no viene sino a dar una certeza que es más duda que confianza. ¿Qué importa quien o qué es qué en un filme auto soportado a ultranza?. ¿O es que acaso no existe la posibilidad de que Jodorowsky, en algún momento, diga que la verdad nunca fue el topo el pistolero; ese topo que nos da la luz de las sombras y de la perplejidad?

“El topo es un animal que cava galerías en la tierra, buscando el sol; a veces su camino lo lleva a la superficie. Cuando ve el sol, queda ciego”

Amén.

¿Que si me gustó?;

…¿importa algo esto?

Solo consígasela y véala. Después conversamos.

Puedo dar, eso sí, el dato que frente al Cine Arte de Viña del Mar, Chile, Sudamérica, hay una tiendita de cine que, entre otras cosas exquisitas, vende “La Santa Sangre” del mismo autor, Película que aún no veo, pero que terminaré por ver, a ver si termino entendiendo algo entre estos baldes de arenas claro-oscuras.

Otra duda ¿no entendí nada?, ¿o lo entendí todo?

Ni constataciones, ni quejas ni alabanzas puras en este comentario; solo percepciones y Dudas (¡más Dudas caray!).

Parafraseando, …Borges era un animal que excavaba momentos previos a revelaciones que no acontecían; a veces su camino lo llevaba a la videncia, y no olvidemos que con un sentido irónico de la vida, el inmenso Jorge Luis Borges era ciego (…)

Hasta la(él) próxima(o).

lunes, 25 de febrero de 2008

La singular y no explícita simetría entre la vida real y la internet

A parte de cualquier cavilación, los ámbitos (por llamarlos de algún modo) de la vida que llevamos en nuestro interior, son una mezcla subjetiva (como no) de urgencias, anhelos, prioridades íntimas y presencias inevitables. Todo esto nos entrega una cierta manera particular de vivir y percibir aquello que podemos denominar realidad.
En este sentido, el arte cinematográfico (que usaré como referente ilustrativo solamente) puede entregarnos testimonios impresionantemente verídicos de cómo todas sus partes, elocuentemente se van constituyendo. Podríamos, acaso, decir que la obra de arte cinematográfica suma expresión implícita de estas sucesiones imprevisibles que, finalmente, configuran la muy particular síntesis o resumen “vectorial” de sus actores delante o detrás de las cámaras. Es como si, para citar un ejemplo manifiesto de esta especie de pastiche vital de cada quien, bastara aludir a alguna película existente, a modo de aproximación veraz de aquellas vivencias que nos bañan, nos abrazan y nos rodean. Tal poder tiene el cine, a modo de sombras latentes con las cuales nos identificamos. Y tal poder es aquel que se enlaza con la mismísima capacidad del cine de manifestar su temporalidad en la sucesión de avances, retrocesos, expansiones, contracciones y/o cualquier otra deformación a voluntad de la supuesta homogeneidad del transcurso del tiempo, que nos apresa y nos engaña en su aroma de implacable regla de sometimiento.
Si nos observamos atentamente, veremos que esto que digo es muy evidente; nadie vive su vida linealmente, y los sueños (llamémoslos así) nos atraviesan en cada momento, transformando lo que vemos en explícita manifestación simbólica de lo bueno o de lo malo. Me explico. Vivo mis rutinas, una encadenada a la otra. Ellas son luminosas o sombrías, en la medida en que calzan o descolocan a nuestros deseos o a nuestra noción de lo adecuado, por decirlo simplemente. Entonces la objetividad que se nos antepone es resta del fulgor de la vida, sin perjuicio de que ella es tan vital como el oxígeno, ya que desde ella nos centramos y nos ubicamos en el mundo, dentro del trance verídico de nuestra natural interacción.

Todo esto y más. Pero consideremos esta interesante manera de ver las cosas del cine, para cuando intentemos compatibilizar ámbitos de vida que tienden o persisten en hacerse no-contiguos...

Resulta que, por anteponerme mis contados contextos prioritarios de estos días, he decidido que tengo la imperiosa necesidad de anotarlos e inventariarlos, para destrabar una temporal y nada de urgente sequedad al escribir. ¿Qué tenemos entre manos?, pues tenemos un par de asuntos que por razones de pudor simplemente formularemos en su mayor abstracción…

…llevo una vida en la red, completamente independiente de la vida que llevo fuera de ella y mis relaciones, interacciones y contactos “allá”, están completa o prioritariamente desvinculadas de lo que “acá” me sucede (si no llevara el mismo nombre “acá” y “allá”, sería todo esto ni más ni menos que patológica enajenación, a mi modesto entender).
Entonces, englobando lo expuesto distingo prioridades de un mundo y del otro;

- Acá cultivo mis afectos.
- Allá cultivo mis anhelos.

- Mis afectos son una condición intransable en mi vida, al punto que ni siquiera por un segundo he pensado tocar o conmoverlos con lo que “allá” ocurra.

- Acá el mundo es un mar, cuyo oleaje gobierna y condiciona.
- Allá el mundo es un espacio permeable a las acciones y a las señales, por cuanto su complejidad es ínfima y acaso mucho más controlable.

- Al mundo real no lo puedes controlar.
- Al mundo de la red puedes intentar controlarlo, y no resulta disfuncional, o insano hacerlo.

- El mundo de la red es ínfimo en coordenadas.
- El mundo real es, perceptiblemente, infinito.

- El entrecruzamiento de lo que aquí ocurre, en relación con lo de allá, obedece a actos explícitos y puntuales.

- Lo que allá intento detonar es propio de mis opciones y de un ejercicio personal de libertad.

- Lo que acá vivo no tiene alternativa, en la medida que mis actos se encadenan directamente con mis afectos.

- Mis afectos son lo más importante, al punto que todo lo demás, ya sea de aquí o de allá, es absolutamente menor, franqueable y renunciable en un momento dado.

- Efectivamente hay una vida que vivir en la red y, también es efectivo que fuera de ella hay una vida diferente (como hacemos hincapié en estas palabras)

- Lo que se vive en la red está directamente relacionado con las libertades, sean cuales fueren ellas para cada quien.

- Lo que se vive por acá, está directamente relacionado con el deber, sea cual fuere aquel impuesto.

-En la red no tengo por qué tener afectos. No es un imperativo esencial.

- En esta vida de acá, la del mundo físico y complejo, es un imperativo irrenunciable construir desde el amor.

- Las vidas aludidas, ambas, en lo personal se complementan.

- Las libertades que siempre he querido es allá, en la red, donde mejor se logran explayar.

- Los deberes que nunca he eludido, es aquí donde deben concretarse.

- Sin perjuicio de lo anterior, cada día que pasa consolido más mi opción por “seguir siendo” en la red, con la condición de que esa continuidad ontológica sea eso; un continuo, pero de límites distinguibles.

- Para terminar por ahora con esto, quisiera aludir al inicio de este texto, donde me refiero metafóricamente a un pastiche vital como representación o traslado de la propia percepción de la vida…

…pues bien, este pastiche actualmente se manifiesta bastante difuso (más de lo que quisiera) en los dos ámbitos aludidos, dándose acá cosas, que terminan explayándose allá y viceversa, siendo el mejor ejemplo el tema, troncal, de mi dedicación a lo literario. Ella, en el mundo real, siempre pide de múltiples y complejos asuntos, sin los cuales no es posible realizarla, cosa que en lo personal ha sido un problema sin solución.
A contra ejemplo, en la red no existen esas complejidades, y el hilo puro de la expresión escrita es, acaso, casi una condición esencial de la identidad que como persona requiero. En Internet publicar es prácticamente gratis, instantáneo, sin intermediarios , con la posibilidad ilimitada de corregir y mejorar lo publicado, de llegada directa e inmediata al interesado, el cual solo requiere, para acceder a lo escrito, de la más mínima alfabetización digital (saber prender un ordenador, saber teclear una dirección de algún buscador y saber buscar en ese servicio mediante alguna dirección lo más simplemente creada). Todo esto, eso sí, rodeado de una generalizada sensación de inseguridad, vulnerabilidad, plagio, robo, copia o sustitución de identidad, sumado al riesgo siempre presente de que puedas ser en cualquier momento simplemente eliminado en tus instalaciones y presencias manifiestas (“jaqueo”; sí, esta palabra en castellano sirve, aunque decir “Hackeo” es más exacto).
Es posible que el mundo de acá no diste mucho de estos últimos defectos, pero de igual manera nos sentimos más seguros.
Es extraño, es como si en la red el autocontrol lo fuera casi todo, y en el mundo de acá pasan cosas diferentes al respecto, pues intentar controlarlo todo te aleja y te restringe de las propias e intrínsecas plenitudes.

Entonces, para terminar, podríamos llegar a concluir que las imágenes, las sensaciones, los ámbitos, las acciones, las omisiones y las señales, perfectamente pueden comenzar aquí para terminar allá y viceversa, pero lo que no puede llegar a ocurrir(me) es el llegar a confundir ambos universos, al punto de que me sea indiferente adonde se logran los aciertos y los efectos de mis actos (en lo personal ha sido algo muy persistente y común, el que aquellas personas con las que más me trato y me relaciono en “la realidad”, simplemente eludan, se aparten y evadan todo trato y alusión al tema de mi presencia en la red; es como si se sintieran molestas e incómodas en este ámbito. A veces me intento dar alguna explicación al respecto, y nunca he logrado entender esto. Provisoriamente tiendo a creer que estar en la red con una presencia desplegada en identidad y relativamente transparente, provoca en los más próximos una especie de rechazo, nacido a partir del pudor que podría tenerse ante quien se encuentra caminando en la calle desnudo. Pero nada de esto está realmente claro; tengo muchas amistades, hartas la verdad, son mucho más de cincuenta personas de este tipo con las que me trato, y con ninguna de ellas he logrado establecer un contacto interesante en la Internet. Ahí (en la red) me trato con otra gente distinta, diferente acaso).

Siempre debiera estar muy claro para cualquiera de nosotros adonde queremos terminar con lo que hacemos, para no dar por concluida la interacción aquí y allá hasta que los ciclos se cierren, las plenitudes culminen, y los ámbitos se realicen por completo, preferentemente por separado y manifiestamente en conjunto, como suele actuar nuestro cuerpo, que entrecruza los hemisferios, y antepone la simetría.

viernes, 22 de febrero de 2008

Turbiedad

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 4 de Diciembre de 2006]

La cuasi estancia De la quietud y la opacidad Se desata en fluir como el lodazal estanco que rompe su retén Posa tensa y reseca La serena dependencia donde remueve el brío su apaciguamiento

Absolutamente 5

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Agosto de 2006]

[El lanzamiento de la Jabalina y la paradoja del logro]

Espero en el extremo del foso, una pausa de arrimo al ritmo cadencioso del avance, con la soltura de un puma y la gracia de la avestruz, vestido del atuendo inherente, fijo al suelo con las púas ligeras, como el samurai ante su afrenta, aprieto la lanza en la mano diestra para hacer de su vuelo el paradigma de la perfección del cuerpo, pues ella no es sino la imagen externa de la armonía del que la arroja, cuyos años de apronte son la ofrenda del acto, pues no es sino el amor de la entrega la que se yergue cuando la profundidad del estadio se abre al brazo elegido. Espero la señal repentina y fugaz que me anuncia la confluencia de actitud y tensión, para acometer al trote progresivo, cuya arremetida final establece la potencia en viaje desde el tronco hacia la mano y desde ella hacia la punta de sus dedos, para danzar el salto de la final acometida, cuando todos los años de esfuerzo se hacen carne del chasquido viril, desde el cual el grito de furibunda entrega explosiva, desencadena el vuelo sutil del dardo arrojadizo, estableciendo la curva predecible, donde se manifiesta la destreza exclusiva de fragilidad y vuelo vectorial desde el arco humano, tensado en el talón impuesto y el detonar contrapuesto.
Como si a la inversa brotara un pozo, del crudo más comprimido, se entierra ella en la distancia, cuya sentencia establece el signo del acierto, cuando todo se nubla y converge el logro, tras el cual, terminada la faena, en el camino a las afueras, se aviene el vacío del cuerpo y se aviene el vacío del alma.

No hay disciplina que no se nuble en su apogeo.

jueves, 21 de febrero de 2008

Absolutamente 6

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Agosto de 2006]
[Manifiesto Literario]

Fuerza extrema aquella que suave decae, hacia las manos desde el pensamiento, y así hacia la propia labor, para agradar al vacío, con el cual hacer un solo cuerpo definido como la absoluta presencia traída a luz por el rasgo asertivo y diestro, para decir aquello indecible, que nada abraza y todo involucra.
Nacer en el verbo, hacer en la palabra, con el poder de lo que surge desde el arribo pleno de toda armonía; así se dice entonces la escritura del Dios, Don Jorge Luís Borges, sin la prisión ni los años, pero con la entrega fluida y el cuerpo dispuesto, para decir al modo de la marcha, que pasea dando su paso en pos del siguiente; Sucesión de Sucesiones es el acierto, nada más que la nombradía y el condado del desvelo, o del gozo, o de cómo quieran llamarle, sin triunfo y con orgullo, como la flecha que parte la manzana y salva la vida, la Palabra deshace el trecho y contrae el dicho, eternamente.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Absolutamente 2

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Agosto de 2006]

[El vacío del Mal de Alzheimer]
Miraba el sereno silencio, cuando este me abordó como el asalto de una carabela enemiga. Ella era un mar de guerreros transparentes que emitían oleadas de alaridos sordos, como sorda es la sombra que la más prístina luz emite en las alturas. Un combate extraño acaeció, que desbordaba quietud y desconcierto en mi alma, desafortunada pelusa de polvo era, vagando sin freno y sin conciencia por la noche sin luna. Distancia establecía mi deriva, sobre las aguas ausentes que soportaban el casco de mi navío.
Saqueadas las bodegas de mi memoria, devolví mi rumbo al puerto de los años idos, para revivir a los marinos fallecidos y devolver a la niñez, a los seres que hoy por hoy navegan en mis brazos, bajo la tormenta velada y agresiva, y a través de los años venideros.

Absolutamente 3

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Agosto de 2006]

[El acto sexual enamorado, representado como la faena del labriego, en un ritmo arcaico]

Caminaba en el rumbo empecinado, por la arboleda verde agua de los álamos adultos, cuando el aroma terso de la tierra sembrada, dispuso mi arrimo al llano de la labranza. Caí en la tierra de bruces con mi azadón, para despegar la vida de los apretados terrones, entregados a mi arbitrio, mientras el agua se venía clara y luego enlodada, por el reguero distante hacia el campo que forjaba. Extenso lugar de arrimo a mi labor enceguecida, me fundí con mi materia, hecho uno con la vida. Trazaba la huella del agua entre los surcos soterrados, hasta el punto del sol ardiente, sobre el medio del día y la templanza.
Despegado del llamado era la tarde, y salía hacia el camino suspendido; todo era más, pero lo mismo, desde una calma inducida en el trabajo; la noche se extendía en la hondonada, cuando el sueño merecido me rodeaba.

martes, 19 de febrero de 2008

La Hipocresía y El Cinismo

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 30 de Abril de 2007]
1
Hipócrita o cínicamente, los adultos, vestimos a la mentira más descarnada.

2
[Diccionario RAE
“hipocresía. (Del gr. ὑποκρισία). f. Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.”
“cinismo. (Del lat. cynismus, y este del gr. κυνισμός). m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. 2. Impudencia, obscenidad descarada. 3. Doctrina de los cínicos (ǁ pertenecientes a la escuela de los discípulos de Sócrates). 4. desus. Afectación de desaseo y grosería.”]

3
La hipocresía, sin perjuicio de lo que se define de ella en algún Diccionario, esencialmente implica mentir, pero en la actitud de investir a la mentira de ademanes y apariencias que pretenden soslayar la miseria y representar una dignidad que no es tal.

4
El Cinismo, sin perjuicio de lo que se define de él en algún Diccionario, esencialmente implica mentir, pero en la actitud de desvestir a la mentira de ademanes y apariencias, con el fin de establecer un enfrentamiento a la mentira en sí, tan brutalmente explícito y descarnado, que termina por lograr su intención en la manifestación del bloqueo de la víctima que presencia la actitud cínica. El que es objeto de una manifestación cínica, no acepta la realidad que se le presenta, y por mecanismos personales, termina por establecer su propio modo de velar los hechos. Ejemplo: decir “yo soy el más despreciable y ruin de los individuos” en una actitud no de arrepentimiento sino de aceptación inconmovible; tal expresión es inaceptable por quien la escucha, y establece sus propias incredibilidades al respecto. Por esto es que el cinismo es esencialmente mentiroso, porque inclusive a la verdad más cierta, la deja en el ámbito de la incredulidad y la falsedad.

5
El cinismo es más poderoso que la hipocresía, por cuanto establece un puente de involuntaria complicidad en quien presencia al cínico o a sus expresiones manifiestas.

6
La hipocresía es patética, el cinismo, canalla.

7
Lo interesantísimo de esta “no simetría” entre hipocresía y cinismo, es su plena complementariedad, sin perjuicio de que ellas no son actitudes inversas. La hipocresía es burda, el cinismo sutil en su brutalidad. La actitud cínica es perversamente admirable.

8
El cinismo no termina de impresionarme; él es eficaz en sus contrasentidos, no así como la hipocresía, que se puede alegorizar en un disfraz cualquiera.

9
¿Cómo alegorizo al cinismo,
que dice lo que dice,
pero lo dice de tal modo que,
sin dejar de ser lo que es,
logra detonar,
en la suma de dichos y actitudes,
la incredulidad profunda del testigo?

lunes, 18 de febrero de 2008

Llévame con tu jefe, terrícola

Cavilar sin dejación hacia un trazo sin retorno, en pos de saltos y abruptos arribos. Encapsuladamente atravesamos ora el espesor y otrora el vacío, cual barrena metafísica, y desde aquella circunstancia adormilamos la enhiesta situación extrema y tensada. Marte, como simbólico acierto, sin perjuicio de su propio vacío. Llegar a aquellas explanadas polvorientas, un día de los nuestros, y amanecer somnolientos, alivianados del peso innegable de otro sitio, pletórico de expedición y territorio. Bajo las leyes extrañas de un planeta distante, ver el horizonte inaugural tras el cual subyace una nueva manera de entender y sentir. Cómo decirlo. Si amanece, es otro el amanecer, y la noche, y el día, y la relación del día y la noche, y el flujo de acciones subordinadas a otros segundos y a otras horas, tras las cuales otras prisas y otros letargos se configuren, ya que el orden de la inercia del nuevo mundo, es aquella que no sabe condecir aterrizajes con martitorios, adonde la ondulación morfológica es intensamente colosal, y sus montañas y sus valles denotan la abismante reseña del viento y de otros escurrimientos, bajo otras gravedades y otros desmoronamientos en el talud marciano, liberado de la agreste condición del mundo celeste, que gira en otros anillos y en otras eras.
¿Cómo legislará el hombre para otros mundos, cuando no sabrá sino trasladar sus ritos, cual voz impostada y cual seña agredida?
Matías Klotz, arquitecto, en una forma asombrosamente distendida y valiente, expresó hace un tiempo, que soñaba con proyectar la inaugural arquitectura marciana, dejando abierto a sus pares, o a quienes pudieran oírlo, que la fundación y apilotamiento de las verticales extensas y poderosas del ámbito rebelde en la tormenta y la sequedad, deberán, acaso, dominar el ímpetu y la soledad, haciendo de la sombra un arrimo consecuente con la otra forma rojiza de ser en la luz y en la explanada, ya que la sombra del nuevo mundo será otro abrigo y otro contraste, desconociendo la azulada manera de guarecer el sol a las espaldas del descanso y la frescura.
¿Cuál frescor y cual arrimo es aquel que ondula el pulso del desfiladero esporádico y del suave contraste de llanuras perpetuas y abrazantes?
Amamos a Marte como amamos la esperanza derruida de un traslapo sosegado, que permite (y que inaugura) al mismo hombre, con sus mismos ritos y cargamentos de costumbres, el entregarse a su propia e ineludible mutación.
Marte es el primer peldaño, desde el cual se divisa la contrahuella superada de una predecible desilusión, ya que en lo profundo del viaje subyace (y lo siento) la impronta advenediza del retorno.
Ni olvido ni repentina y milagrosa floración humana. Tal fatalidad nos amenaza; sedientos de metafóricas dosis de adrenalina grupal, daremos pertinazmente la espalda a toda monotonía y falta de abrupto término y contraste, quedando a la deriva la contienda, y destinando a los incautos a su propio y enervado alzamiento y ruptura detonante.
La vida es un círculo, diremos, y las naciones replicarán, temporalmente, sus propios dominios, sin perjuicio del alzamiento de los nativos poderosos, cuya sangre enervada sabrá de la potencia de asumir la roja savia en el rojo firmamento.

viernes, 15 de febrero de 2008

Blow-Up

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 21 de Octubre de 2005]

Michelangelo Antonioni; Director [1966]









El silencio es un tótem en esta Película, cuya imagen se vuelve alegórica en el fotógrafo, por cuanto, reitero, los lugares y el protagonista son las dos caras de una misma visión, como si se estableciera un puente de identidad; dos maneras de decir lo mismo; una forma de mirarlo todo; desde el vacío del lugar y del ser humano hasta los ojos del espectador, resignado a entenderlo todo sin que le digan casi nada.

Mareo

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 4 de Octubre de 2006]

Tal es el océano; eso que se mece y a la vez es quieto como la roca milenaria, y desde su vertical se expone en la gama más dispersa de calma y estallido. Se va la andanada de oleajes como se viene la espuma, ella que vuelca el navío que se vuelca al viaje entregado y doloroso.
El mar es la paz expuesta en mantos volubles y volátiles.
Cómo es él, que se extiende en globos de océano latente que suben y bajan el frágil esquife del hombre que se adentra a saber de la comida que viaja del polo al ecuador. Y valiente todo aquel que sin el medio escamoso se lanza al viaje extenso del velamen y el cascarón extraño. Todo lo humano en el mar no es más que la excepción sagaz del ponzoñoso extravío.
El hombre en el mar es como el pez en la tierra, solo que el primero sabe del arrojo, y el segundo sabe de su muerte.
¿Cuál es la entrega entonces del fruto rendido en la red cuando todo es cosecha febril, y más que pesca es arrecife?. ¡Ah hombre dispuesto a la andanada del cardumen gris que atraviesa la explanada latente!, en ese mar que es sitio plagado de empresa atada a la referencia estelar, y como tal los marinos vuelan el tiempo en la distancia vertical del navío, que es como el puerto amurallado que se expone a la subida geográfica de casas e industrias trémulas y humeantes. ¿Cuál mar es el que engaña al terrestre testigo?.Todo en la llanura de agua salada es sitio breve y contraído, cuando en la orilla ella es explanada de homogénea extensión igualitaria.
Nada y todo. El hombre en el mar es huérfano de pie y de mano extensa. Para ir del lugar arrinconado al horizonte ondulado. ¿Cómo estamos los marinos?; como corazones sincopados.
Poeta y marino, como inseguros navegantes de la vida y las aguas de la mar y de la vida distante en la certeza, cuando se avienen las aguas de la revelación consiguiente. Lee el hombre la Palabra destino y si en ella nada se aviene, regresará para estarse con su pipa a la espera del signo amortajado del viento y el envío.
Navega el marino en las aguas turbulentas del mar bravío y navega el poeta en la Palabra ondulante que es la quietud del ser situado en la altura de la cresta de la ola que divisa la costa y teme el horizonte infinito.
El marino es el hombre en su infinita interrogante, y el hombre es el marino en su mar de palabras sosegadas, ascendiendo y descendiendo para estarse en el ámbito extraño de la marea sinuosa.
Cómo estarse en la paz del estallido. Hombre marino que marea su destino y decae su fortuna.
Somos pájaros a la mar, volando tras el buque de pesca algunos, a la saga del resto del delfín y la albacora. Cuando otros atraviesan el rasgo blanquecino del estuario y mar abierto.
Nada seremos cuando decaiga la costa en amarillos confines, y nuestros cuerpos cansados moribundos se entreguen al sueño de la playa final.
Muerte del mar en el océano reseco de la certeza. Todo decae cuando distrae el rumbo el marino o la ballena, y terminan muertos en su playa y su aldea.
Aventurero hombre el que vuelve vencido desde la sal saturada de algas. Y así solemos ir, como especie, de la paz al desafío. Mar que eres espejo de riesgo y de amenaza. Vuelvo al tardío estuario de mí ser. Duermo en paz, despierto sereno. Pero el fragor me alcanza en sí y para siempre. Sólo de sentido estamos, y sólo de sentido somos, aunque ese sentido no llegue, sino en el último confín de los latidos.



Anexo
El Acto Poético en la Roca de Central Park, Manhattan, Nueva York

Realizado el 2 de Junio de 2012
[Inicio del registro preliminar el 4/6/2012]

jueves, 14 de febrero de 2008

Interesantísmo Texto de Friedrich Waismann

[Fuente: "la filosofía, hoy", Biblioteca Salvat de Grandes Temas, Barcelona 1975, página 46]

Hay algo de visionario en los grandes metafísicos, como si tuviesen la facultad de ver más allá de los horizontes de su época. Tomemos por ejemplo la obra de Descartes. Que haya dado pie a interminables sutilezas metafísicas es algo que, ciertamente, se puede esgrimir contra él. Sin embargo, si atendemos al espíritu más bien que a la letra, me inclino a pensar que hay en él cierta grandeza, un aspecto profético de la comprensibilidad de la Naturaleza, una anticipación audaz de lo que mucho más tarde se realizó en la ciencia. Quienes tradujeron en hechos el espíritu de esta filosofía, constituyeron los verdaderos sucesores de Descartes, no Spinoza o Malebranche, sino Newton y la descripción matemática de la Naturaleza. Seguir mesándose los cabellos al discutir qué es la sustancia y cómo se debe definir, fue dejar escapar el mensaje; constituyó un error colosal. Una filosofía está ahí para vivirla. Lo que se convierte en palabra muere, lo que se convierte en obra, vive.”
Friedrich Waismann

- No comparto los dichos, pero sin dudas que es un texto potentísimo. Reniega de cosas valiosas, acaso con el fin de subrayar lo que se quiere resaltar, que es la acción en el mundo de las ideas...

[seguiré agregando análisis a este post, para sustentar lo que afirmo a priori, pero les dejo la cita, pues está muy bien dicha, sin perjuicio de lo ya observado.

Hasta mañana]

Aletargamiento

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 11 de Noviembre de 2006]

[sin más comentarios, el segundo esbozo al respecto, el primero fue "Mareo"]

...así con la cosa pues...


Sol
Soleada sombra
Soleado estío
Vaho disperso
Soleada dispersión ensombrecida
Dispersa mansedumbre adolorida

Tal dolor subyace en la sombra de la luz acometida

Una mosca circula su vuelo a la luz de la tarde

Tardía resaca
Silencio, letargo y pesadumbre
Pesar del cuerpo aletargado
Aletargamiento corporal apesadumbrado

Hastiada jornada silenciosa
Que surge de la luz aletargada

Todo se ordena hacia un ámbito silente
Donde las cosas se tumban y se anulan

Cuando la pausa se ilumina
Se hace una luz y su comarca

Se deshace un giro leve
Pues todo se desvía

Amarra la suerte dispersa a la agonía
Subyace una luz
Por entre la celosía del árbol y el follaje

El follaje de la luz que tumba la resaca

La apaciguada tarde y el arremolinado vuelo del bicho en su giro permanente en pos del calor del vaho y su soltura

La suelta maraña de hojas resecas que crujen al pie de la marchita huella

El ardor adolorido
Del paso del cansino labriego adormecido

La cúspide del cerro lejano
Por entre la luz celeste del verano

La mariposa que viene y que desaparece

El desaparecimiento del silencio y la amargura

La amarga tristeza de la celeste marea
Que es fondo del cielo transparente

La traslúcida luz luminosa
Que lucea la huella de la vida

La vida de la luz aminorada

La muerte del sino

El sino de la suerte

El sortilegio del destino

La marabunta del follaje entristecido

La pesadumbre del bosque olvidado

El triste lecho de las hojas que son el zócalo de la floresta

La florecida fortuna agreste

La tosca turba reseca

La soleada tarde adormecida

La mareada siesta re surgida

El estallido del sueño

La paz de la fortuna

La pausa merecida

El agua cristalina

La turbia huella del agua sometida

La faz del sol con la huella del cielo

El cielo solo que solo el sol asolea

El suelo asoleado

La luz entornada

La cortina que entorna la luz y la sombra

El contorno del sueño y la nostalgia

El dedo índice

Del cuerpo acostado

Rasgando la corteza del árbol

Mientras mira la nada

Clavado en el recuerdo

El recuerdo de las sombras

La entornada sombra que deshace

Las figuras del contraste y el reflejo

Suerte de soleada onda de la piedra

Que cae al estanque y lo golpea

El golpe extraño de la mosca

Contra el vidrio de la pieza abandonada

Deseo

Suerte de deseo incomprendido

Suerte de incomprensión del hastío

Cuando las sombras recortan el estío

Suerte de extraña y triste acometida

El caballo que pasa al paso del reposo

Cuando la siesta estorba su gozo

El gozoso y turbio pozo

El pozo profundo

Del profundo reposo

El sueño entrecortado

La cortesana siembra

Y el surco lodoso

El lodo reseco

La grieta triste del seco pozo

La suerte dispersa en el gozo

La turbia suerte

Y el prístino alborozo

Como un árbol verde

Plantado en la explanada

Así reposo

Y duermo como el sueño del oso

En la nieve eterna del sol en el rastrojo

Sol

Decía

Soleada sombra

Soleado estío

Vaho disperso

Soleada

Dispersión

Ensombrecida

miércoles, 13 de febrero de 2008

Urbanismo, Ciudades, Pueblos y Legado

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 27 de Septiembre de 2005]





Panorámica de la ciudad de Rengo en 180º,
desde el Edificio de la Ex Gobernación de Caupolicán
[gentileza de Cristian Ahumada]

Un racimo de buenas intensiones nunca viene mal.
Cada día, por lo menos en Chile, pareciera que el sentido original de la planificación se estuviera transformando para dar cabida a criterios más cortoplacistas de la concepción y el sueño de las ciudades y centros poblados en general.

Una ciudad, como otras cosas en la vida, es un sueño colectivo que se forma entre todos. Por lo mismo es necesaria la disciplina y la constancia para sacar adelante las grandes obras que conforman el ordenamiento de las ciudades, como son las grandes avenidas, los parques, los barrios, las calles y la conformación paisajística en general de bordes fluviales y marítimos por poner algunos ejemplos.

Armar una ciudad en base a grandes rasgos ordenadores es tarea de décadas o siglos, por lo mismo es impensable creer que dejando en manos de la capacidad de gestión urgente de las autoridades estos asuntos, se logrará dar celeridad a los grandes temas.

Todo previsto e impuesto en temas de urbanismo es utópico, y por otra parte entregarse a la ley de ordenamiento espontáneo de las fuerzas económicas tampoco es aceptable porque siempre florece (por usar una buena Palabra) el interés parcializado de quien financia las obras y las acciones.

Encontrar la media es el punto, pero siempre pensando que una ciudad es como una mesa donde todos se sientan a cenar, a la luz de las buenas costumbres y educación que cada comensal despliegue.

El legado de cada cual, es por lo menos dejar el propio puesto ordenado para que los futuros invitados lleguen a una silla donde no “falten” los cubiertos, y los platos se encuentren limpios y listos para ser usados.

El deterioro de las ciudades y de los emplazamientos humanos en general es una falta de respeto para los futuros usuarios que tendrán que dedicarse a reparar más que a construir el legado de sus predecesores.

Belleza, orden, fluidez, simultaneidad de usos, accesibilidad, sentido de comunidad, etc., parecen ser algunas palabras claves, las que debieran estar claras para todas y cada una de las acciones que cada uno emprende desde su propio hábitat.

Pero la regla del destino es inversa a la urgencia que tienen las prioridades del momento, así que siempre nos encontraremos con que la tensión entre posibilidad y anhelo regirá la conformación de nuestros ambientes urbanos. Así que entender que cada acción es trascendente pareciera ser una clave posible, siempre y cuando en el imaginario de los habitantes se compartan las mismas ideas ordenadoras, cosa que como un cardumen tracemos esos ejes que nos gobiernan enfrente a los cuales emplazamos nuestras vidas.

martes, 12 de febrero de 2008

Disquisiciones en Relación al Contenido Literario

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 25 de Octubre de 2006]

El contenido de un texto es aquello que al captarlo hace pensar que lo escrito tiene, en definitiva, un fondo hacia el cual apuntan las cosas dispuestas en el total presentado.
Luego, puede ser que el contenido de un texto sea intrínseco o extrínseco.
El contenido de un texto será intrínseco si alude en sus partes a lo mismo a lo que el contenido apunta. Será extrínseco un contenido si su fondo se encuentra en otro ámbito que el apuntado, de manera tal que cuando se lea se tenga la sensación de que lo leído no es lo concluido a sentido contrario, inverso, paralelo etc, etc, etc.
Ahora bien, cuando un texto carece de un contenido extrínseco o intrínseco evidente, aparece el problema, ya que se entra en el campo de las relatividades que nos llevan a escuchar sandeces como que “la idea era esa; vaciar de contenido el texto; luego el contenido es la ausencia del mismo”.
Cuando pasa esto último, puede que se esté ante la incapacidad del escritor disfrazada de fundamento, pues el contenido, esté adentro o afuera del texto en sí, es el centro del asunto del que escribe.
Entonces lo más importante de un escrito es el contenido, que mientras más denso y profuso sea en relación inversamente proporcional a la cantidad de palabras, mejor será en definitiva.
El sentido de un escrito debe siempre apuntar a su contenido, o mejor dicho, nunca un texto debe dejar de apuntar a su contenido.

De lo anterior se concluye que el sentido de un texto debe estar basado en el contenido que el escrito mismo construye.

Ejemplo (propio) de contenido intrínseco:

Deja ser a la propia pausa, para que ella deshaga todo desencuentro, en el ritmo pausado de la faena diaria del vivir contemplativo”.
[aquí se encuentra el contenido en lo que la Palabra dice]

Ejemplo (también propio) de contenido extrínseco:

Pasaba por mi propio brío, cuando este me alentó a desplazarme hacia la interna grandeza apaciguada”.
[aquí se encuentra el contenido en lo que la Palabra no dice, luego el contenido es otro, en otro lugar de mi ser o de mi propia condición. Esto anterior se establece desde el punto de vista ético, por cuanto semejante grandeza aludida de propio motivo y auto bombo no es sino errática y por lo mismo, la lectura avanza en su conclusión hacia el contenido de la fatuidad, cosa que evidentemente el texto no expresa en sí]

Valga el apronte para preguntarme si es pertinente desde una posición distante, afirmar que en la literatura es un imperativo el contenido como cauce que lleva al sentido.

En Vicente Huidobro tenemos los poemas árticos (pasa que tengo el libro). Estos poemas son como un cuadro de Malevich; no presentan intensión de contenido y por otra parte solo muestran realidades inventadas tales como (ejemplo propio) “la pajarera que corona la aurora”.
Puede ser que sus ganas al escribir (las de Vicente) se fueran hacia símbolos que tenían llegada en cajas de significado bien definido (digo yo), pero no es posible distinguir en su Obra la coherencia necesaria para establecer los nexos entre el fárrago de imágenes que se desató a inventar (“crear” según él).

Pregunta: ¿Es necesario que un texto sea construido intrínseca o extrínsecamente apuntando al contenido?, y desde este punto de vista ¿Es mejor un texto cuando su contenido es más múltiple en inversa relación a la extensión del mismo?.

lunes, 11 de febrero de 2008

Guillaume Dufay (1397-1494)

Compositor de los inicios del Renacimiento. Es uno de mis favoritos.

Sus obras suelen estar determinadas por la presencia de cantos extensos y dulces, sumamente dulces. La obra que más me gusta es “O Gemma, Lux Nuper Rosarum”. Fiel a mi ignorancia atrevida en aspectos musicales, estableceré paralelismos con mis percepciones, tal como si degustara un vino valioso.

La pieza es exquisita, con contraposiciones de voces, las que son protagonistas, con instrumentos de viento distantes, cual confusión de clamores hacia un altar distante e iluminado. Dufay es persistente en sus obras vocales, pienso, pues es lo que más le he oído en todos estos años, y siempre elegante y magnífico establece atmósferas continuas, acaso propias de un orar en penumbras o para sanar almas diligentemente postradas, me diré, a modo de intento de establecer alguna imagen paralela a su modo inconfundible de componer. Pueden haber muchas obras vocales, pero siempre distingo perfectamente cuando se lo está interpretando, con sus surgimientos suaves y sucesivos de voces y aires de instrumentos que ascienden hacia ecos predispuestos, como si el templo mismo que fuera a hacer de caja de resonancia, estuviera considerado como parte de la obra. Ascensión de la música es un concepto que me atrevo a remarcar. Emocionante en sus sutiles manojos de tallos verdes de notas de origen convergente hacia volúmenes y espesores magistralmente soltados a su danza y resonancia.

Guillaume Dufay, casi renacentista, es alguien que vale la pena conocer y escuchar.

Lamentablemente la Web no me ha dejado encontrar la pieza para que accedan gratuitamente a ella, pero pueden contactarme en mi casilla.

Apuntes Previos y Grandilocuentes, para un texto futuro acerca de “Living Waters” de Phillip Glass

Si no es perplejidad es abandono, pero el trance entre la obra y el sentimiento, es tenso como la cuerda que sostiene el cuerpo, ante un abismo de implicancias por atribuir.
Living Waters, acaso, más que la vida y la fluidez, manifiesta aquello que supera al ser atribuido, para dejar el agua y la vida, y al acto de especial vitalidad del elemento, y así transfigurarse aquello hacia la posible magnitud trascendente del tema en sí, en una posible redundancia de estratos ya no físicos, sino que más bien metafísicos. Pero todo, en definitiva, se sostiene desde el sentimiento de quien la escucha interpretarse, solemnemente aletargada en su cansino paso desde el surgimiento, a un dolor imaginado, que podría no ser sino descubrimiento, inauguración y éxtasis.

¿En qué podrían parecerse León Tolstoi y Joseph Ratzinger?

Respuesta simple y directa; en su eximia manera de expresarse por escrito.
Ahora bien, pueden salir quienes digan que peras con manzanas no pueden compararse o asociarse, pero aludiré simplemente a sendos textos que he tenido la ocasión de leer; del primero “Esclavitud Moderna”, del segundo “Religión, verdad y salvación”.
Ambos, en su estilo poseen la virtud de lograr, que los textos simplemente traspasen las barreras de quienes los leen, pero esta capacidad no es una que se aprecie simplemente en cualquier texto por ahí; hablo de una excepcionalísima capacidad, que supera y traspasa los límites del idioma inclusive.

(fragmento de “Esclavitud Moderna”, León Tolsoi
[Nueva Biblioteca Filosófica, Editorial TOR, Buenos Aires, Versión de A. Conca];

inicio del Capítulo II )
347 palabras
Exigir a unos obreros a que trabajen treinta y siete horas sin reposo y sin dormir, es natural de un hombre cruel y que ignora sus mismos intereses. No obstante, continuamente vemos que así se desperdician insensatamente vidas humanas.
Frente a la casa donde habito, funciona una fábrica de sederías, donde se ha implantado todos los perfeccionamientos de la técnica moderna. Tres mil mujeres y setecientos hombres trabajan en ella. Mientras escribo, escucho el ruido sin interrupción de las máquinas.
Una vez visité el establecimiento, de manera que me es suficiente acudir a mis recuerdos para saber lo que significa ese incesante rumor. Tres mil mujeres se inclinan sobre sus telares, abrumadas por el golpear de los émbolos y el crujir de las ruedas. Durante doce horas, arrollan, devanan y hacen deslizar las hebras de seda para fabricar las telas.
Todas, exceptuando las que acaban de arribar de sus pueblos, tienen el aspecto macilento. La mayor parte de ellas llevan una vida desordenada e inmoral y hasta las casadas abandonan a sus hijos recién nacidos. Les envían al pueblo o al hospicio, y por temor de que las reemplacen en su labor, van a trabajar al siguiente día de parir.
Estoy en lo cierto de lo que digo: hay docenas de millares de mujeres que desde hace veinte años han sacrificado su juventud, su salud y hasta su existencia y la de sus hijos, para fabricar terciopelo y seda.
Ayer hallé un mendigo, que aún cuando joven y de robusta complexión, se arrastra con la espalda encorvada, apoyándose en dos muletas. Poco tiempo antes acarreaba tierra y ladrillos en las construcciones. Un día cayó de una andamiada, y al caer se produjo graves lesiones internas. Las curanderas y los médicos que le atendieron consumieron todas sus economías, y desde hace ocho años, sin amparo, mendiga por la ciudad, rogando a Dios que le mate.
¡Cuántas existencias humanas se pierden así!. Desconocemos todas estas amarguras o aparentamos no darles gran valor, porque para nosotros no son sino las inevitables consecuencias de un orden de cosas que debemos mantener
(…)”

fragmento de “Religión, verdad y salvación”, Joseph Ratzinger
487 palabras
(...) Permítanme detenerme un momento aún en este punto, porque toca una cuestión fundamental de la existencia humana, que con razón representa también una cuestión capital en el actual debate teológico. Pues se trata del mismo impulso del que ha partido la filosofía, y al que tiene que volver siempre; en él se tocan necesariamente filosofía y teología, si éstas se mantienen fieles a su cometido. Es la cuestión de cómo se salva el hombre, cómo se justifica. En el pasado se ha pensado preferentemente en la muerte y en lo que viene después de la muerte; hoy, cuando se ve el más allá como inseguro y por ello se lo continúa excluyendo de las cuestiones actuales, hay que continuar buscando lo recto y justo en el tiempo, y no puede preterirse el problema de cómo hay que habérselas con la muerte. Curiosamente, en el debate acerca de la relación del cristianismo y las religiones universales el punto de discusión que propiamente se ha mantenido es cómo se relacionan las religiones y la salvación eterna. La cuestión de cómo puede ser salvado el hombre, se ha planteado aún en sentido más bien clásico. Y ahora se ha impuesto de modo bastante general esta tesis: las religiones son todas ellas caminos de salvación. Quizás no el camino ordinario, pero al menos sí caminos ”extraordinarios” de salvación: por todas las religiones se llega a la salvación; esto se ha convertido en la visión corriente.Esta respuesta corresponde no sólo a la idea de tolerancia y respeto del otro que hoy se nos impone. Corresponde también a la imagen moderna de Dios: Dios no puede rechazar a hombres sólo porque no conocen el cristianismo y, en consecuencia, han crecido en otra religión. El aceptará su vida religiosa lo mismo que la nuestra. Aunque esta tesis (reforzada entre tanto con muchos otros argumentos) es clara a primera vista, sin embargo suscita interrogantes. Pues las religiones particulares no exigen sólo cosas distintas, sino también opuestas. Ante el creciente número de hombres no ligados por lo religioso, esta teoría universal de la salvación se ha extendido también a formas de existencia no religiosas pero vividas coherentemente. Entonces comienza a ser válido que lo contradictorio es considerado como conducente a la misma meta; en pocas palabras: estamos nuevamente ante la cuestión del relativismo. Se presupone subrepticiamente que en el fondo todos los contenidos son igualmente válidos. Qué es lo que propiamente vale, no lo sabemos. Cada uno tiene que recorrer su camino, ser feliz a su manera, como decía Federico II de Prusia. Así, a caballo de las teorías de la salvación, otra vez se cuela inevitablemente el relativismo por la puerta trasera: la cuestión de la verdad se separa de la cuestión de las religiones y de la salvación. La verdad es sustituida por la buena intención; la religión se mantiene en lo subjetivo, porque no se puede conocer lo objetivamente bueno y verdadero.”(…)

Yendo al meollo del asunto, no puedo sino observar la excepcional manera de ir al tema correspondiente, con una dirección recta y preclara que no suelo encontrar. Puede parecer casi obvio esto que digo, pero no es común leer y entrever que sólo se disparan en nuestro interior, los ecos directos e idénticos de las palabras que leemos, sin dejar de lado cualquier actitud pertinente que, por cierto, establece las cortapisas o las aperturas necesarias.
Tolstoi y Ratzinger son poderosísimos escritores que logran la compenetración de su realismo y de su trascendencia respectivamente, de una manera sutil y estridente a la vez; sutil es su palabra sin grandilocuencias; estridente es el resonar de sus textos en nuestro interior, tan receptivos a la calidad elocuente como a la necesaria humildad.

Ratzinger nos habla de sus creencias, como si aludiera a la simple descripción de un acto cotidiano y obvio; para él la fe y sus consecuencias más intrincadas son prístinos caminos recomendables y transferibles. Tolstoi es un escritor capaz de nombrar todas sus corroboraciones, no importando el estrato o nivel de las mismas (igual que el segundo); y podría decirse que esa es, o sería la clave de sus capacidades; el haber aprendido a olvidar el límite o la frontera entre lo trascendente y lo trivial, para aludir a todo con la misma precisión y objetividad.

Ante tal certero don, cómo no rendirse y cómo no descubrirse.

A Dios gracias no los he leído a ambos algo más que en estos textos que cito (de lo contrario podría estar influenciado al escribir, por algo más que las primeras impresiones, que suelen ser las menos poderosas y las menos variables); a Tolstoi lo encontré en una feria de libros viejos, en un libro que literalmente se caía a pedazos, y no yerro al afirmar que Esclavitud Moderna es lo único que de él he leído, pero me ha bastado con esto para dejarme claramente establecido que, sin perjuicio de ser capaz, según me han contado, de establecer personalidades y sicologías de una manera contundente y definitiva, es su madura modestia textual la que le confiere esa capacidad de penetración en el mundo. A Ratzinger, al revés, lo conocí en la Internet, cuando fuera elegido Papa bajo el nombre de Benedicto XVI, y he leído, cuando mucho, unos cuantos párrafos de su autoría.

Irreverencia ante cualquier límite contextual es lo que les confiere poder, en contraposición a ser, obviamente, escritores embebidos de la ética más evidente; el primero como revelador de un mundo injusto que, acaso injustamente, debiera reventar ante las propias narices de quienes los sostienen; el segundo como intérprete de la continua correspondencia entre el mundo de los hombres y las rectoras maneras que metafísicamente se traspasan en las sombras de una caverna, que revela solo para algunos iniciados su luces evidente y constatables.

Ambos, como no, son recomendables escuelas de lectura; para aprender que es posible decir directamente lo que se ve, lo que se siente, lo que se cree y por cierto también lo que se edifica por obra y gracia de lo propiamente escrito.

Podrán decirme que “¿cómo es la cosa Sr. Meza?; ¿cómo viene a hablar de claridad, cuando sus textos finalmente son como estampidas extrañas e inteligibles, adonde solo se entiende la expresa confusión, trasuntada en andanadas de léxicos aparentemente inconexos?” (traducción; “eres un tipo enredado e incomprensible, y en persona insoportable”). Respuesta: Hablo desde mis asuntos intentando imitar lo que en este escrito resalto, y al que no le convenga, amplia y extensa es la Web. ¿Pero cuales son mis asuntos?; pues los que aún no existen; los que serán en cuanto dichos, y resonarán en predispuestas matrices, como infinito fue el Barroco, sin perjuicio de otras multitudes, acontecidas adonde solo se las vio como exógeno exabrupto dispar e incomprensible.

¡Y que diantres!, no pierdan más tiempo; alléguense a estos dos autores para saber de las barreras indispuestas y de las fronteras difusas, por mucho que parezcan concentrados ellos a sus propios convencimientos pertinaces. Desnuden sus prejuicios y reconozcan la calidad, que en Tolstoi y en Ratzinger son elocuentes.

sábado, 9 de febrero de 2008

El Sentimiento de Desasosiego que nos Acompaña

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 5 de Octubre de 2005]

De alguna manera, vivimos en una suerte de límite final de las cosas apostadas hace siglos por el hombre moderno. [prosa poética]


De una manera instintiva, en un abrir y cerrar de ojos, decidimos dar la vuelta a la Fe que nos vestía de confianza plena, sin más base que nuestra alma solitaria ante los bosques oscuros de la edad media europea, y nos asomamos por entre los árboles que nos ocultaban, para preguntarnos de un modo inaugural alguna cosa esencialmente desvinculada de nuestra vida especialmente estructurada de respuestas automáticas y no necesariamente ciertas, pero llena del germen de esa curiosidad artificial que comenzó como una suerte de plaga de hiedra a inundar toda nuestra existencia por el pasar de los siglos. Recordamos que existían en unos contados lugares una serie de libros virtuales o explícitos, que decidimos conocer, para descubrir que el sentido no apuntaba a terminar de comprender, pues era un mar de incertidumbres el que nos seducía, a modo de canto de sirenas. Y comenzamos a caminar por entre las parciales respuestas desarrolladas de un modo instintivamente lógico, a contrapelo de los errores que nos obligaron a ajusticiar a más de algún adelantado. Sonreímos ante las expresiones de descubrimiento ajenas, pues no es otra cosa que la burla, nuestra arma más poderosa, la que trasmite la desconfianza necesaria con la cual imprimirle a los hombres el paso cancino de los viejos potros del entendimiento, a la par con el lapso de las décadas, sin más consuelo que una que otra herramienta o vestigio de visión, capaz de hacernos sentir que avanzábamos por entre la maleza extraña con una que otra piedra sobre la cual apoyarnos.
Dios se fue transformando para nosotros en una suerte de maleable espejo de sí mismo a cuyo abrigo era posible guardar el poder de quienes necesitaban establecer mandatos oportunamente duraderos, con el fin de lograr asentar las bases de cimientes de medianas capacidades de progreso, pero de una inefable capacidad de consolidar la continua línea fija e inquebrantable del poder sin más razón que el origen cortesano.
De una manera imperceptible se ha infiltrado el conocimiento por entre los hombres, por un puñado de tipos sombríos y poco dotados físicamente, quienes han sentido la borrachera de una permanente tempestad de búsquedas constantes por entre los signos de debilidad que amenazan con quitar la vida a quienes desoigan la Palabra de la astucia y la malicia eficiente.
Todo ese tiempo fuimos víctimas de nosotros mismos, con muecas de olvido y templanza fingida. Hemos sido capaces de forjar una suerte de continuidad de las cosas que nos atontan en nuestros caminos de búsqueda de la exaltación, para sobreponer capas de logros leves, y bordes de efímeros aciertos notables.
Bañados de la injusticia de todos, del olvido y de las prioridades basadas en los principios impuestos, sobrevivimos permanentemente mediocres, pero vestidos de trajes ajenos de gloria imaginaria, efímera y fugaz. Somos todos parecidos pero nos reímos de las bandadas que se mecen con las ondas de la tendencia general, acorde a los vientos que se abren a lo largo de un planeta que decimos poseer, de tal manera que los árboles, y cuanta vida hay en sus predios perfectamente cercados, están bajo nuestra mano impostora y prepotente. Luego vamos buscando la paz y las virtudes de los libros, pero rebotamos en esas sentencias. Somos seres humanos, olvidadizos y sonrientes. Somos perfectos, a imagen y semejanza de nuestras divinidades, infinitas, pero de horizonte alcanzable. De alguna manera seguimos siendo los mismos tipos que arrastraban carne y leña a las cavidades de los montes y laderas, pero con una elegancia digna de un arco iris. Nos reflejamos en nuestra capacidad de contemplación y, soberbios, respiramos hondo, para dormir relativamente calmos, ante un futuro homogéneo y predecible.
Y cada veinticinco a cincuenta años nos dejamos sorprender por la presión de las tendencias libertarias, más preocupadas de lograr majestad explosiva, que ordenamiento revolucionario. Todo es explosión durante lapsos cortos, y bajo esas humaredas descansa la misma vocación de letanía, bajo el árbol sereno del logro propietario. Siempre es lo mismo. Y como no ha transcurrido poco tiempo en estos siglos de luces intermitentes, al auge del conteo de fenómenos reales se han sumado una suerte de alegría virtual a modo de rescoldo ardiente de brasas moribundas. La raza humana decae en un ciclo sin fin de parasitismo interplanetario velado. Y por lo anterior, más pronto que tarde seremos una luz tenue atravesando la negrura profunda del ajeno mar del silencio y el vacío, donde las moléculas se esparcen tenues y débiles, a lo largo de los decenios de calma inerte. Extraño lugar el cielo de todos, diremos. Nosotros que avanzamos por entre la nada, disfrazados de emisarios tristes y altisonantes, apoltronados en tronos calzados tras nuestras espaldas. Escribiremos la historia del silencio eterno, sentiremos la eternidad del paso del tiempo en sentido general. La esfera de la eternidad nos suspenderá los cuerpos de seres abandonados en supuestos agujeros de agonía. Seremos una especie agonizante, suspendida de ciertas vidas entregadas al hastío del viaje sin fin. Alcanzaremos la velocidad de la luz hechos materia vibrante, y la música de nuestros genios serán binarios asomos de verdad ritmada.
Pobres de nosotros, asoladas chispas de temporalidad sin norte conocido en un universo forjado a lomos de potro cósmico galopante, danzando la borrachera sin final de una esperanza perdida. Entonces qué somos nosotros, los engendros de polvo estelar aglutinados en torno a carbón ardiente, sin sentido ni percepción real de la justicia de ser en islas de ruido altisonante. ¡Cómo las olas del mar nos acallan nuestros mayores sueños de grandeza!, siendo el límite de mundos inversos donde se está siempre al acecho de lo otro; de lo que no se tiene. Nunca hemos poseído el universo; siempre lo miramos desde afuera; desde nuestra casa perdida en la soledad del arenal.
Y algún día, quizás, y antes de la partida, un pequeño e insignificante personaje establecerá las leyes de la torsión de los espacios múltiples y diversos. Y avanzaremos como enanos engreídos a la búsqueda de otros racimos de eternidades. Pero siempre iguales; inconformistas y sedientos de compañía. Perdidos entre nuestros pensamientos solitarios. Raza de agujeros negros atragantados, por el émbolo de nuestra codicia triste y sedienta de ilusiones.

viernes, 8 de febrero de 2008

Valparaíso y la observación arquitectónica

[De mi antigua bitácora. Fecha original de Publicación 4 de Septiembre de 2006]

Ver también este post

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1
[Estudiar arquitectura en Valparaíso es como estudiar arqueología en Atenas]


Nos formaron en mi facultad en torno a la capacidad de observar el espacio real. Pero este “observar” no alude a ese “mirar con atención” para simplemente agregar algunas palabras “inteligentes”. Este “observar” implica decir algo en torno a unos apuntes de dibujo que reflejan lo que se vio; y eso que se vio es abstracto en cuanto recoge, del infinito contenido de lo que se percibe, solo aquello importante para la Síntesis de comprensión tridimensional.

Entonces observar arquitectónicamente implica hablar algo, en base a aquello que en dibujos se apuntó, pero con la agudeza tal que sea capaz de revelar originalmente aquello que no solamente termina por ser objetivo, sino que además es intrínsecamente creador, en cuanto propone y establece reglas para comprender y representar lo que se percibe, y que a la vez permite “conformar” en el espacio elementos que recojan estos principios observados.

Entonces nos mandaban a dibujar a la ciudad, pero no para “ir soltando la mano para ponernos más buenos para el dibujo”, sino que para ir consolidando una unión del cerebro con el ojo y con la mano, por decirlo de alguna manera. Piensen en Leonardo así como un colmo excepcional de lo que digo; él pensaba dibujando desde lo que veía.

Para aproximarse hacia donde apunto, vean el croquis siguiente:


Cuando lo dibujé (el original de esta versión copiada debe medir unos cincuenta por cincuenta centímetros y tardé en hacerlo, creo que más de una hora sentado en la cuneta exterior) quise recoger la amplitud que se hace contemplable;…

…de alguna manera este espacio ubicado en la quebrada de los cerros Las Cañas y El Litre de Valparaíso, realizado por ahí por 1988, se abre “para ser visto” (aludo a una cierta intencionalidad del Paisaje queriendo expresar en realidad que se hace evidente una cualidad del lugar), y es de esta manera que cuando se pasa frente a él, lo más natural es pasar mirando la profundidad hacia el cerro, porque ella es amplia, distante, diversa y compleja a la vez. Lo contrario ocurría cuando se bajaba por la misma quebrada, ya que en ese tránsito lo más normal era ir mirando el mar y la bahía.

Entonces desde esta doble manera de estar en un mismo espacio, pude aludir preliminarmente al “acto” que sintetizaba lo que veía y recogía; llamé a esto en principio una “frontalidad contrapuesta” de quienes pasaban con respecto a quienes bajaban.

¿Se dan cuenta que esta “frontalidad contrapuesta” habla inmediatamente de una cierta regla espontánea, objetiva y reveladora, para quienes están en ese sitio, que en definitiva permite ir a formas arquitectónicas que recojan esta “frontalidad contrapuesta”, para lograrla, para evitarla, para sugerirla, para consolidarla, para eliminarla, etc., según sea la valoración que de esto observado se haga?. Todo en base, por supuesto, al encargo que se tenga; ¿una casa?, ¿una sede social?, ¿un atrio?, ¿un estadio?; ¿y adonde?; ¿en un espacio inverso al que se ve en el croquis de más arriba en cuanto plano y no enfrentado?, ¿en una situación similar pero en otro lugar?; ¿en el mismo lugar?

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2
[Ciudad de ejemplos y contraejemplos]


En una ladera de Playa Ancha, Valparaíso, descubrí esta casa (1989). Ella tenía algo valorable y rescatable arquitectónicamente; se planteaba en una suerte de “espacialidad doble” y complementaria en esto de “ajardinar la pendiente que está debajo de la casa y en su borde desarrollar la escalera, así como para subir con el jardín a la izquierda como espacio para ver e incorporar al recorrido. Llegando arriba estaba la casa, común y silvestre por decirlo de alguna manera, pero dispuesta con su balcón (que a la vez era el techo del jardín de la subida) para “estarse ante la bahía”, como no, que es lo que busca la mayoría de los porteños).




A contraejemplo vean esta otra construcción



Ella “se planta” “con todo desparpajo” en la ladera y la desconoce y aparta de su fin que es dar lugar a la vida de las personas. Cuando se pensó esta casa, es probable que “no se haya visto” esta ladera como algo más que un obstáculo, entonces se ponen los tres pilares, se hace la losa, y se está ante el puerto con “sensibilidad cero” ante la doble espacialidad que la casa del primer ejemplo manifiesta y alcanza.

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3
[Una condición de habitar los cerros llevada a su máxima plenitud]


En el ejemplo del post 1 (que corresponde al croquis que repito antes de estas palabras, pero en tamaño más reducido), se ve un hecho que es común en Valparaíso y que es el siguiente: los fondos de quebradas, por la necesidad de terraplenarlas para el paso del camino de cintura que recorre gran parte de la ciudad a medio cerro, deja explanadas hacia el fondo, que son ocupadas de diversas maneras. Un modo común es la habilitación de solares artificiales; unos se quedan como Bienes Nacionales de Uso Público (plazas, caminos o calles) y otras se constituyen como propiedad privada. El caso arriba expuesto es un ejemplo de lo primero, donde, en esos años, se usaba el gran terraplén resultante como cancha de fútbol espontánea y como pasada de quienes bajaban desde las laderas de ambos cerros hacia el “plan de Valparaíso”.Una vez, en esa misma década, me tocó ver al Circo Timoteo de esos años instalado en el lugar (que no era más que unos carros de lata y jirones de carpas al viento).
Auditorio "Alfredo Guillermo Bravo"
de la I. Municipalidad de Valparaíso
¿Pero adonde voy con todo esto?; pasa que las personas que viven en las laderas convergentes quedan en una situación muy privilegiada cuando estos modos de ocuparlas se van consolidando, ya que sus casas son la galería preferencial de un anfiteatro natural transformado por el hombre. Y las casa de las laderas, que no las que quedan en franca contemplación de la bahía, tienen un espectáculo múltiple, pues ven el mar, ven las casas de los cerros del frente y ven el fondo de la quebrada con todo lo que en ellas ocurre.

Un colmo de esto último es lo que les mostraré a continuación:



Debo reconocer que es un croquis de memoria, y por ello no es exacto, pero grafica lo que percibí en su oportunidad en un club deportivo* ubicado al lado poniente del cerro donde se encuentra el Hospital Alemán de Valparaíso. Este club hizo su cancha al fondo del encuentro de dos laderas, cerró el lugar e hizo de la explanada resultante del terraplenar la quebrada, el espacio de la cancha de su club, y arriba quedaron las casas, como espectadoras de todo cuanto sucede en ese lugar. Ya me imagino los Domingos, cuando se dan los partidos de fútbol importantes, y los vecinos se pueden estar ante la cancha, gratuitamente en el más pleno de los sentidos de esta palabra, asistiendo a las finales de barrio con todo su gentío. Y por fuera la calle, con las colas de vecinos menos afortunados haciendo cola para pagar su entrada al evento.

En el esquema siguiente se grafica todo lo aludido:



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4
[Otra manera de ocupar la pendiente en base a descender construyendo.


Un día volveré a la quebrada de Las Cañas con el Litre a ver como va la aventura de esta quebrada, casi veinte años después de observar estas cosas]






La ladera que se muestra en el croquis, es el lado poniente del cerro Las Cañas de Valparaíso, hacia su quebrada con el cerro El Litre (todavía recuerdo que desde ese mismo cerro me gritaba un “Longhi”, que dejara la chaqueta o “te vai a ite con la guata colorá”, mientras aspiraba una bolsa con adhesivo disuelto en benceno). En fin. Apurado dibujé, ya eran dos o tres días que iba al lugar y no siendo de los más seguros, preferí “virar” antes que la suerte me dejara de acompañar. Pero bueno, en el lado derecho del dibujo se ve una primera aproximación a lo que desarrollaré preliminarmente en este post; se trata de la construcción en quebradas que se amplían hasta llegar a la otra calle inclusive, la de abajo, quedando los terrenos en una situación privilegiada, ya que pueden hacer vida por una calle y por otra, pudiendo segregar el uso de las construcciones desde ambos accesos, el superior y el inferior. Y como las construcciones se van escalonando, todas las dependencias van quedando con vista y amplitud, y arriendan por abajo y viven por arriba, o por abajo tienen el negocio y la vivienda al medio y arriendan un local en la parte de arriba, y así decenas de casos diferentes, pues hay inclusive situaciones donde, por el medio de estas construcciones escalonadas, atraviesa un pasaje peatonal y también se dan salida por ahí, y entonces la casa es alimentada por otra puerta y la convivencia es muy rica entre los vecinos y los clientes y los que pasan. Pienso en otras ciudades, “amanzanadas” con el patio atrás, el antejardín adelante y la casa al medio, un vecino a un lado y otro vecino al otro lado, y así ad-infinitum, todos viviendo en el espacio de igual manera, homologados, y atrapados en una objetividad que no tiene relación con quienes habitan. Valparaíso es al revés; todo es multiplicidad, subjetividad, inventiva, recoveco, aprovechamiento del cerro inclusive excavándolo, para dejar Estar y Comedor en una suerte de “acavernamiento” que transforma estos lugares para ir desde “dentro del cerro” y luego asomarse al balcón y quedarse fuera de la casa metido en la quebrada, ante una bahía de kilómetros amplitud.

Los ejemplos se pueden multiplicar por cientos. Hay barrios en los que cada casa es un caso diferente.



Este caso en particular está cerca de la cancha de “fondo de quebrada” de la que hablé en un post anterior. Es un caso típico del estado inicial de la explosión de multiplicidad que sucede en los predios de los cerros de Valparaíso, donde, una vez llegadas las casas desde una calle de arriba a la otra de abajo, se desencadena el uso de suelo diverso y coordinado.

Creo que también , la próxima vez que vaya al lugar, me fijaré en qué va la aventura de sus dueños en la toma de la pendiente, a más de quince años transcurridos.
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P.S.:

* El "club" aludido no era tal. El lugar se llama "Auditorio Alfredo Guillermo Bravo", y es de la I. Municipalidad de Valparaíso. El día de hoy, Domingo 17 de Julio de 2011, pasé por ahí, y buen cuidado tuve de memorizar este nombre.
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